Es noticia
Menú
Deporte, rutina y anonimato: la vida de los Urdangarin Borbón en Ginebra
  1. Casas Reales
FAMILIA DEL REY

Deporte, rutina y anonimato: la vida de los Urdangarin Borbón en Ginebra

Desde que en el año 2013 la familia se mudó al número 12 de la aristocrática Rue de Granges ha logrado pasar desapercibida, sin filtraciones sobre su día a día

Foto: Las infantas Elena y Cristina, de paseo por Ginebra. (Getty)
Las infantas Elena y Cristina, de paseo por Ginebra. (Getty)

Están en la retina las fotos de una familia sonriente, los cuatro niños con el sol de la tarde sobre un bucólico puente, su madre les hace una foto. Acaban de llegar a la ciudad y están de turismo, descubriendo sus rincones. Después, periódicamente, iban llegando más fotos. La pequeña, Irene, aprendiendo a andar en bicicleta sin ruedines en el parque de al lado de casa. El padre practicando deporte. La madre saliendo a trabajar. La rutina, la querida y ansiada rutina anónima de la familia Urdangarin Borbón, que en Ginebra ha encontrado un lugar donde a nadie le importa quiénes son.

Cuando se mudaron al cantón suizo, en el año 2013, la familia escogió un ático de cuatro habitaciones y cerca de 200 metros cuadrados en el casco antiguo de Ginebra. Viven en la famosa Rue des Granges, donde los guías se detienen para explicar a los turistas que allí anidaba en tiempos la aristocracia suiza. Las residencias, en su mayor parte, todavía están habitadas por familias patricias protestantes que formaron parte de la historia de Ginebra en los siglos XVIII y XIX. Las grandes puertas cerradas y protegidas de la curiosidad ajena esconden pisos luminosos y alejados del poder adquisitivo del común de los mortales.

Las mansiones se encuentran donde antes había graneros y establos, de ahí el nombre de la calle, de los Graneros. "El poder financiero y cultural que gobernaba la pequeña República se concentró allí", dice el historiador Bernard Lescaze en un reportaje sobre la arteria en la suiza 'Le Temps'. Y sigue siendo, en cierta forma, una fortaleza bien protegida por la alta burguesía suiza donde no entra cualquiera. Una infanta de España es, por supuesto, muy bien recibida. El alquiler de uno de estos pisos se sitúa entre los 6.000 y los 10.000 francos suizos (entre los 5.500 y los 9.500 euros) al mes.

placeholder Los medios españoles, en la puerta del domicilio ginebrino de la infanta Cristina. (EFE)
Los medios españoles, en la puerta del domicilio ginebrino de la infanta Cristina. (EFE)

La familia se incorporó rápidamente a las rutinas de la ciudad. Evitan las zonas más turísticas, pero cogen el tranvía, disfrutan del lado más relajado de Ginebra en el parque de los Bastiones (muy cercano a su casa) y del perímetro ginebrino del famoso lago Lemán.

Sin filtraciones

Allí nadie les presta demasiada atención. Los hijos han estudiado en la Escuela Internacional de Ginebra, Ecolint, una de las más prestigiosas del mundo. Es una de las mejores opciones educativas en Suiza. Sin ser tan cara como los famosos internados helvéticos (entre 20 y 30.000 francos suizos por año dependiendo del curso), es claramente una de las más destacadas de Ginebra. Respecto a los Urdangarin, jamás ha habido una filtración acerca de sus actividades, sus resultados académicos o sus amigos, como sí las han sufrido Felipe y Victoria Marichalar aquí en España.

