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SU AÑO MÁS DIFÍCIL

Charlène de Mónaco a los 42: el ¿cumpleaños feliz? de la princesa triste

La esposa de Alberto de Mónaco llega este sábado a los 42 años con la fama de triste y seria persiguiéndola desde que se casara hace casi nueve años

Foto: La princesa Charlène, durante el Día Nacional de Mónaco. (EFE)
La princesa Charlène, durante el Día Nacional de Mónaco. (EFE)

Charlène, princesa de Mónaco, cumple este sábado 42 años. Y no se puede decir que sea precisamente un cumpleaños feliz. De hecho, muchos medios se refieren a ella en Europa como la 'princesa triste', por el aspecto serio y taciturno que suele mostrar en cada una de sus apariciones públicas, denotando cierta incomodidad que no se molesta en disimular. Ni en actos solidarios, ni en fiestas nacionales, ni en citas multitudinarias. La sonrisa no es el rasgo más característico de la esposa de Alberto de Mónaco.

Lo cierto es que el 2019 no ha sido un año fácil para ella, por lo que esta celebración de cumpleaños va a ser un tanto agridulce. Consciente de que no da la imagen que debería dar, fue la propia Charlène la que explicó los motivos de su tristeza en una entrevista que concedió recientemente a una publicación sudafricana. En un intervalo de diez días, perdió a dos buenos amigos, además de que su padre, Michael Wittstock, tuvo varios problemas de salud por los que tuvo que ser operado: "Este año definitivamente me dio un golpe bajo. La gente es muy rápida para decir: 'Oh, ¿por qué ella no sonríe en las fotos?'. Bueno, a veces es difícil sonreír. No saben lo que está pasando en el fondo".

Charlène y Alberto de Mónaco, en una de sus últimas apariciones públicas. (EFE)
Charlène y Alberto de Mónaco, en una de sus últimas apariciones públicas. (EFE)

Claro que esta explicación no convenció a muchos, dado que su rictus serio ha sido algo inherente a ella prácticamente desde su boda. De hecho, la princesa de Mónaco es la protagonista de un surrealista rumor que corre desde aquel 1 de julio de 2011, cuando se convertía en la esposa de Alberto de Mónaco. Se cuenta que unos días antes de la boda, la sudafricana intentó escapar de Mónaco y de la vida que le tocaría tener tras dar el 'sí, quiero'. El personal de palacio la interceptó, consiguiendo que Charlène se lo pensase mejor y volviera a casa. Una teoría que nunca se podrá confirmar, pero que para muchos explica las lágrimas durante su boda, que parecían más de amargura que de felicidad.

Hasta ahora, las escasas ocasiones públicas en las que la hemos visto sacar una sonrisa ha sido acompañada de sus hijos, Jacques y Gabriella. Pero lo cierto es que tampoco han sido muchas. Diferente es cuando disfruta de citas privadas en las que se cree a salvo de las cámaras: Charlène ríe, Charlène se divierte, Charlène baila, Charlène bebe... Una actitud por la que también ha sido muy criticada. Y pronto tendremos una oportunidad para ver si su semblante es el mismo de siempre o lo ha relajado. Será en las celebraciones de Santa Devota, que tendrán lugar domingo y lunes. Toda una tradición en el principado a la que no puede faltar. Eso sí, sonreír es otra historia.

La princesa Charlène, durante el Día Nacional de Mónaco. (EFE)
La princesa Charlène, durante el Día Nacional de Mónaco. (EFE)

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