La princesa Leonor comienza a remangarse (y a arremangarse)
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OPINIÓN

La princesa Leonor comienza a remangarse (y a arremangarse)

Ni un mal gesto, ni un mal impulso en público que reprochar a la persona llamada a ocupar en unas décadas la jefatura del Estado

placeholder Foto: La princesa Leonor, en una imagen de archivo. (Limited Pcitures)
La princesa Leonor, en una imagen de archivo. (Limited Pcitures)

Alguna ventaja tenía que tener esta política de comunicación tan cicatera. Son tan escasas las imágenes públicas de la princesa Leonor, la heredera de la Corona española que resulta muy fácil apreciar el cambio vertiginoso de la 'teenager' real en tan poco tiempo. ¿Recuerdan a la niña de 13 años que se iniciaba a la liturgia del Palacio Real un 30 de enero de 2018, en que su padre, el monarca, le hacía entrega del Toisón de Oro? Aun a falta de foto oficial, la larga melena y la coleta al viento han venido a sustituir en este 15 cumpleaños a las remilgadas trenzas, y unos taconcitos de salón, aún tímidos, se han acabado por imponer a las infantiles bailarinas de terciopelo. Definitivamente, ya no es una niña. Es una adolescente... aniñada.

Y es que la Princesa empieza a soltarse, perceptiblemente, de la mano de sus padres, y a irradiar desde su pequeña estatura una cierta autonomía, una inédita e incipiente seguridad. Pero hay todavía mucho azúcar, mucho ensayo, mucho corsé en ese rostro rubio y angelical, que más que pedir responsabilidad a los jóvenes de su generación -como hizo en su segundo discurso como Princesa de Asturias el pasado 16 de octubre- parece en sí mismo un anuncio de alumna modelo, edulcorada, hiperresponsable, casi inalcanzable en su correcta perfección... de tan regia, casi irreal.

placeholder Leonor, durante el discurso que ofreció en los Premios Princesa de Asturias. (EFE)
Leonor, durante el discurso que ofreció en los Premios Princesa de Asturias. (EFE)

Desde luego, y a falta de una mayor transparencia informativa, habrá que reconocer que Zarzuela le ha dado la vuelta a aquel error viral de la catedral de Palma. Ni un mal gesto, ni un mal impulso en público que reprochar a la personita llamada a ocupar en unas décadas la jefatura del Estado, y a jurar la Constitución en apenas tres años. Bien al contrario, alguna que otra sorpresa especialmente agradable, como su discurso en catalán del año pasado en los Premios Princesa de Girona, que quedó injustamente solapado por su estreno de Oviedo, días antes, y que a saber si se repite con la que está cayendo de nuevo en Cataluña. Un detalle aquel, y en todo caso, que da cuenta de que la heredera progresa adecuadamente -en realidad, de manera sobresaliente- en lo que a formación específica se refiere para su futura función.

Foto: La Princesa durante su discurso. (Limited Pictures)

Detalles, si no metáforas: a esto se reducen las señales de un personaje aún lejano, preterido, y en cambio vital acelerado, sobre el que la opinión pública se entretiene en divagar sobre si realmente llegará a reinar. Como esa americana de pata de gallo -un look muy aplaudido en el cuché por parecerse al de Kate Middleton-, un tanto crecedera. A Leonor, en su paseo por el pueblo ejemplar de Somao, las mangas le venían grandes y hubo de remangarse. Seguramente, la responsabilidad de la Corona también se le haga aún muy grande. Y es posible también que las últimas noticias sobre su abuelo, esto es, el duro informe de la Fiscalía sobre el rey Juan Carlos -aún reconociendo su inviolabilidad- no le haya aguado del todo la fiesta doméstica de hoy. Pero lo que está claro es que con 15 años, y lloviendo como llueven estos días chuzos de punta sobre la monarquía y su propia Casa, ya le está tocando ya remangarse... y también arremangarse. El diccionario español es rico y ancho para tiempos de crisis.

placeholder La princesa Leonor y la reina Letizia, el pasado 17 de octubre en Somao. (Limited Pictures)
La princesa Leonor y la reina Letizia, el pasado 17 de octubre en Somao. (Limited Pictures)
Leonor Borbón
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