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CASA REAL ESPAÑOLA

Letizia, Sofía, Palma... Hace un año fuimos muy felices

Tras aquel momento insólito en el que las Reinas se enfrentaron en Palma, continuó un lavado de imagen, pero... ¿era necesario?

Foto: Ilustración de la reina Letizia y la reina Sofía de su desencuentro en Palma. (Vanitatis)
Ilustración de la reina Letizia y la reina Sofía de su desencuentro en Palma. (Vanitatis)

Hace justo un año que la reina Letizia se colocó ante las cámaras, cosa habitual, de una manera absolutamente inaudita: de espaldas al objetivo, porque intentaba evitar que su suegra se hiciera un retrato con sus hijas, Leonor y Sofía, dentro de una iglesia.

Nosotros contemplamos asombrados el rifirrafe por la televisión. Dos damas adiestradas en el gélido protocolo se arrancaban con una inesperada improvisación. La abuela tiraba de las niñas para un lado y la madre tiraba para el otro. Un código sagrado se había roto, monárquicamente hablando.

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Las ondas viajaron a la velocidad de la luz en el estanque. Los entendidos en asuntos monárquicos comentaron que la decadencia de la Casa Real se aceleraba. Lamentaban el gravísimo error protocolario y preveían consecuencias catastróficas. Olvidaban que en el siglo de Instagram toda imagen está destinada a volatilizarse con el paso de las horas. El bolso rosa de Letizia no se convirtió en desastre, sino en meme. El espíritu de Andy Warhol se manifestó en el cerebro de miles de internautas.

De pronto todos mis amigos de Facebook aparecían tapados por la Reina en sus fotos de perfil. No se hablaba de otra cosa y los chistes proliferaban como los granos de un adolescente. Los bolsos de color rosa volaban de las tiendas y el suceso dio doce vueltas al mundo en ochenta segundos. Habíamos ofrecido al planeta un espectáculo digno de la Corona británica, la mejor de todas, pero a la semana siguiente ya hablábamos de otra cosa.

Fue entonces, cuando todo el mundo seguía a lo suyo y cambiábamos nuestras fotos de perfil para que el narcisismo barriera el chiste, que la Casa Real, que tiene los reflejos de un mamut metido en brea, lanzó su contraofensiva: inesperadamente nos obsequiaron con un vídeo en el que la heredera al trono sorbía sopa. '¡Somos una familia normal!', gritaron. ¡Pero oigan, si nosotros ya estábamos a otra cosa!.

Vimos entonces al Rey conduciendo su propio coche para llevar a las chiquillas al colegio. Los vimos comer con la tele apagada y los oímos preguntar a las niñas, con paternal desgana, cómo les había ido en clase. Todo se volvió tedioso, largo, gris e innecesario. Si con la escena del bolso, la plebe se entusiasmó, con estas lacónicas escenas familiares hasta el más republicano quedó sin energías. "Se te quitan las ganas hasta de usar la guillotina", me dijo David Torres.

Los Reyes y sus hijas comiendo en su casa. (Casa Real)
Los Reyes y sus hijas comiendo en su casa. (Casa Real)

El intento de lavado de imagen no hacía ninguna falta. Mostrar a la familia real como gente normal no tiene sentido porque su deber es parecerse lo menos posible a nosotros. Pero además no se dieron cuenta de que la escena del bolso había funcionado mejor que cualquier campaña planificada. Había sido la constatación de que bajo el armiño (hoy Dior) había gente normal. Con sus miserias y hasta unas gotas de 'La que se avecina'.

No debe ser fácil reinar en el siglo XXI y menos en un país como España, que tiene una idea tan romántica de lo que significa la república. Hoy día, un monarca tiene que vivir en equilibrio entre el cetro y el bufón. Serán caricaturizados, insultados, vilipendiados. Las personas que hay detrás del cetro se verán en el dilema de mostrarse normales o reyes.

La reina Letizia le abre la puerta a doña Sofía. (Getty)
La reina Letizia le abre la puerta a doña Sofía. (Getty)

Yo elegiría siempre parecer rey. El sentido de la monarquía es recordar a todos los trepas que nunca podrán atravesar unas determinadas puertas. Y si hay que enseñar la piel, que sea como en la escena del bolso. Aquello sí que fue frescura. Daban ganas de gritar: "¡Están vivas!".

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