La princesa Leonor, seis años sentada en el 'sillón del 23-F'
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CUMPLE 15 AÑOS

La princesa Leonor, seis años sentada en el 'sillón del 23-F'

La primogénita y heredera iba a cumplir los nueve años cuando se asomó al balcón del Palacio, junto a su padre, el nuevo Rey de España. Pero la monarquía había cambiado

Foto: La princesa Leonor, seis años sentada en el 'sillón del 23-F'
La princesa Leonor, seis años sentada en el 'sillón del 23-F'

Quizás no fuese intencionado. O sí. O a medias, quién sabe. Pero su mensaje se ha entendido allí donde debía entenderse. La princesa Leonor, que celebra este sábado su 15 cumpleaños, quiso decir lo que dijo. Y con la anuencia de su padre, el Rey; y de su madre.

Fue apenas hace dos semanas, durante su intervención en el solemne acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias, en el Salón Covadonga del Hotel Reconquista, Oviedo. “Tengo casi quince años. Sigo muy de cerca, como muchos niños y jóvenes de mi edad, lo que sucede en nuestro país”. Leonor conoce bien lo que sucede en España. Ha sido un aprendizaje paulatino. Porque, a diferencia de su padre (que en 1981 estuvo 14 horas en la sala de máquinas de la Zarzuela), ella ya lleva seis años sentada en el 'sillón del 23F'.

Aquel jovencito príncipe heredero, que saboreó las mieles de los años del gran apoyo popular —y el gran respeto— a la monarquía española, se topó con la tentación totalitaria y la incertidumbre a los 13 años. Después de la euforia de la reconstrucción institucional de España, la crisis económica no se quedaba atrás recién iniciada la década de los años 80. Y la bronca política se convirtió en habitual.

Y tras distintas intentonas, amaneció aquella larga jornada del 23 de febrero de 1981, en la que un grupo de altos mandos militares quiso poner un punto y aparte en la andadura constitucional. Se sabía con qué fin, aunque no cuáles serían los resultados.

“¡Jo, papá, qué mes!”.

Aquella tarde-noche, el rey Juan Carlos quiso rodearse de la familia…

“Obligué al príncipe de Asturias a pasar la noche en mi despacho para que me viera ejercer mi oficio de rey (…). Tenía 13 años. La edad ideal para aprender lo que la vida podía enseñarle cuando quizá fuera demasiado tarde. 'Papá… ¿qué va a pasar?'. Me preguntó al comienzo de aquella larga noche. Una vez más recurrí a la imagen del balón de fútbol que está en el aire y que no se sabe de qué lado va a caer. 'Pues ya ves, Felipe, con la Corona es lo mismo. En estos momentos está en el aire y yo voy a hacer todo lo posible para que caiga del lado bueno'. Varias veces se durmió en la butaca. Pero cada vez le obligaba a despertarse: ¡Felipe, no te duermas! ¡Mira lo que hay que hacer cuando se es rey! (…) Cuando le desperté por segunda o tercera vez, don Felipe murmuró: ¡Jo, papá, qué mes!”.

El mes de febrero de 1981 fue algo así como la avanzadilla de un máster de curso obligatorio. Un mes que se ha quedado, para siempre, en la memoria del rey Felipe. Con el telón de fondo de la crisis de la UCD y la de Gobierno, se celebraba el debate de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como candidato a la presidencia. Y, ¡zas!, se produjo la intentona golpista, que, ironías de la vida, anidaba en el círculo más próximo al monarca.

El rey durante su intervención en el 23 F.
El rey durante su intervención en el 23 F.

Y para colmo de las desgracias, el 6 de febrero fallecía repentinamente Federica de Grecia, madre de la reina Sofía, en Madrid.

Las mieles ya se habían tornado amargas

La princesa Leonor se ha despertado a la adolescencia sentada en el 'sillón del 23F'. Su máster comenzó hace seis años. Fue inmediatamente después del relevo en la Jefatura del Estado: un hecho repentino (con escasos meses de maduración), absolutamente sorprendente, que quisimos interpretar como un ejercicio más de la normalidad constitucional.

