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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Un secreto de Estado: ¿dónde se esconden las 'joyas de pasar'?

El lote que dejó la reina Victoria Eugenia a los Borbones es propiedad privada de la familia. No se expone y nadie sabe a ciencia cierta dónde está la caja fuerte en la que se custodia

Foto: Doña Letizia, en Londres. (Limited Pictures)
Doña Letizia, en Londres. (Limited Pictures)

En la antigua Cámara de la Reina Cristina, en el Palacio Real de Madrid, se muestran la corona y el cetro que se utilizaron en la proclamación del rey Felipe VI. La corona procede del reinado de Carlos III y fue realizada en plata cincelada, repujada y sobredorada. El cetro data del reinado de Carlos II y está compuesto por cristal de roca, filigrana de plata sobredorada, esmaltes y granates engastados. También se expone el collar de la Orden del Toisón de Oro, la más alta condecoración que concede la monarquía española, de plata y oro. Es lo más cerca que hemos estado de averiguar dónde se 'esconden' las joyas de la familia real española.

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El llamado lote 'de pasar' que la reina Victoria Eugenia legó a los Borbones ha vivido estos días un cierto reverdecimiento de la mano de la reina Letizia. Para un almuerzo con el presidente alemán, la esposa de Felipe VI rescató del joyero su pieza más valiosa, el collar de perlas rusas que perteneció a la reina María de las Mercedes. Poco antes, en el concierto previo a los Premios Princesa de Asturias, también había lucido los pendientes de chatones y las pulseras gemelas de Cartier. Pero ¿cómo es ese joyero exactamente?, ¿qué mantenimiento necesitan estas valiosísimas piezas? Y, sobre todo, ¿dónde están?

La reina Letizia, Elke Budenberder, Walter Steinmeier y el rey Felipe, en el Palacio Real. (EFE)
La reina Letizia, Elke Budenberder, Walter Steinmeier y el rey Felipe, en el Palacio Real. (EFE)

"Esas joyas no son de Patrimonio Nacional", explica una portavoz de la institución. Se entiende, pues, que forman parte de los bienes privados de los Borbones. De ahí que no se muestren al público ni haya obligación de dar cuentas sobre ellas. Algunas voces indicaban que podían custodiarse en la cámara acorazada del Banco de España, algo que niegan desde el organismo financiero. El Banco de España prestó 13 monedas de oro de la colección numismática para que fuesen utilizadas como arras en la boda del rey Felipe y Letizia Ortiz, pero esa es la única relación que tienen con las joyas de la familia.

¿Qué hay en el joyero real?

Estamos hablando de un lote que Victoria Eugenia agrupó y cuyo futuro dejó bien escrito en su testamento: “Las alhajas que recibí en usufructo del Rey Don Alfonso XIII y de la misma Infanta Isabel, que son: una diadema de brillantes con tres flores de lis, el collar de chatones más grande, el collar con treinta y siete perlas grandes, un broche de brillantes del cual cuelga una perla en forma de pera llamada La Peregrina, un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor, dos pulseras iguales de brillante, cuatro hilos de perlas grande, un broche con perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera, desearía, si es posible, se adjudicasen a mi hijo Don Juan, rogando a éste que las transmita a mi nieto Don Juan Carlos. El resto de mis alhajas, que se repartan entre mis dos hijas”.

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De estas ocho joyas, doña Letizia ha lucido ya la tiara de la Flor de Lis, el collar de perlas rusas, los pendientes de diamantes y las pulseras gemelas de Cartier. Por lo que le queda por llevar el broche con la perla gris, el de La Peregrina, el collar de chatones y los cuatro hilos de perlas. Estas alhajas llevan desde la proclamación de Felipe VI, en junio de 2014, guardadas en ese desconocido lugar del que nadie nos quiere dar una pista.

Doña Letizia, con la tiara Flor de Lis. (Getty)
Doña Letizia, con la tiara Flor de Lis. (Getty)

Sin embargo, y aunque esas son las piezas más importantes, no son las únicas presentes en el joyero real que, aparte de la tiara de la Flor de Lis, cuenta con otras seis diademas (la de la Chata, la prusiana, la rusa, la floral, la princesa y la Cartier). También encontraríamos, si algún día se deciden a exponerlas como hacen en las familias reales de Reino Unido o Dinamarca, decenas de pares de pendientes, como los de diamantes y rubíes que Letizia llevó a la boda de Federico y Mary junto a dos broches a juego; los de esmeraldas que le vimos en su visita de Estado a Portugal; o aquellos de zafiros que lució en Japón.

Esta es solo una pequeña muestra de las joyas de las que disponen Sofía y Letizia y en un futuro, Leonor. Hay incluso piezas de las que no teníamos constancia hasta que alguna dama aparece con ellas, como sucedió el año pasado en Londres cuando doña Letizia lució para su cena en la City unos maxipendientes de diamantes y zafiros.

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Acudimos a dos de las firmas que nutren el misterioso joyero de doña Letizia. Cartier, con su habitual elegancia, rechaza dar más información. "No te podemos ayudar ya que estas piezas no son propiedad de Cartier y no podemos dar ningún tipo de detalle sobre las mismas". Pero al fin, como en el 'Viaje a Ítaca' de Kavafis, llegamos a Ansorena.

Los Reyes, en Dinamarca. La Reina lleva la tiara Princesa, que le diseñó Ansorena. (Cordon Press)
Los Reyes, en Dinamarca. La Reina lleva la tiara Princesa, que le diseñó Ansorena. (Cordon Press)

La emblemática joyería ha mantenido siempre una relación excelente con los Borbones. Celestino Ansorena abrió en 1845 su taller joyería en Madrid y pronto se consagró como uno de los joyeros más importantes de la época. Quince años después, Ansorena ya era "joyería y diamantista de la Real Casa". La relación con la Casa Real se afianzó con la reina Victoria Eugenia, a la que el rey Alfonso XIII regaló un collar de diamantes y una alta tiara de diamantes con flores de lis dinásticas que la princesa inglesa luciría el día de su boda y que es la enseña del mítico joyero.

La Reina, con los pendientes de chatones. (CP)
La Reina, con los pendientes de chatones. (CP)

"No tiene sentido que se sepa dónde están, porque sería dar pistas a los ladrones -dice con sentido del humor Elena Mato G. Ansorena, actual directora de la joyería-. El lugar es supersecreto". La joyera explica que estas piezas, a pesar de su inmenso valor, no requieren apenas mantenimiento, "siempre que estén bien guardadas en sus estuches y a una temperatura adecuada".

Solo las perlas requieren un cuidado más exhaustivo. "Con el roce del uso, el hilo en el que se enfilan las perlas se desgasta, necesitan volverse a enfilar y en ese momento se aprovecha para limpiar perla a perla con un paño específico". Además, Elena advierte de otro detalle: "La perla es una materia viva, el contacto con la piel es bueno, el oriente de la perla, su brillo, se favorece con el contacto".

Y sí, pesan, pero son piezas "muy proporcionadas". "Las tiaras se acomodan muy bien a la cabeza para que sea un peso sostenido", explica. En cualquier caso, no son piezas "para todos los días". De ahí el misterio sobre quién y cómo las custodian.

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