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Eugenia de York, una novia reivindicativa con la lección aprendida

Ni tiaras, ni vestido, ni velo. La Casa de Windsor se ha ido, de nuevo, de boda y lo más comentado ha sido la cicatriz de

Foto: Los novios en la escalinata de Windsor. (Reuters)
Los novios en la escalinata de Windsor. (Reuters)

Ni tiaras, ni vestido, ni velo. La Casa de Windsor se ha ido, de nuevo, de boda y lo más comentado ha sido la cicatriz de la novia. La princesa Eugenia, 28 años, contrajo matrimonio este viernes con el empresario Jack Brooksbank, 32 años, y en su gran día se marcó un buen tanto luciendo un escote en la espalada, discreto, pero lo suficientemente evidente para otorgar todo el protagonismo a la marca que le quedó tras someterse, con 12 años, a una operación para corregir su escoliosis.

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Desde Palacio matizan que quería inspirar a otras personas que sufren de desviación de la columna y honrar a los que le habían ayudado. No en vano, el doctor que la trató fue uno de los 850 invitados, entre los que estaban Naomi Campbell, Demi Moore o Robbie Williams. Y es que ahora parece que son los famosos quien dan empaque a los acontecimientos royals.

La cicatriz de Eugenia. (Reuters)
La cicatriz de Eugenia. (Reuters)

La nieta de Isabel II ni siquiera llevó velo. Parece que después del comentado tocado que lució en el encale de Guillermo y Kate ha aprendido la lección de que menos es más. Por lo que su reivindicación quedó muy clara cuando subió la escalinata de la capilla de St. George, en el Castillo de Windsor.

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Se puede decir que ganó la batalla porque, de esta manera, la pequeña de los duques de York ha puesto su sello personal a un día donde, estaba claro, que hasta el más nimio detalle iba a ser comparado con el enlace de Harry y Meghan, boda que, por cierto, obligó a retrasar la suya.

Eugenia y su ya marido llevaban más siete años de relación. Tenían ganas de pasar por el altar, pero el noviazgo express de Harry con la actriz norteamericana se fue de las manos y Buckingham tuvo que anunciar primero su compromiso. Por lo tanto, tras toda una vida a la sombra de sus primos, en su propia boda, la princesa también ha quedado relegada a un segundo plano.

La confirmación de las redes sociales no dejó lugar a dudas: el hashtag oficial era #RoyalWedding2. Y el hecho de que hasta la mismísima Camilla, esposa del príncipe Carlos, no asistiera “debido a compromisos de agenda adquiridos con mucho tiempo de antelación en Escocia” dice mucho del puesto que ocupan los York dentro de la familia real británica.

El matrimonio abandonando la capilla. (Reuters)
El matrimonio abandonando la capilla. (Reuters)

"Nosotros también nos queremos"

Para no robar protagonismo a los novios, los duques de Sussex no realizaron el tradicional “paseíllo” donde lucen modelito los invitados. En su lugar, pasaron al templo de manera muy rápida por una puerta lateral. Lo mismo hicieron los duques de Cambridge que, por cierto, dejaron una de las imágenes más comentadas cogiéndose de la mano durante un largo rato mientras esperaban a que comenzara la ceremonia. ¡Guillermo y Kate dándose muestras de afecto en público! Acabáramos.

El heredero del heredero al trono y su esposa siempre han sido de lo más comedidos. La prensa siempre compara su sobriedad con la de Harry y Meghan así que no estaba de más lanzar el mensajito de “nosotros también nos queremos mucho y somos muy amorosos”.

Los duques antes de que empezara la ceremonia. (Reuters)
Los duques antes de que empezara la ceremonia. (Reuters)

Fergie en estado puro

Otra de las llegadas más esperadas era la de la madre de la novia, Sarah Ferguson. No defraudó. Nada más bajar del coche oficial se puso a hablar con la gente congregada detrás de la valla de seguridad, saludó con todo tipo de aspaviento y cuando subió la escalinata a la capilla levantó el brazo y de manera triunfal dijo: “Vuelvo”. ¡Fergie en estado puro!

Tras años relegada por sus continuas meteduras de pata, la boda de su hija representaba su regreso a la familia real. Y eso suponía que hasta el último momento, la presencia del duque de Edimburgo quedaba en el aire. La relación entre exnuera y ex uegro llegó hasta tal punto que, durante más de dos décadas, no podían compartir ni siquiera la misma sala. Pero las cosas parecen ahora haberse calmado y el marido de la soberana acudió finalmente al encale luciendo espléndido a sus 97 años para acompañar a Isabel II que, a sus 92 primaveras, tampoco necesitó de ayuda de nadie ni para bajar del coche.

Por su parte, la princesa Beatriz, 30 años, quedó muy lejos de conseguir el “efecto Pippa”. Vamos que ni siquiera lo intentó. Era dama de honor. Pero ni esperó a la entrada para colocar el velo -entre otras cosas porque no había velo-, ni estuvo al cargo de los pequeños pajes, ni lució un modelito que marcara las curvas que tanto dieron que hablar en su día sobre la pequeña de los Middleton (invitada por cierto también al encale).

[LEER MÁS: Beatriz de York no consigue el 'efecto Pippa Middleton']

Beatriz estuvo en un discreto segundo plano. Pero ni aún así pudo evitar los comentarios de los analistas de televisión, quienes no dejaron pasar la oportunidad para recalcar que, a pesar de ser más mayor que su hermana, ésta se le había adelantado a pasar por el altar porque la relación de diez años que mantuvo con Dave Clark finalmente no llegó a buen puerto. Menos mal que en el especial que se emitió en ITV (la pública BBC se negó a seguir en directo el enlace) obviaron al menos el detalle de que, tan sólo nueve meses después de la ruptura, él ya estaba comprometido con la ejecutiva de publicidad Lynn Anderson, convertida ya en su esposa.

Sin coro góspel

Respecto a la ceremonia, poco que aportar. Andrea Bocelli emocionó con su 'Ave María'. Pero ni hubo coro góspel ni tampoco sacerdote que robara el protagonismo a los novios con su sermón fuera de protocolo como pasara con la boda de Harry y Meghan. Lo que sí se repitió fue el paseo en carroza con los recién casados por un recorrido muchísimo menos abarrotado de gente. Pero no eso no borró la sonrisa a la pareja que desde que se conoció esquiando en Suiza en 2010 no se ha separado. Dicen que lo suyo fue amor a primera vista.

[De Kate Moss a Naomi Campbell: las mejor y peor vestidas de la boda de Eugenia de York]

Tras la ceremonia religiosa hubo una recepción organizada por la reina Isabel II en el Castillo de Windsor y posteriormente una fiesta en la mansión de los duques de York. Y es que aunque los padres de la novia están divorciados tienen una relación tan cordial que incluso comparten domicilio. El sábado también se organizará otra fiesta para los amigos más cercanos.

Las familias de los novios se han hecho cargo de los costes de los eventos privados. No obstante, los activistas republicanos han denunciado que los contribuyentes hayan tenido que pagar una factura de 2 millones de libras por la seguridad, cuando la novena en la línea de sucesión ni siquiera tiene agenda pública representando a la familia real.

Los novios tras la recepción en Windsor. (Reuters)
Los novios tras la recepción en Windsor. (Reuters)

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