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EL JOYERO REAL

Cinco (y media) de ocho: las joyas de pasar que ha llevado hasta ahora la reina Letizia

En la entronización de Naruhito de Japón, por ejemplo, lució uno de los collares de chatones de la reina Victoria Eugenia, que no se considera joya de pasar

Foto: Los Reyes en Japón. (EFE)
Los Reyes en Japón. (EFE)

“Dado en Lausanne, a 29 de junio de 1963. Yo, doña Victoria Eugenia de Battenberg y Windsor, Reina que fui de España por mi matrimonio con el Rey Alfonso XIII, de cuyo enlace subsistieron al presente cuatro hijos, llamados Don Jaime, Don Juan, Doña Beatriz y Doña Cristina, por el presente testamento ológrafo ordeno mi última voluntad según las siguientes cláusulas…”, así dan comienzo las últimas voluntades de la reina Ena, un testamento al que se sumaban dos codicilos. En uno de ellos, aparecen descritas las que son las joyas de pasar, que últimamente copan titulares gracias a la reina Letizia.

Después de años recibiendo críticas por su austeridad en lo que se refiere a joyas, la esposa de Felipe VI dio un gran paso en febrero de 2017 al estrenar tres de las piezas del lote. Desde entonces, y paulatinamente, doña Letizia ha ido sacando la artillería del joyero real de los Borbón. La última vez que estrenaba uno de estos tesoros fue el 6 de enero, durante la Pascua Militar, cuando la vimos por primera vez con el broche de brillantes y perlas grises.

La Reina con el collar de chatones pequeño. (EFE)
La Reina con el collar de chatones pequeño. (EFE)

Sin embargo, hace unos días la veíamos en Japón con una joya muy cercana a las de pasar, pero que realmente no lo es, algo que ha llevado a la confusión. Se trata del collar de chatones que llevó en la entronización de Naruhito. La reina Victoria Eugenia era una amante de los chatones y Alfonso XIII le regaló para su enlace un collar de Ansorena con 30 piezas valorado en 175.000 pesetas, siendo el presente de bodas más caro que recibió.

Cada vez que el Rey tenía que hacerle un regalo a su esposa, le entregaba dos diamantes que se incorporaban al collar. Fueron tantas las piezas que le entregó que al final el collar le llegaba a Ena por la cintura. Por eso decidió dividirlo, quedando uno más grande y otro más pequeño. Dejaría escrito en su testamento que "el grande", como ella lo llamaba, formaría parte del lote de joyas de pasar y recaería en don Juan, el heredero, mientras que el otro, más pequeño, con 27 diamantes, se lo dejó a su hijo Jaime.

Cuando don Juan Carlos ascendió al trono, doña Sofía recibió todas las joyas de pasar, en las que se incluía el collar de chatones grande, que ha lucido en infinidad de ocasiones. Sin embargo, en 1977, la que fuera segunda esposa de don Jaime subastó en Christie's el collar pequeño y en 1982 fue adquirido por alguien cercano a la Casa Real, volviendo así a manos de las mujeres Borbón. Parece que doña Letizia lució la versión de 27 diamantes, por lo que aún le queda por lucir el collar de pasar original.

Las joyas de pasar son ocho y Victoria Eugenia las describe de la siguiente manera:

Joyas de pasar

- "Una diadema de brillantes con tres flores de lis".

La estrenó en la visita de Estado de Argentina y la ha lucido también en su viaje a Reino Unido.

- "El collar con treinta y siete perlas grandes".

Fue en octubre durante un almuerzo con el presidente de Alemania cuando la Reina lució por primera vez esta joya. 

- "Un par de pendientes con un brillante grueso y brillantes alrededor".

Es, junto a las pulseras gemelas de Cartier, la pieza que más ha utilizado. Los lleva en las grandes ocasiones como cenas de Estado y también en actos de menos envergadura, como entregas de premios.

- "Dos pulseras iguales de brillantes".

A diferencia de la reina Sofía, Letizia suele lucirlas en la misma muñeca, salvo en casos extraños. Son también de sus favoritas.

- "Un broche con perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera".

Ha sido en esta Pascua Militar cuando la Reina ha desempolvado este broche de perlas grises. Doña Sofía también lo llevaba sin el colgante.

- "El collar de chatones más grande".

Es la joya más importante de los Borbón. La Reina todavía no lo ha lucido.

- "Un broche de brillantes del cual cuelga una perla en forma de pera llamada La Peregrina”.

