Los mensajes angustiosos de la princesa saudí encarcelada por su primo el heredero
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Los mensajes angustiosos de la princesa saudí encarcelada por su primo el heredero

La princesa Basma, que criticó con moderación la monarquía de Arabia Saudí, lleva más de un año en una prisión de alta seguridad a la que también fue enviada una hija suya

Foto: La princesa Basma. (Cordon Press)
La princesa Basma. (Cordon Press)

“Como quizás sepan (¿) actualmente estoy arbitrariamente detenida en la prisión de Al Hayer sin haber sido acusada penalmente (…). Mi salud se está deteriorando gravemente y eso podría provocarme la muerte. No recibo atención médica ni respuesta a las cartas que envié al Palacio Real. Fui secuestrada, junto con una de mis hijas, sin que se me diera explicación alguna y arrojada en prisión” a principios de 2019. Concretamente fue a dar con sus huesos en la celda 108 del módulo B9 de la cárcel de alta seguridad de Al Hayer, a una treintena de kilómetros al sur de Riad, la capital de Arabia Saudí.

La que escribió el miércoles estos angustiados mensajes en su cuenta oficial de Twitter no es una disidente política, ni una terrorista ni una delincuente común. Es la princesa Basma bint Saud bin Abdulaziz Al Saud, de 56 años, hija pequeña del rey Saud bin Abdulaziz Al Saud, que reinó once años (1953-1964).

Los tuits están dirigidos, y así empieza su hilo en la red social, a su “querido tío” el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, de 84 años, y a su primo, Mohamed bin Salman, de 34 años, más conocido por sus iniciales (MBS) cuando su nombre se trascribe al alfabeto latino. Desde que, en junio de 2017, se convirtió en príncipe heredero, sustituyendo al designado hasta entonces, el príncipe Mohamed bin Naif Abdulaziz Al Saud, MBS es quien manda en Arabia Saudí. Su octogenario padre padece alzhéimer como atestiguan algunas de sus audiencias con mandatarios extranjeros a los que ha preguntado por la salud de personajes fallecidos.

Resto del hilo del tuit de la princesa. (Twitter)
Resto del hilo del tuit de la princesa. (Twitter)

La princesa Basma y su hija Sohd Al-Sharif desaparecieron a finales de febrero de 2019 cuando se disponían a embarcar en Yeda para Ginebra, en un vuelo privado de la compañía Redstar. En Suiza debía recibir un tratamiento urgente por indicación de su médico. No hizo el viaje y desapareció.

“Nadie sabía dónde estaba, nos temíamos lo peor”, declaró meses después su abogado, el norteamericano Leonard Bennett, a la Deutsche Welle (DW), la radio televisión pública alemana, el medio de comunicación que desveló en noviembre pasado la desaparición de la princesa. El letrado llegó a la conclusión de que estaba sometida a “un arresto domiciliario” sin haber sido procesada.

Su suerte ha sido peor. La princesa Basma regresó, el 28 de febrero de 2019, a su casa de Yeda, donde la esperaban nueve hombres armados que la apresaron para, le dijeron, llevarla ante MBS, pero la condujeron a la cárcel. El diario 'ABC' publicó el mes pasado un vídeo con las imágenes de sus secuestradores esperándola en su piso tomadas por las cámaras de seguridad de la vivienda hasta que los agentes se dieron cuenta de que estaban siendo grabados y las taparon con unos trapos.

La princesa Basma bint Saud Al Saud. (EFE)
La princesa Basma bint Saud Al Saud. (EFE)

La princesa presa tiene derecho, según 'ABC', a una visita semanal. Es posible que haya encargado a su visitante que enviara el miércoles esos mensajes desde su cuenta de Twitter. Están redactados en inglés y árabe y dirigidos también, además de a su tío y a su primo, a los presidentes de varios países, empezando por Donald Trump, a ONG de defensa de los derechos humanos y a grandes medios de comunicación.

Amenaza potencial

Rothna Begum, investigadora principal de derechos de la mujer de la ONG Human Rights Watch (HTW), no se mostró sorprendida por el encarcelamiento de la princesa Basma. Recordó que había “criticado abiertamente el historial del país en materia de derechos de la mujer en el pasado y su arresto demuestra que ninguna mujer, sin importar sus lazos familiares, es intocable si se la considera una amenaza potencial". Varias defensoras de los derechos de la mujer, como Loujain al-Hathloul, Eman al-Nafjan, Aziza al-Yousef y Samar Badawi, fueron detenidas entre mayo y julio de 2018 y desde entonces permanecen en prisión sin haber sido juzgadas.

Aunque no es una revolucionaria, la princesa Basma, que estudió psicología y medicina en la Universidad Árabe de Beirut, es un miembro incómodo de la familia real por su preocupación por los derechos humanos y sus ideas reformistas formuladas con prudencia en artículos en 'Al Medina' o 'Al Hayat', periódicos de su país, y con más contundencia en entrevistas en medios de comunicación anglosajones como 'The Independent', 'Vanity Fair' o la BBC.

En sus escritos abogaba por convertir a Arabia Saudí en una monarquía constitucional. Denunciaba además la “injusta distribución de la riqueza” en el reino, también en el seno de la numerosísima familia real. “La realeza cuenta con 15.000 miembros (…) en Arabia Saudí", explicaba a 'The Independent' en 2012. “De esos hay 2.000 que son multimillonarios, que ostentan todo el poder, toda la riqueza y nadie puede pronunciar una palabra contra esa situación (…)”, añadía.

La princesa, en una imagen de archivo. (Getty)
La princesa, en una imagen de archivo. (Getty)

Declaraciones públicas

Su última intervención pública se produjo en enero de 2018 cuando, en una entrevista en la BBC, pidió que su país dejara de intervenir en la guerra civil en Yemen, que empezó en 2015 y en la que Arabia Saudí ha sido uno de los protagonistas porque así lo decidió MBS. En cuatro años más de cien mil niños han muerto allí de malnutrición. Pese a sus críticas, siempre proclamó su lealtad a la familia real. “Sigo siendo una ciudadana obediente y siempre estaré detrás de la familia real”, afirmó, por ejemplo, a 'The Independent'.

El diario 'ABC' achacaba, sin embargo, en marzo a motivos más prosaicos la reclusión de la princesa Basma. Desde 2016 lucha a brazo partido para recuperar para ella y sus 114 hermanos unas extensas tierras y una fortuna, depositada en Suiza, de unos 2.000 millones de dólares, que el rey Faisal bin Abdulaziz arrebató a su padre en 1964 cuando aprovechó un viaje al extranjero para apoderarse del trono.

MBS acostumbra a detener a los que amenazan su poder. A principios de marzo, una veintena de miembros de la numerosísima familia real saudí fueron arrestados acusados de fomentar un supuesto golpe de Estado para derrocar al príncipe heredero y hombre fuerte del reino, según reveló 'Middle East Eye', un diario digital publicado en Londres. La princesa Basma no suponía, sin embargo, ningún peligro para los ambiciosos planes de MBS.

Al príncipe heredero se le considera como el instigador del asesinato, en octubre de 2018, del periodista disidente saudí Jamal Khashoggi en el Consulado de Arabia Saudí en Estambul. Desde entonces ha hecho algunos gestos para intentar blanquear su imagen, muy deteriorada, ante la comunidad internacional. El encarcelamiento de Basma no ayuda a mejorar su reputación. De ahí que a ojos de diplomáticos occidentales acreditados en Riad resulte incomprensible.

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