El día a día de la familia en Ginebra es, en realidad, un misterio. Cuando se anunció que Urdangarin haría labores de voluntariado en Don Orione, se adujo, entre otras razones, que el deportista ya tenía experiencia en este campo, algo de lo que no se tenía constancia. ¿Ha sido esa su actividad durante estos años de paro laboral en el cantón? Pablo Urdangarin se convirtió en jugador profesional de balonmano a espaldas del ojo público. Solo trascendió cuando fue fichado como un profesional más por un club alemán.

placeholder La infanta Cristina, saliendo a trabajar de su casa suiza. (EFE)
La infanta Cristina, saliendo a trabajar de su casa suiza. (EFE)

Cada mañana, sobre las ocho, la infanta Cristina sale de su casa en dirección a las oficinas de la Fundación Aga Khan, en la avenida de la Paz. Se trata de un gigante filantrópico que extiende sus tentáculos por casi cualquier campo, de la educación a la arquitectura, la agricultura, la salud o el desarrollo industrial. La entidad que preside el Aga Khan ha sido tradicionalmente muy reacia a explicar las labores concretas de la Infanta dentro de su organigrama, pero Vanitatis ha podido confirmar que doña Cristina está centrada en el Aga Khan Trust and Culture, coordinando la colaboración entre las pequeñas entidades que integran la gran red del Aga Khan.

Referente en la cooperación

Fuera del ámbito español, donde su nombre está asociado inevitablemente al asunto Nóos, la Infanta ha sido un referente en el mundo de la cooperación. Cristina de Borbón ha luchado especialmente contra la mortalidad infantil desde su compromiso con Gavi Alliance en 2005, una asociación que promueve la vacunación de los niños en países desfavorecidos. "Estamos muy agradecidos por su fuerte y duradero compromiso con Gavi y con la salud de los niños", la piropeó el CEO de la asociación. A ella y a La Caixa. Desde aquel acuerdo que lideró la Infanta y en el que ahora están involucrados también el matrimonio formado por Bill y Melinda Gates, han sido vacunados más de 5 millones de niños de zonas especialmente vulnerables de África y Latinoamérica.

El alto precio de la vida en Suiza (y la vigilancia impuesta por el Ministerio del Interior) ha impedido que las agencias españolas pudieran mantener una guardia permanente a las puertas de su domicilio. Los periodistas españoles solo se desplazan a Ginebra en momentos señalados, pero por lo demás solo se fotografía a la familia Urdangarin cuando pisa territorio nacional, y no siempre. Por su trabajo en la entidad catalana se veía obligada a viajar un par de veces al mes a Barcelona, y otras tantas para visitar a su marido en la cárcel de Brieva.

placeholder Las infantas Elena y Cristina, en el último adiós a Germán López Madrid. (Lagencia Grosby)
Las infantas Elena y Cristina, en el último adiós a Germán López Madrid. (Lagencia Grosby)

La Infanta está llevando con estoicismo la ausencia de su marido del hogar familiar. La hermana del rey Felipe VI ha intentado suplir el papel de padre y madre. En septiembre se la vio en Nantes, la ciudad donde se ha instalado su hijo Pablo este año para jugar con el filial del HBC Nantes. También se la vio en Madrid en octubre, acudiendo a dar el último adiós a Germán López Madrid, a cuya familia está muy unida (su viuda, María José Gómez Rodulfo, es buena amiga de Cristina y en los malos momentos le ha brindado su apoyo). En la boda de Jaime Urquijo Zobel de Ayala y Alexandra Suárez y, más recientemente, en el último adiós a su tía la infanta Pilar. Se la espera, por cierto, esta semana en el funeral por doña Pilar en El Escorial.

Una hiperactividad que quizá dé paso a una vida más tranquila una vez que todo gire en torno a Ginebra.

Están en la retina las fotos de una familia sonriente, los cuatro niños con el sol de la tarde sobre un bucólico puente, su madre les hace una foto. Acaban de llegar a la ciudad y están de turismo, descubriendo sus rincones. Después, periódicamente, iban llegando más fotos. La pequeña, Irene, aprendiendo a andar en bicicleta sin ruedines en el parque de al lado de casa. El padre practicando deporte. La madre saliendo a trabajar. La rutina, la querida y ansiada rutina anónima de la familia Urdangarin Borbón, que en Ginebra ha encontrado un lugar donde a nadie le importa quiénes son.

Infanta Cristina Iñaki Urdangarin
El redactor recomienda