Iba a cumplir los nueve años cuando se asomó al balcón del Palacio Real, junto a su padre, el nuevo Rey de España. Pero la monarquía había cambiado. La percepción de los españoles sobre su Rey era muy distinta. Las mieles de tantos años atrás ya se habían tornado amargas.

La familia se ha reducido a la mínima expresión

Lamentablemente, la unidad familiar —que había tejido con tanto cariño y paciencia la reina Sofía— se fue resquebrajando, bien por los efectos de una separación temporal que de hecho ha sido definitiva, bien por los escándalos de todos conocidos.

Contra todo pronóstico, la institución monárquica dejó de cobijar oficialmente a toda la familia del Rey, como había predicado durante tantos años su anterior titular. Oficialmente, el árbol familiar se ha reducido a la mínima expresión.

Lo que significa tener sentido de la responsabilidad

Con 15 años, la princesa Leonor sabe cómo era y cómo es su familia. Y lo sabe, entre otras razones, porque sus padres jamás se lo hubieran ocultado.

Como sabe que puede mirar con confianza a su abuela Sofía —al igual que hizo en el Salón Covadonga el pasado día 16— mientras afirmaba que tanto ella como su hermana Sofía son conscientes de lo que significa tener “sentido de la responsabilidad”, al igual que los jóvenes de su generación. “Un sentido de la responsabilidad —dijo— que pasa siempre por no olvidarnos de las personas que nos rodean, que nos quieren y a quienes queremos”.

La princesa Leonor y la reina Sofía. (LP)
La princesa Leonor y la reina Sofía. (LP)

Testigo de la bronca política que ha ruborizado a todo el país

Desde el histórico 'sillón del 23F', aun a riesgo de no superar a ratos la somnolencia del momento, como su padre aquella noche de 1981, la princesa heredera ha sido testigo de la bronca política que ha ruborizado a todo el país durante tanto tiempo. Ha sido testigo de la anómala inflación electoral. Y de la fallida propuesta oficial de candidatos a la presidencia del Gobierno, por la renuncia 'motu proprio' de los nominados (¡insólito!). Y de la enorme crisis europea que se ha gestado en estos años: el Brexit es una de sus expresiones más populares.

Sí, la princesa Leonor es consciente de que los vientos son contrarios… Preguntó por qué se había ido el abuelo, por qué algunos queman fotografías de papá, por qué gritan en su contra, por qué les insultan algunos.

“La monarquía se ha comprometido a ser una institución abierta”

Los vientos son contrarios, sí. No debe ser fácil de entender. La intolerancia se explica mal. La tentación totalitaria ya no tiene cabida. Y el odio, en fin, es injustificable. Sobre todo en un escenario de modernidad y progreso.

Ahora bien, la Princesa sí sabe que en las instituciones del Estado, en el Gobierno —por ejemplo—, se pueden instalar presidentes, vicepresidentes y ministros contrarios a la institución monárquica. Y que pueden ser beligerantes. Muy beligerantes. Y ella, la Princesa, que ha comenzado a leer cosas de aquí y de allá, se ha topado con un pensamiento mil veces repetido, de palabra y de obra… Una de las primeras veces lo formuló su abuelo, claro, ante las cámaras legislativas estadounidenses, en aquel histórico viaje oficial de 1976 a la Casa Blanca:

“La monarquía se ha comprometido a ser una institución abierta, en la que todos los ciudadanos tengan un sitio holgado para su participación política sin discriminación alguna, asegurando el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de Gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados”. La princesa Leonor ya sabe que, aunque la monarquía haya mantenido siempre su palabra, aunque haya mantenido la mano tendida, también debe callar y poner buena cara. No solo ante las críticas —que por supuesto—, sino también ante las provocaciones e incluso ante los gravísimos ataques que está recibiendo desde las propias estancias gubernamentales.

Y conoce, en fin, las cosas de esta maldita pandemia, igual —al menos— que la mayoría de los jóvenes de su generación. Una tragedia. Un giro radical. Un futuro incierto, no por ser Princesa de Asturias, sino por ser joven ciudadana de mundo.

Fermín J. Urbiola
Periodista y escritor
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