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Amalia de Holanda: los retos a los que se enfrenta ante el principio del fin de una infancia anónima
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CUMPLE 17 AÑOS

Amalia de Holanda: los retos a los que se enfrenta ante el principio del fin de una infancia anónima

La princesa heredera de Países Bajos cumple 17 años y empieza a despedirse del anonimato que rodeó su infancia para dar el paso hacia una vida más pública

Foto: La princesa Amalia. (RDV)
La princesa Amalia. (RDV)

Empieza su último año de gracia, antes de entrar de lleno en su rol de princesa heredera de Países Bajos. A Amalia le esperan unos meses decisivos, en los que tendrá que determinar qué hará con su futuro, dónde pasará su año sabático, qué estudiará, si irá a hacer la mili y si aceptará o no un sueldo desorbitado a ojos de una sociedad que afronta las consecuencias de la pandemia. Ha estado sometida a un escrutinio minucioso en los últimos meses, y lo seguirá estando a partir de ahora, porque cada gesto y cada paso determinará la popularidad de la futura reina de Países Bajos.

Este lunes, la princesa heredera celebra su decimoséptimo cumpleaños, y lleva años consciente de que su futuro está decidido por la Constitución neerlandesa desde el día que llegó al mundo. “¿Cuántos años pretendes quedarte?”, le preguntó la pequeña Amalia a su padre cuando le contó, en 2013, que ya era hora de hacerse cargo del trono. Los motivos de la princesa eran “marcarlo desde ya en la agenda” para saber cuánto tiempo tiene de “libertad” antes de convertirse en la jefa de Estado de Países Bajos, reconoció Guillermo Alejandro.

La propia Amalia contó en alguna ocasión cómo lleva su papel de princesa de la Casa Orange. “A veces me parece que no es real, me cuesta concienciarme de que esta es realmente mi vida”. Su rol, como hija mayor de Guillermo Alejandro y Máxima, no tiene muchas alternativas, ni tampoco opción para que ella misma pueda rechazar el trono. Le guste o no, la princesa Amalia deberá ser la reina de Países Bajos.

Amalia y su padre, el rey. (EFE)

La única forma que acoge la Carta Magna es que Amalia se enamore de alguien rodeado de polémicas, de tal manera que, a la hora de casarse con esa persona, no logre el respaldo del Parlamento. “Si no se presenta una propuesta matrimonial de consentimiento (…), la membresía de la persona en cuestión a la Casa Real termina inmediatamente después de que se lleve a cabo el matrimonio. Esto significa que perderá sus derechos de sucesión y los hijos nacidos de esa unión tampoco tendrán derecho al trono”, se explica claramente en la web de la familia real.

Esto no es un escenario imposible, aunque muy mal se tiene que dar para que Amalia no logre el consentimiento de los diputados neerlandeses. Sus padres se han visto en una situación similar. Máxima, hija de Jorge Zorreguieta, recibió un rechazo casi unánime del Parlamento debido a la función que tuvo su padre como ministro de Agricultura en la dictadura militar en Argentina, bajo el yugo de Jorge Rafael Videla entre 1976 y 1983.

Después de que la pareja anunciara su intención de casarse, el Gobierno de La Haya se vio obligado a encargar un informe sobre el papel de Zorreguieta padre en la junta militar argentina. El resultado de esa investigación no estaba muy de parte del pasado de los Zorreguieta. Concluyó que era “impensable” que el exministro de Agricultura no estuviera al tanto de las violaciones de derechos humanos, pero que era “poco probable” que él, personalmente, hubiera estado involucrado en esos abusos.

Aunque siempre negó tener conocimiento de los asesinatos bajo la dictadura de Videla, la única forma de que Máxima y Guillermo Alejandro lograran el respaldo parlamentario para casarse fue que el progenitor de la joven no asistiera a la boda, en 2002, ni tampoco a la ceremonia de su ascensión al trono, en 2013. Los diputados estaban dispuestos a cooperar, siempre que alguien que fue ministro de una dictadura sangrienta no se volviera a convertir en una figura pública asistiendo a ceremonias reales. Muy difícil se lo tendría que poner Amalia para que rechacen a su futura pareja.

