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AQUÍ TIENEN AMIGOS, FAMILIA Y HASTA MÉDICOS

Cuando los Reyes y sus hijos (doña Letizia incluida) paseaban relajados por Barcelona

Esta semana, la intensa hostilidad de un grupo de catalanes ha puesto de manifiesto que los Reyes no lo tienen fácil para recuperar la cotidianidad que envolvía sus viajes a Cataluña

Foto: La reina Sofía sonríe a la infanta Cristina cerca del hospital Clínico de Barcelona. (EFE)
La reina Sofía sonríe a la infanta Cristina cerca del hospital Clínico de Barcelona. (EFE)

Corrían los 90 y en Baqueira se daba cita cada fin de semana lo más de la jet del país. Los reyes Juan Carlos I y Sofía y sus tres hijos, Elena, Felipe y Cristina, iban al Valle de Arán a esquiar y codearse con la realeza era el mejor plan para muchos. Aquellos años de mucha nieve y buen esquí, los jóvenes salían de cena y a bailar, y era muy frecuente encontrarse con la familia real. La imagen del entonces príncipe Felipe bailando en la pista de Tiffany’s vigilado de lejos por los guardaespaldas era un clásico.

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Nada que ver con lo que ha sucedido esta semana, cuando el ya rey Felipe VI y su familia han visitado Barcelona rodeado de unas medidas de seguridad excepcionales. “Nos han ‘cambiao’ los tiempos”, cantaba Ketama en aquellos felices 90. Ya ni la reina Letizia, que viajaba con frecuencia a Barcelona para visitar a su hermana Telma, puede pasar desapercibida en el hotel Alma, donde se la había visto tantas veces.

Gerardo Pisarello, del Ayuntamiento de Barcelona, ayuda a retirar el busto del rey Juan Carlos I del Salón de la Reina Regente. (EFE)
Gerardo Pisarello, del Ayuntamiento de Barcelona, ayuda a retirar el busto del rey Juan Carlos I del Salón de la Reina Regente. (EFE)

La relación de la familia real con Cataluña, en especial con Barcelona, ha sido estable y cercana hasta hace pocos años. No era solo Baqueira, Barcelona siempre fue una segunda casa para la familia, incluso antes de que la infanta Cristina decidiera instalarse aquí y vivir como una más. Los gestos políticos tampoco han ayudado a mantener un clima de normalidad. El Ayuntamiento de Barcelona retiró el busto de don Juan Carlos I y han cambiado nombres de calles relacionadas con la familia real: la avenida Príncipe de Asturias y el paseo Juan de Borbón ya ni siquiera se llaman así.

La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, en el Trofeo Conde de Godó de tenis. (Reuters)
La infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, en el Trofeo Conde de Godó de tenis. (Reuters)

Eran otros tiempos, decíamos. Entre la burguesía catalana se recomendaban los médicos siempre con una apostilla: “Es el médico del Rey”. Desde el otorrino hasta el traumatólogo, si era el del Rey, era el bueno, puesto que el monarca se sometía aquí a sus frecuentes chequeos de salud. Sin embargo, en junio de 2011 fue la última vez que pisó un centro sanitario catalán. Aquel año nacía lo que conocemos hoy como el 'procés'.

Su querida clínica Planas

Las primeras protestas, lideradas por el asalto al Parlament por grupos afines al 15-M, coincidieron con una operación quirúrgica del todavía Rey en Barcelona. Don Juan Carlos se había sometido en Madrid a una artoplastia como consecuencia de la artrosis. La intervención duró tres horas, y dos días después, el rey Juan Carlos fue trasladado desde el hospital San José de Madrid hasta la clínica Planas de Barcelona, donde comenzó su rehabilitación médica, que duró cerca de dos semanas.

El rey Juan Carlos I, junto a la exconsejera de Salud, Marina Geli, defiende la sanidad pública en el Clínico de Barcelona. (EFE)
El rey Juan Carlos I, junto a la exconsejera de Salud, Marina Geli, defiende la sanidad pública en el Clínico de Barcelona. (EFE)

Las visitas de don Juan Carlos a la capital catalana eran constantes, incluso fuera de sus chequeos médicos. Uno de sus mejores amigos, José Cusí, es un catalán de esos de pura cepa, e intentan hablar cada día por teléfono ahora que no se ven tanto. Antes, sus comidas en el Real Club Náutico eran famosas por sus largas sobremesas y su buen rollo.

EL empresario Luis Conde, en el centro, observa a don Juan Carlos I y su gran amigo José Cusí. (EFE)
EL empresario Luis Conde, en el centro, observa a don Juan Carlos I y su gran amigo José Cusí. (EFE)

Barcelona desapareció de la agenda oficial del Rey emérito pero no de la personal. La última vez que estuvo en Cataluña fue en 2017, en una visita privada de la que tuvo noticia Vanitatis. Antes, se le vio en el citado Náutico con su hija, la infanta Cristina, con quien tomó un café en plena ebullición del caso Nóos.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, en la boda de Pablo Lara García y Anna Brufau, en Barcelona. (EFE)
La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, en la boda de Pablo Lara García y Anna Brufau, en Barcelona. (EFE)

La hija menor de los Reyes eméritos era apodada la Nostra, en Cataluña, donde se instaló en 1992. Aquí se casó con un vasco-catalán, Iñaki Urdangarin, y tuvo a todos sus hijos, Juan, Pablo, Miguel e Irene, también catalanes. Durante los más de 20 años que la Infanta vivió en Barcelona las anécdotas poblaban los mentideros de la ciudad. Todos la conocían, todos la habían visto en algún sitio. Compartían clase de aerobic en el gimnasio Iradier (Arsenal, en la actualidad), cenas en el restaurante Mussol, bocatas de madrugada en el bar París, clases de natación para bebés en Leonarmi.

La reina Sofía, una más

Era muy habitual verla por Sarriá-Pedralbes, barrio en el que siempre vivió. Las visitas de su madre, la reina Sofía, y su hermana, la infanta Elena, eran constantes. Muchos barceloneses de la alta sociedad tienen fotos en su casa con doña Sofía y Elena en situaciones familiares.

La reina Sofía y el añorado Pasqual Maragall, en 2011. (EFE)
La reina Sofía y el añorado Pasqual Maragall, en 2011. (EFE)

Incluso en Twitter se recuerda estos días como era frecuente ver a la Reina y a sus hijas en la ciudad, pasear tranquilamente, casi como una más. Y no ha sido solo esta parte de la familia. Hay que tener en cuenta que hasta hace bien poco la hermana de la reina Letizia, Telma Ortiz, vivía en Barcelona. Y no tengan duda alguna: recibía la visita de su familia. Muchos han visto a la Reina en el hotel Alma, en el Eixample de Barcelona, tomando algo en su maravilloso jardín urbano o en el restaurante.

EL rey Felipe VI, esta semana en Barcelona en los X Premios Princesa de Girona. (EFE)
EL rey Felipe VI, esta semana en Barcelona en los X Premios Princesa de Girona. (EFE)

Pero incluso esa banalidad se ha convertido en los últimos tiempos en deporte de alto riesgo. Ha quedado en evidencia esta semana. Lo que debía ser una visita amable, una oportunidad para tender puentes y activar el diálogo entre partes enfrentadas, se convirtió en un acto lleno de hostilidad en el que los Reyes se tuvieron que esconder porque algunos ciudadanos decidieron que no son bienvenidos aquí. Un solo escupitajo hace mucho más ruido que cientos de sonrisas.

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