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se acaban de publicar sus memorias

El mundo de la reina Sofía, según Manuel Prado y Colón de Carvajal

La fotografía más íntima de la emérita la tiene el fallecido diplomático en sus memorias. La de una mujer fiel, discreta, espiritual pero también trasnochadora

Foto: La reina Sofía en una foto de archivo de Reuters.
La reina Sofía en una foto de archivo de Reuters.

"La sociedad se estaba haciendo más laica y la Iglesia perdió el monopolio de dar las respuestas a las grandes preguntas universales". Esta es la explicación que daba Jostein Gaarder, el autor de 'El mundo de Sofía', cuando se le homenajeó por los 25 años de su libro en la Feria de Fráncfort. Tal vez por esas ganas de dar respuesta en su memorias póstumas, inéditas, que está desgranando Vanitatis, Manuel Prado y Colón de Carvajal eligió como colofón a sus jugosos escritos, publicados por la editorial Almuzara, del exministro Manuel Pimentel, hablar de la Reina emérita con un capítulo titulado: 'La reina o El mundo de Sofía'. Hay que puntualizar aquí que el que fue mano derecha de don Juan Carlos falleció en 2009 y hasta 2014 Felipe VI no fue proclamado Rey y Letizia se convirtió en Reina.

Manolo Prado se jacta en sus memorias, tituladas 'La lealtad real', de dos cosas. La primera de ser un diplomático 'outsider' y la segunda, de ser monárquico y republicano de corazón. "No hay nada más monárquico que acabar mis memorias con lo que me da la real gana". Y hablar de doña Sofía lo es para él. La mujer que conoció poco antes de la boda de don Juan Carlos en un "divertido" crucero en un barco de recreo en el que también iba Lucía Bosé o el que sería primer ministro de Perú, Manuel Ulloa. Su primera impresión no fue del todo positiva y Pardo mide sus palabras: "Irradiaba una educación impecable, pero tirante como si no pudiera desprenderse de la esclavitud de las formas protocolarias".

Manolo Pardo y la reina Sofía en una fotografía del libro 'Una lealtad real', de la editorial Almuzara
Manolo Pardo y la reina Sofía en una fotografía del libro 'Una lealtad real', de la editorial Almuzara

Sin embargo, Prado se deshace en halagos con la monarca "contrariamente a las frías apariencias" iniciales y encuentra en ella apoyo cuando se divorcia de su esposa Paloma Eulate, madre de sus tres hijos mayores, para emprender una vida con la también aristócrata Celia García-Corona, madre de Borja y Blanca. En ese momento en el que el diplomático y empresario está desolado y marcha a Barcelona para evitar "habladurías en los cenáculos de la vida social" le comenta su divorcio al Rey y teme la no aprobación de la Reina, que era amiga de su primera mujer. Y eso que don Juan Carlos le advirtió, como él mismo recoge: "¿Se lo vas a contar a la Reina? ¿Estás loco? Ya sabes como es ella de íntegra para estas cosas".

Cinco hijos, dos mujeres y una pasión sevillana: pinceladas de Manuel Prado

Manuel Prado con su esposa, Celia García-Corona. (Foto cedida por la editorial Almuzara)
Manuel Prado con su esposa, Celia García-Corona. (Foto cedida por la editorial Almuzara)

La Reina doméstica y la fiestera

Manuel Prado y Colón de Carvajal cree que el éxito de la reina Sofía le viene de haber sabido manejar la cercanía, en un país que al principio la veía como extranjera. "Ella prudente, como actriz secundaria en su papel de reina silente; él más campechanote y extravertido". La fómula de la Coca-Cola, dice. Sin embargo, ha sabido administrar la cercanía y cuenta cómo muchos la recuerdan en los primeros años que llevaba a sus hijos al colegio conduciendo su propio coche.

Contrariamente a la imagen que proyecta doña Sofía, Prado ofrece una imagen alocada de la soberana. Y cuenta que en una viaje a Arabia Saudí la Reina empatizaba con la rama más joven de la Corona y mientras él y don Juan Carlos se acostaban pronto cansados de tacto acto protocalario, a doña Sofía la esperaban a altas horas de la madrugada. "Como padres que aguardan desvelados la vuelta en la noche de su hija adolescente", asegura en su libro.

También hace hincapié en la intención de doña Sofía de acercarse a la cultura, al mundo intelectual, que siempre ha sido un objetivo institucional prioritario. Y dedica párrafos a contar la relación de la griega con la caza, de la que él era un gran valedor. "Nos llamaba de todo menos guapos por matar animales. Ni que decir tenía que detestaba las corridas de toros. "Nunca comprendió la fiesta en todo su sustrato cultural". Por suerte, para ambos, la conexión les venía por su amor por los caballos y relata con detalle cómo eran los paseos que daban por los alrededores de Zarzuela con "Alvarito Domecq" y su cabezonería para montar caballos de alta escuela.

La reina Sofía, amante de los animales, en el zoo. (Cordon Press)
La reina Sofía, amante de los animales, en el zoo. (Cordon Press)

Las leyendas negras

Manuel Prado asegura que muchas de las leyendas negras sobre la monarca de origen griego no son ciertas. "Nunca públicamente se ha expresado sobre cuestiones políticas del ruedo ibérico. Ni siquiera durante el 23-F, cuando es cierto que motivos tuvo, porque la imagen del golpe que derrocó a su hermano Constantino seguro que la tenía en la cabeza".

Otra leyenda negra atribuida a la persona de la Reina es la referida a sus intromisiones en las relaciones de pareja respecto a sus hijos. "Como toda madre, siempre ha querido lo mejor para ellos, pero conociéndola, como la he conocido, he de decir que siempre ha tenido claro que la felicidad o infelicidad de sus hijos era cosa de ellos. Su predilección tal vez por el príncipe Felipe sea comprensible. (...) Aunque suene rudo, es pura ley animal de la que no está exenta ni la sangre azul".

La reina Sofía y la reina Letizia en un mercado en Mallorca este verano con Leonor y Sofía. (Cordon)
La reina Sofía y la reina Letizia en un mercado en Mallorca este verano con Leonor y Sofía. (Cordon)

El diplomático incide en la espiritualidad de la Reina y de sus viajes a la India más allá de Teresa de Calcuta. En esta línea, el mundo de la moda no es una de sus prioridades y él lo ve como una virtud. "Pocas reinas en el mundo pueden presumir de repetir vestuario. Este es un rasgo que la honra, ya que evidencia su sencillez y espontaneidad natural en todo lo referente a la galanura y demás trasuntos de los fondos de armario. No le van los excesos". Ni los culinarios. Tomen nota. Eso sí, Manolo Prado, con la guasa que le caracterizaba, se disculpa por haber dejado el capítulo de la Reina para el final. Y sigue con esa teoría suya de hacer, a esas alturas de su vida, lo que le da la real gana.

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