Más cerca de responsabilidades y salarios

El hecho de que Amalia se acerque ya a los 18 años, supone también que alcanzará la edad por la que la Constitución estipula que puede suceder a su padre como reina. En el trágico caso de que el monarca falleciera antes de diciembre de 2021, Máxima será quien actúe como regente, aunque Amalia sea formalmente la monarca de Países Bajos.

Pero no todo son responsabilidades para Amalia. Cuando cumpla los 18 años, empezará a recibir el salario que le corresponde para pagar a sus secretarias, empleados, cubrir los gastos de sus tareas como princesa… e incluso un sueldo personal. Son casi un millón y medio de euros al año, unos 4.000 euros cada día destinados a lo que se define como “personal y apoyo material”. Algo más de 250.000 euros será lo que obtenga como sueldo. Esto está definido ya por el Estatuto Financiero de la Casa Real.

placeholder Amalia y la reina Máxima. (EFE)
Amalia y la reina Máxima. (EFE)

Esta cantidad les parece desorbitada a muchos parlamentarios. Los socialdemócratas (PvdA), la ultraderecha (PVV), los socialistas (SP), los progresistas (D66) y la izquierda verde (GroenLinks) exigen reducir ese monto. De momento permanecerá así, aunque el primer ministro Mark Rutte ha prometido a la Cámara que estudiará si el rey realmente necesitará todo ese dinero, o se le puede bajar el salario.

Hay otro debate sobre la mesa, y es la mayoría de edad para la realeza. Cuando se acercaba el 18 cumpleaños de Guillermo Alejandro, en los ochenta, ya hubo un debate similar. Muchos diputados pidieron elevar ese mínimo de edad de 18 a 21 años para que el príncipe o la princesa que herede el trono no empiece a recibir sus beneficios desde tan joven. “Me da igual si es un mocoso de 18 años o de 21 el que reciba tanto dinero. Me opongo al hecho de que los miembros de la Casa Real reciban tanto dinero”, dijo la entonces diputada socialista Andrée van Es.

Le acecha el ejemplo belga

La influencia exterior no ayuda a Amalia a tomar una decisión sobre su salario. En la vecina Bélgica, la princesa heredera Elisabeth de Brabante cumplió su mayoría de edad el año pasado, y fue entonces cuando la Casa Real belga anunció que, mientras la joven siga yendo a la escuela y se siga dedicando a estudiar, no va a recibir la prestación que le corresponde, de unos 900.000 euros. Renunció a su salario hasta que realmente se dedique a tareas que representen al pueblo belga.

Sus padres, el rey Felipe y la reina Matilde, explicaron que no quieren cargar a su hija con las obligaciones que conlleva recibir esa dotación real. Por eso decidieron entre todos renunciar a ese monto. Sin embargo, más allá de la explicación oficial, el debate social que se inició en Bélgica acerca de ese dinero también jugó un papel importante en la decisión de renunciar a la mensualidad.

placeholder Las hijas de los reyes. (EFE)
Las hijas de los reyes. (EFE)

Los expertos neerlandeses no creen que Amalia de Países Bajos siga el paso de Elisabeth de Bélgica. Aunque en este país también se cumplen las mismas condiciones que en Bélgica: Amalia pretende seguir estudiando después de cumplir los 18 años y su salario como heredera del trono está rodeado de críticas. El Servicio de Información del Gobierno neerlandés justificó que no pagar a Amalia ese dinero sería un gesto “ilegal” porque así lo definen las leyes neerlandesas. Por eso, aunque ella o sus padres decidan renunciar, los legisladores deberán cambiar primero la ley.

Mientras que, en Bélgica, el monto a recibir por la heredera del trono debe ser determinado por ley en cada ocasión, el sucesor neerlandés recibe automáticamente el millón y medio de euros por estatuto real. Rutte, acérrimo defensor de la monarquía, explicó a los diputados que Amalia tiene derecho a ese dinero porque no tiene la posibilidad de buscar trabajo en otro sitio como cualquier otra persona, ni tampoco puede elegir otro futuro más que el definido constitucionalmente.

