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Cuando Urdangarin y la infanta Cristina se convirtieron en un 'regalo' mediático

El libro 'Manos limpias, manos sucias', de Javier Chicote, ahonda sobre el papel del sindicato en la imputación de la Infanta y los tejemanejes de aquellos días

Foto: Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina. (Cordon Press)
Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina. (Cordon Press)

El líder de Manos Limpias, Miguel Bernad, y su mano derecha durante diez años, el empresario Fernando Martínez Dalmau, dieron un paseo. "Iban tan felices de haber metido a Manos Limpias en la declaración como imputado del yerno del Rey de España que ni se dieron cuenta de que ya habían recorrido dos kilómetros". Se sentaron en la terraza del Varadero, "contemplando una de las mejores vistas de la ciudad". "Fernando, tírame una foto aquí, con la bandera nacional', dijo saboreando las palabras de forma engolada [...] Bernad, media sonrisa, ligeramente sonrosado, camisa blanca con rayas azules, pantalón oscuro, brazos cruzados y gesto de satisfacción, lucía pletórico".

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Era el 25 de febrero de 2012, y poco antes Iñaki Urdangarin "descendía a pie por la famosa rampa de acceso a los juzgados de la capital balear [...] Por fin había llegado el día de su declaración como imputado en la trama corrupta orquestada alrededor del Instituto Nóos, la adjudicación a dedo de más de seis millones de euros de dinero público para organizar foros de índole deportiva". Aunque la declaración del cuñado del Rey se alargó hasta bien entrada la madrugada y continuó el domingo, "el líder de Manos Limpias y su jefe de seguridad volvieron a Madrid el mismo sábado. Tenían que encargarse del impacto mediático, de rentabilizar la presencia de Manos Limpias, de lo verdaderamente importante para la organización, el eco social".

Virginia López Negrete, abogada de Manos Limpias, en Palma. (Reuters)
Virginia López Negrete, abogada de Manos Limpias, en Palma. (Reuters)

Lo cierto es que Manos Limpias "había saltado sobre el caso Nóos hacía poco más de un mes". El sindicato había decidido personarse como acusación popular ese mismo año. La idea de Bernad y compañía no era la de restablecer la justicia social, sino, como argumenta el periodista Javier Chicote en su libro 'Manos limpias, manos sucias' (Almuzara), la de "obtener repercusión mediática". Por las páginas del libro desfilan desde la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, al inevitable comisario Villarejo, Bárcenas, Correa y una nutrida nómina de banqueros, constructores, magistrados, fiscales y periodistas. El autor consiguió una copia de miles de documentos internos del sindicato y realizó decenas de entrevistas confidenciales que le han permitido contar una historia digna de un guion cinematográfico pero sin margen para la ficción.

Con el novio

El autor empieza describiendo a Virginia López Negrete, la abogada de Manos Limpias en el juicio de Nóos, como una letrada inexperta y torpe hasta el punto de acudir a las sesiones con su pareja. "No solo la acompañó su novio -relata-, sino que lo sentó en el estrado. En la entrada dijo que era un compañero abogado del sindicato y lo coló". En el historial como abogada de López Negrete, aparte de su sintonía con Miguel Bernad, había "recursos por multas de tráfico, algunos delincuentes comunes en Valladolid y poco más".

Además, describe la decisión de Manos Limpias de personarse en la causa contra Urdangarin y la Infanta como una gran operación mediática. "Manos Limpias no había hecho nada para destapar la trama corrupta que lideraban Iñaki Urdangarin y Diego Torres, pero querían sus réditos [...] La potencia informativa por tratarse del yerno del rey Juan Carlos I daba a esta parte de la investigación una dimensión nacional y hasta internacional. Que Manos Limpias entrara ahí contribuía a blanquear la imagen del sindicato. Ir contra un miembro de la Casa del Rey -primero, luego dos- era perfecto".

La infanta Cristina abandona los jurados tras una declaración. (EFE)
La infanta Cristina abandona los jurados tras una declaración. (EFE)

Así, la investigación del Palma Arena llevaba cinco años abierta y la pieza separada sobre Nóos casi dos, "pero Manos Limpias se personó justo cuando el marido de la infanta Cristina fue citado a declarar como imputado". En este orden de cosas, relata Chicote los tejemanejes de López Negrete para evitar que otra abogada relacionada con el sindicato, Montse Suárez, tuviera más protagonismo mediático.

Miguel Bernad, durante una rueda de prensa. (EFE)
Miguel Bernad, durante una rueda de prensa. (EFE)

Uno de los golpes mediáticos más recordados de aquellos días de instrucción del caso Nóos fue cuando el diario 'ABC' publicó unas fotos del juez Castro (el instructor) tomando gin-tonics en una terraza con Virginia López Negrete. El autor, responsable de aquella información, arroja luz sobre cómo consiguió las fotos y la repercusión que aquello tuvo. No fue el CNI, como se dijo, ni siquiera un paparazzi. Solo una feliz casualidad (un amigo del periodista estaba en el mismo local y fue quien tomó las imágenes).

Sea como fuere, Manos Limpias se alineó con el juez Castro y la Infanta terminó en el banquillo, aunque fue un momento de mucha tensión para el sindicato. El peldaño mediático que suponía acusar a la hija de un Rey era innegable, pero había muchas presiones. Y López Negrete no parecía estar muy fina. "En Ferraz [sede del sindicato] recharazon la actitud que tuvo la letrada el 8 de febrero de 2014, el día de la declaración de la infanta Cristina como investigada. Negrete recorrió la rampa como si fuera una pasarela. Se detuvo ante el enjambre de fotógrafos sonriendo a las cámaras, posando como si fuera una estrella, una diva".

Más oscuras son las maniobras que se sucedieron después para conseguir que se le retirara la acusación a la Infanta. "Bernad comenzó a darle vueltas muy seriamente a la posibilidad de retirar la acusación, pero eso había que hacerlo a cambio de algo". Lo que sigue a continuación es un desfile de personajes (como Fainé, García Revenga, el pequeño Nicolás y hasta el rey Juan Carlos), cantidades de dinero, conversaciones en restaurantes de Madrid y situaciones a veces lamentables. La historia, como saben, no tuvo un final feliz.

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