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CAMBIOS EN ZARZUELA

Lo que supone para la infanta Cristina que el rey Juan Carlos abandone la vida pública

Alejada durante meses de su familia, la hija menor del Rey ha iniciado una nueva etapa de acercamiento en la que don Juan Carlos ha jugado un papel decisivo

Foto: Don Juan Carlos junto a su hija, la infanta Cristina. (EFE)
Don Juan Carlos junto a su hija, la infanta Cristina. (EFE)

Estos meses que se avecinan son decisivos para la infanta Cristina. Es cierto que hemos usado ese adjetivo muchas veces para hablar de su vida, pero este año es especialmente importante para ella. Su marido, Iñaki Urdangarin, logrará su primer permiso carcelario y la manera en que ella se enfrente a la nueva situación marcará un antes y un después en sus vidas. Que el rey Juan Carlos haya decidido apartarse de la agenda pública es una buena noticia para la Infanta, puesto que su padre tendrá ahora más libertad para mostrarle ese apoyo que ha ido asomando cada vez con más fuerza.

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La última aparición pública de padre e hija fue en Alemania, hasta donde se desplazaron los Reyes eméritos con su consuegra, Claire Liebaert, en un gesto insólito cargado de significado. Pablo, el segundo hijo de Iñaki y Cristina, jugaba un partido con su equipo, el TSV Hannover-Burgdorf, y sus abuelos estaban en las gradas para apoyarle. Pese a todo. Fue una muestra más del camino que había escogido don Juan Carlos: moverse con libertad, alejado de la vida encorsetada de la agenda real. Y apoyar a su hija tras el complicado trance que ha pasado. Pese a quien pese.

El rey Juan Carlos, la reina Sofía, la infanta Cristina y Claire Liebaert, en Hannover. (Cordon Press)
El rey Juan Carlos, la reina Sofía, la infanta Cristina y Claire Liebaert, en Hannover. (Cordon Press)

En el Náutico en plena tormenta

Siempre ha sido un gran apoyo para su hija menor. Hace ya años, en marzo de 2015, en plena tormenta por el caso Nóos, el Rey emérito sorprendió a todos con una visita a la Infanta en Barcelona. Fue en el Club Náutico, donde don Juan Carlos comió primero con su gran amigo José Cusí y su mujer, Inés Muiños, y a la hora del café apareció su hija.

La Infanta ya vivía en Ginebra, pero estaba en Barcelona para ultimar la venta de su casa, el chalé de Pedralbes, que tantos dolores de cabeza le causó. Y allí estaba su padre, en público con ella. Charlaron durante más de una hora, lo que dio tiempo a los fotógrafos para tomar imágenes del encuentro. Fue uno de los primeros gestos ‘publicitados’ del monarca hacia su hija.

A finales de 2018, en noviembre, el monarca dio el paso más profundo. Viajó a Emiratos Árabes para asistir al compeonato de Fórmula 1 y se hizo acompañar por la infanta Cristina. No había lugar a duda: su hija, con el marido encarcelado, era bienvenida en la familia. Juntos visitaron a varios pilotos y varios boxes, se pasearon por el circuito y se mostraron como lo que son: un padre y una hija bien avenidos.

El cumpleaños de Iñaki

Otro momento crucial fue el 50 cumpleaños de Iñaki Urdangarin. Ya condenado y a punto de entrar en prisión, el marido de la Infanta contó con la presencia de sus suegros en la fiesta de aniversario celebrada en Ginebra en enero de 2018.

La reina Sofía, la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, tras visitar a don Juan Carlos.  (EFE)
La reina Sofía, la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, tras visitar a don Juan Carlos. (EFE)

Los detalles. Siempre esconden la verdad. Y el cariño que don Juan Carlos ha tenido siempre a Urdangarin traspasa cualquier fechoría. Lo recordaba este mismo medio hace unos meses: el 5 de enero de 2003, en el 65 cumpleaños de don Juan Carlos, la familia se reunió en un restaurante de la Gran Vía madrileña. “El monarca dice a los asistentes que se quiere reír, que es su cumpleaños”, decía a este medio uno de los asistentes. “En ese momento se dirige al marido de la infanta Elena: ‘Llámame suegro, Jaime’. Este titubea y suelta un ‘pero, señor (...)’. El monarca repite la pregunta a Urdangarin, quien comparte el mismo sentido del humor que el Rey. Y este responde diligente: 'Hola, suegro'. Pero don Juan Carlos, con su peculiar guasa, insiste sin dejar de mirar a Marichalar: ‘¡Con más cercanía, coño!’. Y el (ex)duque de Palma suelta: ‘¡Qué pasa, tío!’, y le da una palmada en el hombro. La mesa estalla en una carcajada”.

El exduque está pagando por sus delitos y su mujer, absuelta por la justicia, ha pagado también con el ostracismo social. Hasta la fecha. Y su familia ha decidido abrirle las puertas que en su día se cerraron a cal y canto. La jubilación del Rey emérito servirá, sin duda, para allanar ese camino de vuelta a casa.

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