La nostalgia de Máxima

A medida que la princesa Amalia se va acercando a la mayoría de edad, la reina Máxima empieza a sentir nostalgia de aquellos tiempos en los que la veía corretear por los jardines de su Villa Eikenhorst, en Wassenar, donde vivieron prácticamente toda su niñez, hasta que se mudaron en enero de 2019 al palacio Huis ten Bosch en La Haya, donde residen también sus dos hermanas, las princesas Alexia y Ariane.

“No me gusta mucho. Sí. Llega un momento en el que todo va demasiado rápido”, dijo la monarca. “Disfruto cada momento con ella… pero ahora empieza una cuenta atrás para que se vaya de casa”, añadió. El año pasado, Máxima se perdió el cumpleaños de su hija mayor por un viaje que tenía ya previsto a Pakistán como representante de la ONU, y este será menos especial de lo que le gustaría a la princesa debido a las restricciones de la pandemia.

placeholder La familia, en Villa Eikenhorst. (EFE)
La familia, en Villa Eikenhorst. (EFE)

Lo emocionante de este año para Amalia no solo es despedirse de una princesa menor de edad, sino también decir adiós a la educación secundaria obligatoria. En cuanto termine y obtenga lo que equivale a su título de bachillerato, la princesa piensa dejar de estudiar un tiempo para tomarse un año sabático y viajar para “explorar el mundo” unos meses. Esto fue lo que confirmaron sus padres.

Para cuando termine de estudiar, que será antes del próximo verano, tendrá 17 años y medio, lo que le ofrece la oportunidad de saltarse un año sin que esto se refleje realmente en su edad académica. Cuando vuelva, tendrá poco más de 18 años. “Todavía no hay planes concretos”, según los reyes, pendientes de cómo avanza la pandemia antes de decidir si será viable viajar. Tampoco se sabe lo que quiere hacer al volver de ese año sabático. Quizás opte por mantener la tradición familiar e ingrese en la Universidad de Leiden, como hicieron su padre, su abuela Beatriz y su bisabuela Guillermina.

Guillermo Alejandro y Máxima solo tuvieron una obsesión desde que nació Amalia: que tuviera una vida normal como los chavales de su clase. “Si Amalia no puede tener una infancia normal, nosotros como padres habríamos fracasado”, dijeron. Lejos de los focos, Amalia ha podido disfrutar de su amor por la moda, que heredó de su madre, pero también de sus pasiones: montar a caballo, jugar al hockey recibiendo codazos como una más, y cantar ante un público que se aguanta las ganas de hacerle fotos para no incomodarla.

Esa infancia empieza a llegar a su fin. Cuando cumpla los 18 años, se espera que la sociedad la vea más en público y se acabe el veto mediático impuesto por sus padres durante este tiempo. Empezará a formar parte del Consejo de Estado y asumirá funciones públicas de representación de los holandeses. Debido al código de prensa que se inventó su padre, hasta ahora, ella y sus hermanas solo han estado expuestas a los medios en los dos momentos fotográficos que convoca la Casa Real cada año, y cuando acompañan a su padre en el Día del Rey, el día de su cumpleaños, a una ciudad elegida para soplar las velas.

La adolescente más famosa de Países Bajos empieza a convertirse en una mujer que conecta con el pueblo holandés, en su camino a ser su futura reina. La prensa local ya subrayó que la princesa ya era muy diplomática a los 15 años. Incluso la compararon con su padre, que a su edad “irradiaba malestar” frente a las cámaras. A diferencia de Guillermo Alejandro y Beatriz, que se criaron rodeados de los problemas matrimoniales de sus padres, Amalia ha tenido la suerte de que su infancia haya sido como otra cualquiera, al menos aparentemente. Dentro de un año, los holandeses podrán y tendrán que conocer mejor a una Amalia dispuesta a representarles ante el resto del mundo.

Empieza su último año de gracia, antes de entrar de lleno en su rol de princesa heredera de Países Bajos. A Amalia le esperan unos meses decisivos, en los que tendrá que determinar qué hará con su futuro, dónde pasará su año sabático, qué estudiará, si irá a hacer la mili y si aceptará o no un sueldo desorbitado a ojos de una sociedad que afronta las consecuencias de la pandemia. Ha estado sometida a un escrutinio minucioso en los últimos meses, y lo seguirá estando a partir de ahora, porque cada gesto y cada paso determinará la popularidad de la futura reina de Países Bajos.

Amalia de Holanda