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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Don Juan Carlos y sus afectos: de la traición de Corinna a la lealtad de Marta Gayá

Don Juan Carlos ha pasado este verano el tiempo justo en Mallorca. Se instaló en el palacio de Marivent, que fue siempre el cuartel general de la jefatura del Estado mientras fue rey

Foto: Don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (Getty)
Don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (Getty)

Don Juan Carlos, que este viernes obtenía su segundo título mundial consecutivo en Hanko (Finlandia), gracias al campeonato del mundo de la clase 6 Metros de Vela, ha pasado este verano el tiempo justo en Mallorca. Se instaló en el palacio de Marivent, que fue siempre el cuartel general de la jefatura del Estado mientras fue rey. El traslado de poderes de padre a hijo también cambió el centro de operaciones, que ahora es Son Vent, la residencia de la que disfrutan Felipe VI, sus hijas y, en menor medida, doña Letizia. Aunque este año parece que con menos presión familiar se ha dulcificado su opinión de la isla.

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La única que nunca ha cambiado de opinión ni de agenda veraniega ha sido doña Sofía. Palma es el lugar donde ha sido más feliz cuando sus hijos aún no eran independientes y, más tarde, con los nietos. Las escapadas que hacía don Juan Carlos con su grupo de amigos (que no lo eran de la Reina por motivos obvios) tampoco cambiaban la estructura familiar. Al menos, durante aquellos años en los que Marta Gayá, la amiga entrañable (como después se definió a Corinna Larsen), era discreta y procuraba mantenerse alejada de todo aquello que supusiera una humillación.

Marta Gayá. (Getty)
Marta Gayá. (Getty)

Los que conocen a Gayá aseguran a Vanitatis que su lealtad a don Juan Carlos está por encima de cualquier oferta del tipo que sea. Muy diferente a lo que sucedió con Corinna, a la que el fiscal anticorrupción solicitó interrogar por el asunto de las comisiones ilegales en la construcción del AVE a la Meca (Arabia Saudí). Antes ya se había hecho visible a través de unas conversaciones grabadas por el excomisario Villarejo donde don Juan Carlos no salía muy bien parado. Y, con anterioridad, repartiendo entrevistas en las que confirmaba su relación con el monarca emérito. No fue muy elegante y esas revelaciones complicaron la vida pública y personal del anterior Jefe del Estado. La dama alemana de origen danés no mantuvo la discreción que se suponía tras las muchas vivencias compartidas. Y no solo afectivas, sino también de índole económica. Pertenecer a determinados círculos de influencias permite introducirse en los lobbies del poder internacional. La relación acabó como el rosario de la aurora.

De lo privado a lo público

El viaje a Botswuana y el regreso del Rey, como si viniera de las Cruzadas, marcó el punto de no retorno. A partir de ese momento, todo fue público y Corinna Larsen buscó su coartada para no ser ella quien se quedara con los platos rotos. En su descargo hay que señalar que mientras duró la 'amistad entrañable', varios ministros de jornada (los que acompañan al Jefe del Estado en sus desplazamientos oficiales) compartieron avión con la princesa alemana. Un título al que tenía derecho por su anterior matrimonio con el aristócrata Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Sayn y que dejó de tener validez cuando éste se casó de nuevo.

Corinna en el año 2015. (Getty)
Corinna en el año 2015. (Getty)

Princesa o no, la comisionista alemana no ha vuelto a pisar España que se sepa. La traición, o como se quiera denominar, sus conversaciones con el excomisario Villarejo y Juan Villalonga, expresidente de Telefónica, que público 'OK Diario' no la dejaron en buen lugar. Todo lo contrario que Marta Gaya, quien mantiene hoy en día una amistad sincera con don Juan Carlos en las que, según confirman a Vanitatis, la relación evolucionó hace ya muchos años. Unas conversaciones grabadas por el CNI que se hicieron públicas en marzo de 2017 en las que se escuchaba cómo el rey explicaba a José Cusi, otra persona de absoluta fidelidad, lo que sentía por la mallorquina: "Nunca he sido tan feliz", decía.

Fidelidad y discrección

Una mujer que mantiene desde siempre su mismo ritmo de vida porque nació en una de las familias económicamente más potentes de la isla. Es propietaria de un apartamento en Gstaad y dos pisos en Madrid y en Palma, más un barco con el que navega con sus amigos.

Hace quince días viajó hasta la localidad Suiza de Gstaad para asistir al funeral de Zourab Tchokotua, quien formaba parte del grupo de amigos de un don Juan Carlos que no asistió. En vez de viajar a Finlandia, donde el monarca participa en el Mundial de vela de la clase 6M, volvió a su casa de Palma. El lunes cenaba en Flanigan, el restaurante de Miguel Arias (otro miembro de la pandilla real) con Simoneta Gómez Acebo, los marqueses de Mondéjar, el matrimonio formado por José María López de Letona y Dora Oñate, y el popular colaborador de Onda Cero Josemi Rodríguez Sieiro.

Marta Gayá no ha sucumbido a las ofertas económicas para contar su historia personal. Y no solo en revistas de entretenimiento o televisiones, sino para editoriales de primera categoría.

La historia afectiva forma parte de la historia de España.

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