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LA PRINCESA DEL BAILE

Charlène de Mónaco: de triste a 'fiestera' (y otra vez sin Alberto)

La sudafricana ha pasado unos días fuera del principado para asistir a una cita muy especial, el bautizo del hijo pequeño de su entrenador personal, en el que además fue la madrina

Foto: La princesa Charlène en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Charlène en una imagen de archivo. (EFE)

Charlène de Mónaco lo ha vuelto a hacer. Se ha desmelenado en una fiesta privada en la que, como es habitual, no estaba el príncipe Alberto. Y es que es matemático: la imagen que da la exnadadora en actos institucionales y compromisos oficiales es la de una mujer muy seria, incluso triste, que dista mucho de la que da en momentos privados, en los que parece otra persona completamente diferente. Lógicamente, el reír a carcajadas en público no entra dentro de los protocolos, pero lo cierto es que su fama se la ha ganado a pulso, ya que es muy raro verla sonreír. De hecho, el sobrenombre de 'triste' le viene casi desde su boda, cuando se convirtió en la novia royal más triste de la historia reciente.

Pero, como decimos, es escaparse de las etiquetas de palacio y cambiar completamente. La princesa de Mónaco ha pasado el fin de semana en Grecia para asistir al bautizo del hijo pequeño de su entrenador personal, Christos Fiotakis, en el que además ejerció de madrina junto a su hermano, Gareth Wittstock. Tras la ceremonia, pasaron a la celebración, con una fiesta que duró hasta bien entrada la noche y en la que Charlène no paró de bailar, con una pareja de lo más especial, la hija mayor de su entrenador, con la que se convirtió en la reina de la pista.

Aunque festiva, era una celebración familiar, pero la sudafricana prefirió no llevarse a sus mellizos, Jacques y Gabriella. Y eso que son dos niños de lo más viajero y ya han recorrido medio mundo junto a su madre. O al menos, no aparecen en ninguno de los vídeos y fotografías que estos días se han publicado en redes sociales de anfitriones e invitados que, como siempre, suelen ser las más chivatas en este tipo de eventos, que se intentan preservar de la prensa. Gracias a ellas, también hemos podido comprobar que Charlène llevó una túnica larga, con estampados geométricos y capa, muy acorde con el escenario helénico.

No es la primera vez que vemos a una Charlène distendida y feliz, sonriendo sin estar obligada por la presencia de prensa. Sonadas fueron las imágenes que protagonizó la princesa a bordo del yate Lionheart, propiedad del magnate Philip Nigel Ross Green, cuando la sorprendieron bailando junto a un anónimo pero atractivo señor. Unas fotografías que crearon gran polémica y que, a pesar de que fueron publicadas por la italiana 'Oggy' en exclusiva, dieron la vuelta al mundo. Y más recientemente, el pasado verano, la esposa de Alberto de Mónaco disfrutó de otra fiesta privada en la Polinesia Francesa, en la isla de Tetiaroa, y nada menos que junto a Lady Gaga.

La princesa Charlène en una imagen de archivo. (Reuters)
La princesa Charlène en una imagen de archivo. (Reuters)

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