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El príncipe Andrés, ¿víctima o verdugo?: las nuevas dimensiones del caso Epstein

El asesinato, el chantaje y el espionaje han entrado en juego en la ya de por sí truculenta trama que supone el caso Epstein, con el asesinato del hijo de la jueza que llevaba el proceso

Foto: El príncipe Andrés, en una imagen de archivo. (EFE)
El príncipe Andrés, en una imagen de archivo. (EFE)

El caso Epstein, en el que supuestamente está implicado el príncipe Andrés, ha adquirido una dimensión, si cabe, aún más truculenta, después de que este fin de semana Esther Salas, la jueza designada para llevar el proceso, sufriera un asalto en su casa, en el que falleció su hijo y su marido resultó herido de gravedad. No fue una simple coincidencia. El asesino iba ataviado con un uniforme de una conocida compañía de mensajería y llamó al timbre de la casa de Nueva Jersey donde vive la jueza, para disparar en cuanto se abrió la puerta. Y, aunque resultó ilesa porque estaba en el sótano, al parecer el objetivo del ataque era la propia magistrada, que ya había denunciado algunas amenazas.

Este asesinato no ha hecho sino disparar las teorías. Solo cuatro días antes del suceso, Esther Salas había sido designada para llevar el proceso judicial, que también salpicaba al Deutsche Bank por su vinculación económica con Epstein. En teoría, el empresario era el cabecilla de la trama de tráfico sexual de menores, con su pareja, Ghislaine Maxwell, como su mano derecha y 'proveedora' de las chicas. Pero teniendo en cuenta que ella está detenida y él fallecía hace ahora un año, la pregunta está en el aire: ¿quién está implicado con tanto poder como para encargar el asesinato de la jueza?

El príncipe Andrés, en una imagen de archivo. (Reuters)
El príncipe Andrés, en una imagen de archivo. (Reuters)

Pero aún hay más. Las últimas noticias relacionan a Jeffrey Epstein con el espionaje israelí, con la red de pederastia como una forma de penetrar en la sociedad de elite de alto perfil. Unas situaciones gracias a las que Epstein y su compañera podían grabar vídeos sexuales que luego les servían para chantajear a esos hombres poderosos. Así, los nombres que hemos conocido supuestamente implicados en esta red, como Bill Clinton o el propio príncipe Andrés, pasarían de ser verdugos a víctimas. Pero la respuesta a esta duda solo la tiene una persona, Ghislaine Maxwell, la guardiana de los secretos y de la verdad sobre la vinculación del hijo de Isabel II con esta red de tráfico sexual de menores.

Con la nueva dimensión que adquiere el caso, las cosas se ponen aún más feas para el príncipe Andrés. El horizonte no era ya demasiado halagador, puesto que su relación con Epstein estaba más que probada, además de mentir sobre si conocía o no a Virginia Roberts, la mujer que lo denunció por haberla violado con solo 17 años. Pero, además, el hecho de que después de todos meses se haya negado a colaborar con el FBI lo ha puesto varias veces en el punto de mira de los investigadores del caso. Motivos más que suficientes para que se haya borrado todo rastro de su presencia en la boda de su hija Beatriz, el pasado viernes.

Los novios, con la reina Isabel y el duque de Edimburgo. (Reuters)
Los novios, con la reina Isabel y el duque de Edimburgo. (Reuters)

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