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CASA REAL

La tensa visita de Juan Carlos I a la sede del 'New York Times': lo que no se ha contado

El Rey pidió un encuentro con los responsables del prestigioso periódico y acabó enfadado y amenazante cuando le preguntaron por las presuntas comisiones que cobraba

Foto: Spottorno, Margallo, don Juan Carlos y Bill Clinton, en Nueva York en 2012. (EFE)
Spottorno, Margallo, don Juan Carlos y Bill Clinton, en Nueva York en 2012. (EFE)

Cuando en ‘The New York Times’ deciden publicar un artículo de investigación, los periodistas encargados de la noticia pasan días trabajando con decenas de fuentes. Así sucedió en otoño de 2012: Doreen Carvajal, especialista en realeza, y Raphael Minder, corresponsal del periódico en España, trabajaban para desentrañar cuál era la fortuna de Juan Carlos I. Y llamaron a Zarzuela para preguntar. La alerta corrió como la espuma y llegó a oídos del monarca, quien decidió parar el golpe. Una estrategia que resultó ser contraproducente. Acostumbrado a tener a los medios bajo control, don Juan Carlos se topó con el periodismo de verdad, ese que no se amedrenta ante el poder, y sus intentos de frenar la información la convirtieron en objeto de deseo.

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En Vanitatis tenemos la información de primera mano de lo que sucedió aquella mañana en la redacción de la Octava Avenida: el Rey entró ufano y salió enfadado, amenazando a los redactores y dando un portazo que le costaría un artículo criticado entonces y rescatado ahora por todos. El Rey tenía una fortuna de 1.500 millones de euros de dudosa procedencia.

Juan Carlos I. (Alarmy)
Juan Carlos I. (Alarmy)

Volvamos al inicio, a las llamadas. Una vez que don Juan Carlos sabe de la intención del periódico, se pone manos a la obra. Casualmente tiene un viaje programado a Estados Unidos, con parada en Nueva York (un acto de la fundación de Bill Clinton), así que se pone en contacto con su amigo el editor Juan Luis Cebrián para que le eche un cable. Lo ha recordado Cebrián hace poco: “No sé si lo puedo contar, la famosa entrevista del 'New York Times' que salió tan mal, esa la organicé yo, porque me lo pidió el. Yo estaba en Estados Unidos, soy amigo de Arthur Sulzberger y lo llamé y le dije que iba a estar y que a lo mejor era bueno que se reunieran. Los servicios de la Casa Real no querían y fue él”.

Reporteros directos

¿Qué salió tan mal? El Rey llegó a la redacción acompañado del jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, y del ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, para reunirse con el staff del periódico. Le esperaban en una sala, a la que entraron también varios reporteros con preguntas directas preparadas para la ocasión, tal como recuerda a Vanitatis una de las personas presentes en la habitación. Todo empezó suave pero enseguida llegaron los momentos incómodos.

El encuentro, que duró una hora aproximadamente, se endureció cuando le presentaron la información que tenían. ¿De dónde habían salido los casi 1.500 millones de euros que le atribuía el periódico? ¿Era cierto que cobraba comisiones por los negocios que hacía en nombre de España? ¿Controlaba Su Majestad a los medios españoles?

El rey Juan Carlos. (Reuters)
El rey Juan Carlos. (Reuters)

Las preguntas cayeron como una losa sobre el monarca, que en lugar de salir por peteneras, se enfrentó a los periodistas, “visiblemente enfadado y ofendido”. Lo recuerdan entre risas quienes allí estaban, orgullosos de haber logrado tocarle la fibra. Para ellos, Juan Carlos I no era más que otro personaje internacional a quien enfrentarse con sus informaciones. Y su enfado no hacía más que darles la razón.

Una cena plácida

El “cordón sanitario” del que habla, entre otros, Juan Luis Cebrián se desvaneció aquella mañana. La pregunta sobre las comisiones fue la que más enfureció al monarca, que “llegó incluso a amenazar” al reportero que le inquirió sobre el cobro de dinero ilegal. El Rey se fue airado de la redacción, consciente, seguramente, de que no saldría airoso de aquella ‘trampa’.

Si había ido a la redacción es porque el día antes se había sentido cómodo con el propietario del periódico, según cuenta Ana Romero en su libro ‘Final de partida’ (La Esfera, 2013), en el que relata los últimos años de reinado de don Juan Carlos. Cebrián es amigo de Arthur Sulzberger Jr., actual editor del prestigioso medio, y acudió a él en busca de ayuda a petición del Rey.

El editor del 'New York Times', Arthur Ochs Sulzberger Jr. (Reuters)
El editor del 'New York Times', Arthur Ochs Sulzberger Jr. (Reuters)

Así lo recuerda Romero: “Se organizó una cena con el rey en casa del legendario editor del Times en Manhattan y al día siguiente un encuentro con el consejo editorial en la sede del periódico”. La cena, según Romero, “parece que fue muy bien”. No así, como aquí contamos, la reunión en el periódico.

"Cordón sanitario"

Hablábamos de Cebrián. Es él quien, en el podcast de Spotify 'XRey', admite que “hubo una especie de cordón sanitario que no estableció directamente nadie, ni siquiera el Gobierno”. Esa protección no existía en Estados Unidos y menos en el ‘New York Times’, que a los cuatro días de la visita de Juan Carlos I publicaba un duro artículo en el que pormenorizaba la fortuna del monarca, que cifraba en 1.800 millones de dolares, y ponía en cuestión sus maneras de moverse en el mundo financiero internacional.

Artículo del 'New York Times' publicado en octubre de 2012. (NYTimes)
Artículo del 'New York Times' publicado en octubre de 2012. (NYTimes)

Desde Casa Real respondieron a las informaciones: “Solo se puede explicar por haber entendido ustedes, erróneamente, que los bienes públicos propiedad de Patrimonio Nacional son propiedad privada de Su Majestad el Rey, lo cual es evidentemente inexacto”. El objetivo de la información “era resaltar que, cuando el Rey aparece en listas de fortuna de los personajes más ricos, siempre alcanza una cifra muy por encima de lo que cabría suponer tomando en cuenta el presupuesto anual de la Casa Real”, publicó El Confidencial tras hablar con fuentes del periódico.

Defensa de España o de sí mismo

Por aquel entonces, en España muchos medios informaron de que el monarca había visitado la redacción del ‘Times’ para defender España y sus intereses, porque el periódico había publicado semanas antes un artículo sobre la pobreza que azotaba el país durante la crisis económica. Las fotografías, firmadas por el reconocido Samuel Aranda, ponían el acento en la miseria que se vivía en muchos hogares españoles. La presencia y la cólera de Juan Carlos, que no pretendió más que defenderse a sí mismo, provocaron tanto a los responsables del medio que decidieron mandar a varios periodistas, entre ellos a la sagaz Carvajal, para informar sobre la crisis económica española. Desde Vanitatis también nos hemos puesto en contacto con el director del 'New York Times', Dean Baquet, quien no ha respondido a nuestras peticiones.

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