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CULEBRÓN REAL

La huida de Haya: la solidaridad de su hermano y la prudencia del rey de Jordania

La fugitiva pidió al tribunal de familia de Londres que dicte una orden de “no acoso” para impedir que el emir la hostigue

Foto: Haya de Jordania. (Getty)
Haya de Jordania. (Getty)

No todos hablan con una sola voz en la familia real jordana cuando se refieren, en términos velados, a la huida en junio de la princesa Haya de Jordania, de 45 años, de Dubai con cuyo emir, el jeque Mohamed bin Rashid Al Maktum, de 70 años, está casada. El emir, uno de los hombres más ricos del mundo, es además el primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), una federación de la que Dubai forma parte.

La princesa fugitiva no ha explicado los motivos del periplo que la llevó hasta Londres aunque podrían estar relacionados con otra huida, la de la princesa Latifa, de 33 años, en marzo de 2018, hija del emir de Dubai con su esposa argelina. Las fuerzas especiales emiratíes secuestraron a Latifa cuando estaba a punto de alcanzar las costas de India y la repatriaron a la fuerza. También el diario 'The Times' ha atribuido a la princesa Haya un romance con uno de sus guardaespaldas británico.

Haya es la tercera princesa que se da a la fuga. Además de por Latifa, el año pasado, fue también precedida en 2000 por otra hija del emir, Shamsa. De esta última no se ha vuelto a saber desde su desaparición en una calle de Cambridge en el verano de ese año. Esta epidemia de evasiones y la consiguiente desaparición de las que fueron repatriadas a la fuerza suscitan numerosos interrogantes sobre el ambiente y el trato reservado a las mujeres en la corte de Al Maktum.

[LEER MÁS: ¿Qué fue de Shamsa? ]

El hermano de la princesa, el príncipe Ali bin Al Hussein, de 44 años, ha sido el primer miembro de la familia en brindarle públicamente su apoyo. Publicó, el miércoles por la noche en Twitter, una foto suya con ella junto con un texto de una docena de palabras: “Hoy con mi hermana, la niña de mis ojos (…)”. Al día siguiente la instantánea había logrado unos 50.000 retweets y “me gusta”, la mayoría de internautas jordanos.

El príncipe, que preside la Federación Jordania de Fútbol, aparece en la foto colocando su brazo protector por encima del hombro de su hermana vestida con un forro polar marrón en cuya manga ha sido cosida la bandera jordana. La instantánea fue tomada en Londres, según la prensa británica, hasta donde Ali bin Al Hussein se habría desplazado para solidarizarse con la princesa fugada que viajó a Londres con sus dos hijos pequeños.

Lazos de sangre

El príncipe y la princesa son ambos hijos del rey Hussein de Jordania, fallecido en 1999, y de la reina Alia, que falleció en 1977. Son hermanastros por parte de padre del rey Abdalá de Jordania, de 57 años, cuya madre es la princesa Muna al Hussein, de 78 años, nacida en el Reino Unido, pero que al casarse adquirió la nacionalidad jordana.

Quizás para mitigar el impacto negativo que la fuga de la princesa Haya pueda tener sobre las relaciones entre su reino y los Emiratos, el soberano hachemita ha viajado recientemente dos veces a Abu Dhabi, la capital de la federación. Allí fue recibido, a finales de julio, por el hombre más poderoso de los Emiratos, el príncipe heredero Mohamed bin Zayed Al Nahyan, de 58 años. “Hoy sentí que estoy entre mi familia cuando me encuentro con mi querido hermano, Su Alteza el jeque Mohamed bin Zayed al Nahyan, y sus hijos y sus seres queridos”, escribió el rey Abdalá en Twitter el 28 de julio, al término de su estancia en Abu Dhabi. El mensaje subliminal parece evidente: pese a la huida de la princesa Haya la relación entre ambos países debe de ser preservada.

Haya de Jordania y el jeque Mohammed bin Rashid en una imagen de archivo. (Getty)
Haya de Jordania y el jeque Mohammed bin Rashid en una imagen de archivo. (Getty)

Jordania tendría mucho que perder si estallase una crisis con los Emiratos que acogen a entre 250.000 y 300.000 inmigrantes que envían regularmente divisas a su país. Los Emiratos aprobaron además el año pasado, junto con Arabia Saudí y Kuwait, una ayuda de 2.253 millones de euros que apenas ha empezado a ejecutarse.

El tweet del príncipe Ali bin Al Hussein fue publicado justo después de que concluyera el miércoles la segunda audiencia del juicio que enfrenta ahora en Londres al emir y a la que es su sexta esposa, pero la más glamurosa y conocida de todas por sus actividades caritativas y su afición a los deportes ecuestres. No había sido vista desde que llegó a Londres, pero el pasado martes apareció ante el Alto Tribunal de Familia con su letrada y rodeada de guardaespaldas privados. El emir no acudió.

Duelo de superabogadas

Fiona Shackleton, que tuvo entre sus clientes al príncipe Carlos en su divorcio con princesa Diana, es la abogada de Haya. Pidió al tribunal de familia que emitiese una orden de “no acoso” que prohibiría al emir no solo acercarse a ella en el Reino Unido sino importunarla con mensajes o llamadas.

Para los dos hijos, Jalia, de 11 años, y Zayed, de 7, la letrada solicitó además la tutela del tribunal, es decir que todas las decisiones importantes que les conciernen sean tomadas por los jueces y no por sus padres. Rogó, por último, al presidente de la corte, Andrew McFarlane, que dicte otra resolución que prohíba que uno de los pequeños pueda contraer un matrimonio no consentido. Haya alberga aparentemente el temor de que su padre quiera casar a su hija.

Haya y su abogada, Fiona Shackleton. (Efe)
Haya y su abogada, Fiona Shackleton. (Efe)

El emir contrató, por su parte, a la abogada Helen Ward, también muy conocida porque en su día defendió al director de cine británico Guy Ritchie en el juicio por divorcio que le enfrentó a la cantante estadounidense Madonna. Ward reclamó al tribunal que los pequeños regresen cuanto antes a Dubai.

Las fortunas de ambos cónyuges y las minutas que suelen cobrar ambos letrados hacen sospechar a la prensa británica que el divorcio en ciernes podría alcanzar los 4,5 millones de libras (4,9 millones de euros) y sería por tanto el más caro de la historia del Reino Unido.

A pesar de que se trataba de un juicio en el que está en juego la suerte de dos menores, el presidente del tribunal permitió el acceso a la prensa –no a las cámaras-, en contra de la opinión de Ward. Puso, sin embargo, algunos límites a lo que los periodistas podrían contar de los allí tratado. Fijo, por último, la próxima audiencia para el 11 de noviembre.

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