Tampoco le hemos visto el broche con la Peregrina, una joya realmente excepcional.

- "Cuatro hilos de perlas grandes".

No se conoce exactamente a qué joya se refería la reina Victoria Eugenia.

De estas ocho piezas, doña Letizia ha lucido ya las cinco primeras, así que le quedan tres, en concreto el collar de chatones más grande, el broche del que cuelga una perla llamada la Peregrina y los cuatro hilos de perlas grandes. Un trío de alhajas con unas de gran valor, siendo el collar de chatones la joya más importante de los Borbón, y otras tan míticas como la Peregrina, de la que se dice que es falsa.

El mito de la falsa Peregrina

La perla Peregrina es una de las joyas más polémicas que existen a nivel mundial tanto por su inusual tamaño y forma –característica que le da el nombre- como por las leyendas que ha suscitado. Fue descubierta aproximadamente en 1514 en los mares del archipiélago de las Perlas (Panamá) por un esclavo. El alguacil mayor que controlaba su trabajo realizó, años más tarde, un viaje a Sevilla y aprovechó para venderle esta excepcional joya a Felipe II, quien la incorporó al joyero de la familia real española.

La Peregrina fue pasando de monarca a monarca hasta la llegada de José Bonaparte, quien ordenó al que ocupaba el trono entonces, Carlos IV, que le entregara todo el joyero real. José, conocido coloquialmente como Pepe Botella, dejó la perla a su sobrino, Napoleón III, que tras pasar por una crisis económica se la vendió al marqués de Abercorn, quien a su vez la vendió a una joyería inglesa.

Según la documentación, la joyería inglesa se habría puesto en contacto con Alfonso XIII para saber si le interesaba que las reinas de la familia real española pudieran volver a lucir la Peregrina, pero no llegaron a un acuerdo. Parece que el monarca se habría hecho con una perla similar para regalársela a su esposa Victoria Eugenia. El problema llegó en 1969, cuando la Peregrina salió a subasta en Nueva York. La Casa Real española negó que se tratara de la perla original, pues afirmaban que la que ellos guardaban en su joyero era la verdadera.

A pesar de los problemas iniciales, el 23 de enero la exclusiva gema fue vendida por 37.000 dólares a Richard Burton, quien se la regaló a su esposa, la actriz Elizabeth Taylor. Sin embargo, la polémica no terminó ahí. Un día más tarde, el 24 de enero, el portavoz de Victoria Eugenia apareció diciendo que la perla que habían subastado era falsa y que la verdadera estaba en su poder. Varios expertos negaron las acusaciones, aunque la Casa Real, a día de hoy, sigue afirmando que su perla es la auténtica Peregrina. Estamos deseando ver a la Reina con dicha pieza, sea falsa o no.

 Victoria Eugenia con los chatones.
Victoria Eugenia con los chatones.
La pieza más valiosa

También le falta por lucir, aparte de los cuatro hilos de perlas de los que tenemos poca información, el collar de chatones. En su forma original era una gargantilla realizada por la joyería Ansorena con 30 diamantes de 90 quilates que Alfonso XIII regaló a su prometida en 1906. En ese momento fue valorado en 145.000 pesetas, siendo el regalo más valioso que recibió la reina Ena.

Inspirado por la novela de Dumas 'Los tres mosqueteros', en cada fecha señalada -como cumpleaños, nacimientos...-, Alfonso XIII entregaba a su esposa dos diamantes que esta sumaba a su gargantilla. Recibió tantos que el collar fue creciendo hasta que le llegaba a la cintura. Antes de morir, Victoria Eugenia dividió los chatones en dos collares y dejó escrito que "el collar de chatones más grande" se incluyera en el lote de pasar.

El collar "más pequeño" se lo dejó a su hijo Jaime. En 1977, la segunda esposa del infante subastó la pieza en Christie's Ginebra y fue comprado por el joyero madrileño Alejandro Vega. En 1982 el collar "pequeño" fue adquirido por alguien cercano a la familia real y doña Sofía lo luciría ese mismo año en la cena con motivo de la visita de Estado del entonces presidente de Francia, François Mitterand. Y 37 años después, ya lo hemos visto adornando el cuello de la reina Letizia, que lo lucía por primera vez en la ceremonia de coronación de Naruhito de Japón. No es una joya de las consideradas 'de pasar', pero sí es una pieza muy importante del actual joyero real.

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