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ANIVERSARIO

El día en que Letizia reventó el Gotha de rojo Caprile (intrahistoria)

El diseñador recibió el encargo en enero de crear un guardarropa de gala para la novia del príncipe. Solo le pidieron un requisito: que los tejidos fueran españoles. "Tuvimos una relación cordial"

Foto: La reina Letizia y don Felipe, en la boda de Federico de Dinamarca. (Getty)
La reina Letizia y don Felipe, en la boda de Federico de Dinamarca. (Getty)

Faltaba solo una semana para su propia boda y Letizia Ortiz apenas había tratado con otros miembros de familias reales europeas. La periodista acompañaba a su prometido, Felipe de Borbón, al otro enlace del año, el del príncipe Federico de Dinamarca con la abogada australiana Mary Donaldson. Una historia de amor que mantenía algún paralelismo con la suya propia y que iba a culminar en final feliz aquella tarde en la catedral de Nuestra Señora de Copenhague.

Cuando la pareja enfiló la alfombra roja situada a las puertas de la catedral, Letizia vestía un diseño de corte recto, con escote Bardot, cola y dos sencillos broches a ambos lados del pecho. Iba peinada con un moño de españolísimas ondas al agua y una sonrisa tibia, abrazada, casi colgando, de su pareja el príncipe. Si estaba nerviosa, no se le notaba. La rotundidad de aquel look es aún hoy incontestable, pocas veces ha estado la Reina más guapa que aquella tarde de mayo vestida de rojo por un viejo conocido de la corte, el diseñador Lorenzo Caprile.

"Los primeros sorprendidos fuimos nosotros, no sabíamos que iba a escoger ese vestido para la boda", explica Caprile al otro lado del teléfono, haciendo una excepción en su habitual discreción cuando de la familia del Rey se trata. "A principios de 2004 recibimos un encargo de Casa Real para construir un pequeño guardarropa de gala para doña Letizia. En ese lote estaban el traje rojo, el dos piezas con tejido valenciano que se puso la noche anterior, uno gris, el cuerpo fucsia drapeado con dos faldas distintas que fue de las primeras cosas que se puso de casada y uno negro que se puso para visitar al Papa y que luego se lo ha puesto muchísimo".

Los hoy Reyes, en la boda de Federico y Mary Donaldson. (Cordon Press)
Los hoy Reyes, en la boda de Federico y Mary Donaldson. (Cordon Press)

El único requisito que puso Zarzuela para los trajes es que "estuvieran confeccionados con tejidos españoles". "Parte los compré en una tienda de seda valenciana que ya no existe, la de Rafael Catalá. Y otra parte en José María Ruiz, la única gran tienda de telas que queda en Madrid", recuerda. Le prepararon el pedido con mimo. A cada vestido le buscaron un zapato a juego de Pura López, un bolso y hasta los accesorios. "Era un ajuar completo. Los abanicos los compré en Casa Diego, en la Puerta del Sol".

Letizia Ortiz era entonces una profesional que vivía en las afueras de Madrid y a la que había que convertir en una princesa, construir un armario para grandes ocasiones prácticamente de la nada. "Yo no sabía muy bien en qué momentos iba a utilizar aquellos trajes, nos mandaron sus medidas desde palacio, luego probamos con ella un par de veces y cuando terminamos entregamos el trabajo, poco más", explica el modista, que se encoge de hombros al reconocer que no tiene "ninguna anécdota picante". "Nuestra relación con ella fue siempre cordial, profesional y cariñosa".

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, en Copenhague. (Getty)
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, en Copenhague. (Getty)

Aquel traje dio la vuelta al mundo y hoy, cuando se cumplen 15 años de aquella foto, sigue estando vigente. A pesar de eso, el diseñador y jurado de 'Maestros de la costura' no notó un antes y un después en los libros de contabilidad de su taller de la calle Claudio Coello. "Yo ya soy perro viejo, he tenido otros 'booms' mediáticos en mi carrera, como el vestido de novia de la infanta Cristina o aquel traje goyesco de la infanta Elena. La gente te felicita pero no se triplica la facturación", explica con honestidad.

Doña Letizia estuvo muy arropada durante los dos días de celebraciones. El día anterior había acudido a un concierto en el Teatro Real de Copenhague junto al príncipe y a los entonces duques de Palma. A la boda se sumaron, al día siguiente, casi todos los miembros de la familia real de entonces, exceptuando al rey Juan Carlos. Las infantas Elena y Cristina acudieron con sus parejas e hicieron un gran despliegue de vestuario y joyas, entre otras cosas porque la boda era de tarde.

La infanta Elena y Jaime de Marichalar en la boda del príncipe Federico y Mary de Dinamarca. (Getty)
La infanta Elena y Jaime de Marichalar en la boda del príncipe Federico y Mary de Dinamarca. (Getty)

Con los ojos del tiempo, Caprile hace una reflexión sobre por qué aquel traje fue (y sigue siendo) tan aplaudido. "Como todavía era Letizia Ortiz y solo era la prometida del príncipe, no estaba obligada a llevar bandas, ni condecoraciones, ni grandes joyas ni nada de eso. Y justo por eso destacó. Era una figura sencillísima, limpia, y estaba espectacularmente peinada por Gloria Delgado, que por aquel entonces colaboraba con la Casa Real. Le puso aquellas ondas al agua tan españolas y la suma funcionó bien".

El resultado fue categórico. La futura princesa se coló en el nuevo Gotha de una manera precisa, vestida de rojo español y con el rostro de la protagonista de un cuadro de Julio Romero de Torres.

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