Las Navidades de 1990 que pudieron ser trágicas para Juan Carlos y la infanta Cristina
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HACE TRES DÉCADAS

Las Navidades de 1990 que pudieron ser trágicas para Juan Carlos y la infanta Cristina

Se cumplen treinta años de un incidente que podría haber tenido graves consecuencias para la familia real española y haber cambiado la historia

placeholder Foto: Don Juan Carlos y la infanta Cristina, en una imagen de archivo. (Getty)
Don Juan Carlos y la infanta Cristina, en una imagen de archivo. (Getty)

La relación del Rey emérito siempre ha sido más cercana con sus hijas que con el que era el heredero desde que nació. Felipe VI estaba más apegado a la reina Sofía y era más parecido en carácter a ella que sus hermanas. El propio monarca se quejaba, al marqués de Mondéjar primero y después al general Sabino Fernández Campo, de lo mucho que le mimaba la madre. La relación con don Juan Carlos fue más distante desde que era pequeño, como ha relatado en muchas ocasiones Jaime Peñafiel. Una vez que las Infantas superaron la adolescencia y cumplieron la mayoría de edad, el Rey compartía con ellas aspectos deportivos como la vela. Sobre todo con la infanta Cristina, mejor deportista que la duquesa de Lugo.

Foto: La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, en una imagen de archivo. (Getty)

En aquellos años, la relación con su segunda hija era más intensa, entre otras cosas porque a ambos les gustaban los coches y las motos. En el caso de la exduquesa de Palma, por sus amores con Alvaro Bultó, cuyo padre fue cofundador de las fábricas de motos Bultaco y Montesa. Contaba Pepe Oneto en su época de director de ‘Tiempo’ que fue precisamente don Juan Carlos quien enseñó a conducir a las Infantas en el recinto de la Zarzuela. Unas carreteras con muchas curvas en las que en la actualidad está prohibido ir a más de cincuenta, según las señales de tráfico que figuran en el camino hasta el palacio. En su primera época instalada en Barcelona, la infanta Cristina acudía fuera de la visita oficial al Salón del Automóvil, donde las grandes firmas mostraban sus novedades.

placeholder El rey Juan Carlos visita las instalaciones de Renault en Valladolid. (EFE)
El rey Juan Carlos visita las instalaciones de Renault en Valladolid. (EFE)

Esta afición por correr era uno de los problemas graves que tenían los escoltas, tanto del Rey emérito como de su hija Cristina. En 2002, don Juan Carlos ya sufrió un accidente en Palma cuando conducía el conocido como 'escarabajo' (New Beetle), relanzado por la firma Volkswagen.

Pasión por la velocidad

En su época de estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas, la infanta Cristina conectaba con la carretera de La Coruña dirección Madrid a toda velocidad como escribía Oneto en su columna de ‘Tiempo’. A este gusto por pisar el acelerador se unía un parque móvil donde los coches de alta gama llegaban a Zarzuela a modo de regalo. Javier de la Rosa, junto a otros empresarios, obsequió al monarca un Porsche deportivo con motivo de su cumpleaños. A este regalo se sumaban otros vehículos como un Mercedes deportivo valorado en 144.500 euros o el Audi RS6 a razón de 100.000 euros, según relata José García Abad en su libro ‘La soledad del Rey’.

placeholder La infanta Cristina. (EFE)
La infanta Cristina. (EFE)

Don Juan Carlos solía viajar en aquellos años a Barcelona, donde se encontraban sus amigos de la corte de Mallorca y donde su vida privada pasaba más desapercibida. La infanta Cristina aún no se había instalado definitivamente en la Ciudad Condal, pero sí viajaba a menudo (además de sus amores con Bultó) para preparase para las Olimpiadas.

Foto: El rey Juan Carlos, la reina Sofía y el (hoy) rey Felipe, en Baqueira. (Reuters)

Esas Navidades de 1990 se encontraban en Barcelona tras pasar la Nochebuena en Zarzuela con la familia. Desde allí viajaban a Baqueira el 27 de diciembre en el Porsche que le había regalado Javier de la Rosa. La velocidad volvió a jugarle una mala pasada al tomar una curva demasiado rápido y salirse de la carretera por las placas de hielo. El periodista García Abad relataba hace unos años que esa imprudencia les pudo costar la vida. Los escoltas llegaron al lugar del accidente más tarde, y una vez que vieron que el Rey y su hija estaban perfectamente, continuaron el viaje hasta Baqueira. Eso sí, a una velocidad prudencial y conduciendo el chófer.

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