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FAMILIA REAL BRITÁNICA

El noviazgo frustrado de la princesa Ana que pudo haber cambiado la historia de Lady Di

La hija de la reina Isabel II vivió un amor de juventud que, de continuar, podría haber modificado por completo la actual foto de familia de los Windsor

Foto: La princesa Ana, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Ana, en una imagen de archivo. (EFE)

Antes de casarse con el capitán Mark Phillips en 1973, Ana de Inglaterra, única hija de la reina Isabel II, vivió un amor de juventud del que pocos se acuerdan. El romance terminó por un triste motivo, que se ha conocido a raíz de la emisión de un documental sobre la princesa. El afortunado que salió durante un breve tiempo con Ana y que a día de hoy conserva con ella una buena amistad es Andrew Parker Bowles, el que fuera el primer marido de Camilla Shand, actual duquesa de Cornualles, tras casarse en segundas nupcias con el príncipe Carlos. Tan buena es su relación que Ana lo eligió como padrino de bautizo de su hija, Zara Phillips.

La pareja salió a principios de los años 70, unidos por los caballos y por los ambientes elitistas en los que ambos se movían. Andrew pertenecía a la Armada británica y era por aquel entonces jugador de polo. De buena familia y con un futuro prometedor, parecía ser el candidato perfecto para convertirse en yerno de la reina Isabel II. Salvo por un detalle. Y no eran los once años de edad que los separan, sino las diferentes religiones que profesaban uno y otro. El exmarido de Camilla era católico, mientras que la princesa Ana pertenece a la religión anglicana, por lo que su madre, cabeza de la Iglesia de Inglaterra, no le hubiera permitido casarse con una persona fuera de esta fe.

La princesa Ana con Andrew Parker Bowles, en una imagen de archivo. (Getty)
La princesa Ana con Andrew Parker Bowles, en una imagen de archivo. (Getty)

Por aquel entonces, Ana era la cuarta en la línea de sucesión al trono, detrás de tres hermanos, dado que imperaba por aquel entonces la primogenitura masculina, es decir, prevalecía el varón sobre la mujer. De ella se esperaba que cumpliera a rajatabla las normas establecidas para los miembros de la familia real, especialmente en cuanto a los matrimonios. El precio a pagar era alto, ya que casarse libremente suponía renunciar a los derechos sucesorios, una norma vigente hasta después de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton. De hecho, ella se convirtió al anglicanismo para poder casarse y, aunque la ley cambió en 2013, Meghan Markle hizo lo mismo unos meses antes de su boda con el príncipe Harry en señal de respeto a la fe de su familia política.

¿Se imaginan qué hubiera pasado si ese noviazgo hubiera seguido hasta acabar en boda? Por lo pronto, Andrew no se habría casado con Camilla en 1973, el mismo año que Ana se casó con Mark Philips. Muy probablemente, con Camilla soltera, el príncipe Carlos no se hubiera casado con Diana Spencer y todo sería completamente distinto hoy en día. No podríamos hablar de Lady Di, la princesa del pueblo, ni por supuesto de sus dos hijos, como tampoco de sus respectivas esposas, que tantas y tantas noticias nos generan cada día. Desde luego, la foto de familia hubiera sido muy diferente.

La familia real británica, en el último Trooping the Colour. (Reuters)
La familia real británica, en el último Trooping the Colour. (Reuters)

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