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PRINCIPADO DE MÓNACO

Alberto y Charlène de Mónaco: los ocho años de un matrimonio siempre cuestionado

Recordando ahora aquel día, la novia se llevó todo el protagonismo, pero no por su vestido, una creación de Armani, sino por su cara de tristeza y sus lágrimas

Foto: Alberto y Charlène en una imagen de archivo. (Getty)
Alberto y Charlène en una imagen de archivo. (Getty)

Ocho años han transcurrido ya desde que Alberto de Mónaco y Charlène Wittstock se daban el 'sí, quiero' en dos ceremonias -una civil y otra religiosa- celebradas en el pequeño principado y que reunieron a un buen número de royals de todo el mundo. Según se publicó en junio de 2011, cuando la exnadadora accedió a casarse con el soberano de la Roca se vio obligada a firmar un contrato nupcial en el que se exigía que debía darle al menos un heredero y pasar cinco años casada hasta poder optar al divorcio. Este duro contrato venció el 1 de julio de 2016 y, tres años después, vemos que la princesa sigue al lado de su marido, lo que nos lleva a pensar que quizás no son ciertas todas esas polémicas que desde el minuto 0 han cuestionado su matrimonio.

Recordando ahora aquel día, la novia se llevó todo el protagonismo, pero no por su vestido, una creación de Armani, sino por su cara de tristeza y sus lágrimas. Durante toda la ceremonia religiosa, se vio a una Charlène decaída, fría y muy distante. Ni siquiera las palabras o los mimos de su recién estrenado marido consiguieron levantarle el ánimo. La princesa fue rebautizada como la 'novia más triste de la realeza' y corrieron ríos de tinta sobre sus lágrimas por los medios de todo el mundo. Pero su tristeza era totalmente justificada, pues dos semanas antes del enlace, la nadadora vivió un terrible momento que estuvo a punto de echar por tierra la boda (también según la prensa especializada).

Besándose en la luna de miel. (Getty)
Besándose en la luna de miel. (Getty)

Según narraban los medios franceses, una semana antes del enlace Charlène decidió cancelarlo todo y huir del principado. Fueron precisamente las cláusulas de ese contrato lo que aterró a la nadadora, quien decidida se fue hasta al aeropuerto para poner tierra de por medio. Sin embargo, la detuvieron antes de que cogiera un vuelo y la hicieron entrar en razón para que aceptara las condiciones y se casara con Alberto. Ella misma negó la escena en una entrevista, pero ya ha quedado grabada en la memoria colectiva. Toda esta información, además de los rumores sobre los gustos del príncipe, provocaron que ese matrimonio estuviera en el punto de mira desde que se dieron el 'sí, quiero'.

A todo ello debemos de sumarle que los recién casados, que viajaron a Sudáfrica para disfrutar de su luna de miel, se hospedaron en hoteles distintos, algo cuando menos sorprendente en una pareja que acaba de contraer nupcias. Aunque alegaron motivos de seguridad, de nuevo se vio un indicio de rareza matrimonial. La cosa no acaba aquí. El hecho de que Charlène apenas tuviera actos en el principado -algo que ahora ya vemos con normalidad-, y que cuando apareciera lo hiciera con un semblante triste y decaído provocó que muchos pensaran que algo se estaba cociendo en palacio.

La pareja antes del nacimiento de sus hijos. (Getty)
La pareja antes del nacimiento de sus hijos. (Getty)

También se cuestionaba mucho que no tuvieran hijos. Hasta que en 2014 llegó la buena nueva. Charlène estaba embarazada y además de mellizos. Una gran noticia para un matrimonio perseguido por las polémicas. Pero no todo fueron alegrías. La revista alemana 'Bunte' publicó en marzo de 2014 que Alberto y Charlène no vivían juntos. Según la publicación, tras una discusión fortísima con su marido, la princesa decidió irse a Suiza a casa de una amiga. Fue el padre de ella, Mike Wittstock, quien medió para que las cosas se arreglaran.

En diciembre de 2014, por fin, nacieron los hijos de la pareja: la princesa Gabriella y el príncipe Jacques, heredero al trono, pues en Mónaco sigue vigente una variante de la ley sálica que da prioridad a los hombres sobre las mujeres. El nacimiento de los mellizos sumió al matrimonio en una gran alegría, que se vio ensombrecida tras la exclusiva de la revista lusa 'Caras' que contaba que la princesa vivía en una casa situada en el sur de Francia, frente al mar, junto a sus hijos mientras que su marido seguía residiendo en Mónaco. En los meses siguientes, nuevas fotografías de Charlène con sus hijos, esta vez en Córcega, vieron la luz. Ella disfrutaba del sol y la playa mientras Alberto cumplía con su agenda.

La situación se alargó hasta que los mellizos cumplieron un año. Tras esto, Charlène regresó a palacio, pero parece que la cosa no ha mejorado. Sus apariciones en el principado siguen siendo anecdóticas, por no hablar de su semblante serio. Sin embargo, ocho años después, y después de todo lo relatado, ellos siguen juntos y, a priori, sin ningún plan de poner fin a su matrimonio. Ya se sabe que cada pareja es un mundo y quizás ellos han encontrado la forma de ser felices, aunque no sea del modo más convencional para la realeza.

Bailando en un baile de la Cruz Roja. (Getty)
Bailando en un baile de la Cruz Roja. (Getty)

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