Currista, "con mucha chispa" y presumida: la condesa de Barcelona, según sus amigos
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FAMILIA DEL REY

Currista, "con mucha chispa" y presumida: la condesa de Barcelona, según sus amigos

La abuela del rey Felipe pasó sus últimos días de vida rodeada por toda su familia en Lanzarote. Curro Romero, Victoriano Valencia o Mariola de Calderón la recuerdan

placeholder Foto: Don Juan y María de las Mercedes, con sus cuatro hijos. (Getty)
Don Juan y María de las Mercedes, con sus cuatro hijos. (Getty)

Se cumplen 21 años de la muerte de doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans, condesa de Barcelona y princesa de las Dos Sicilias. Semanas antes, el 23 de diciembre, había cumplido 90 años y fue el último aniversario que pasó con sus tres hijos, nietos y biznietos. Murió en Lanzarote, donde el rey don Juan Carlos había reunido a todos los miembros directos de su familia para pasar por primera vez parte de las vacaciones navideñas en La Mareta. Esta villa fue un regalo del rey Hussein de Jordania que nunca utilizó oficialmente el monarca como lugar de vacaciones y sí en cambio Felipe VI cuando era príncipe.

Para la madre del Rey, pasar las fiestas juntos fue el mejor regalo. Tenía una buena salud y su único impedimento era la movilidad. Tuvo un percance doméstico y se rompió la tibia. Le pusieron un clavo que rechazó y que le dejó secuelas. La silla de ruedas no la impedía llevar una vida independiente y durante años era habitual verla presidir desde el palco real de Las Ventas y la Maestranza las faenas de sus toreros preferidos. Curro Romero y Victoriano Valencia han querido tener un recuerdo, y así lo cuentan ambos para Vanitatis.

Foto:  Doña Letizia, en la Pascua Militar. (Limited Pictures)

“Conocí a doña María hace muchos años, cuando regresó a España al ser proclamado don Juan Carlos rey. Ella había vivido en la calle de la Palmera, en Sevilla, y me decía que cuando estaba en el exilio añoraba Andalucía. Presumía de ser currista y bética. Era una mujer muy vital y nunca le escuché una queja”, explica Curro Romero, que siempre se sintió muy afortunado por esa deferencia hacia él. “Era una persona encantadora, sevillanísima y siempre que podía acudía a la plaza. Alguna vez coincidíamos en el hotel, y entonces me mandaba llamar y hablábamos de todo”, recuerda Curro Romero.

Una de las anécdotas de aquellos años sucedió en una entrega de premios en Madrid donde el marido de Carmen Tello recibía un homenaje. El torero acudía con su hija y doña María quiso que los dos se sentaran junto a ella. En otra ocasión en la Maestranza, una vez acabada la corrida, subieron todos a saludarla: “Yo era muy tímido y me quedé más rezagado. Delante de todos, me dijo: “Venga, Curro, no te escondas, que has tenido una buena tarde”. Me reía mucho con sus cosas y conservo las fotos que estoy con ella. Tenía un gran sentido del humor. Cuando no había estado bien y el público echaba el romero a otros compañeros, ella decía: 'Eso es jaramago porque romero solo se le puede echar a Curro. Sentí mucho su muerte”, concluye.

Foto: Don Juan Carlos, fotografiando a su madre en 1947. (Cordon Press)

Victoriano Valencia tuvo menos relación, pero también dedica palabras de agradecimiento para la abuela del hoy rey Felipe: “La recuerdo con muchas ganas de vivir, y cada vez que subíamos al palco tras la corrida me felicitaba aunque no hubiera sido mi mejor faena. Era muy taurina, muy currista y a todos los toreros nos ha tratado con mucho cariño. Un encanto de persona”.

placeholder La familia real española y la griega, en 1961, cuando se anunció el compromiso de Juan Carlos con Sofía. (Getty)
La familia real española y la griega, en 1961, cuando se anunció el compromiso de Juan Carlos con Sofía. (Getty)

Mariola de Calderón, especialista en protocolo y ceremonial de Estado, ha formado parte del círculo más cercano de la condesa de Barcelona. Su madre, la poetisa Fina de Calderón, fue una de las amigas de doña María; y Mariola, de sus hijas, las infantas Pilar y Margarita. Veraneaban en Estoril, donde los condes de Barcelona vivieron el exilio hasta que llegó la democracia y volvieron a España. "Me acuerdo mucho de doña María. Era una mujer muy cariñosa, muy querida, con un carácter fuerte, divertida, con mucha chispa". Sus allegados cuentan que era habitual ver a doña María disfrutar de cenas y almuerzos junto a la condesa, a los que acudía siempre con un mantón de Manila y a veces con jazmines en el pelo.

Sopa para todos

Los que la trataron recuerdan su generosidad y cómo en Villa Giralda siempre había un puchero muy grande con sopa para la gente con menos recursos que se acercaba a la casa. Una de las facetas menos conocida era su afición hípica, que con el tiempo heredaría su nieta la duquesa de Lugo. Aseguran que nadie ha montado a caballo tan bien como ella, era excepcional y verla resultaba espectacular. Le gustaba mucho el campo y por supuesto los toros.

Cuando volvió a Madrid, la condesa de Barcelona mantuvo una de sus costumbres, que consistía en preparar una paella los domingos. “Primero iba a misa y después organizaba el almuerzo al que solíamos asistir sus amistades”, continúan las fuentes consultadas por Vanitatis. La princesa Teté de Orleans y la infanta Margarita también eran fijas, y con el tiempo la duquesa de Soria hizo suya esa costumbre de reunir a los amigos en el almuerzo dominical.

El rey Simeón y sus hijos la llamaban cariñosamente 'tía María' y los Marone, 'tía mami'. María Zurita fue una de sus nietas preferidas, a la que regaló un reloj de pulsera con brillantes alrededor de la esfera que la empresaria suele llevar a menudo como homenaje a su abuela.

placeholder Don Juan de Borbón, María de las Mercedes y sus hijos, en 1947. (Cordon Press)
Don Juan de Borbón, María de las Mercedes y sus hijos, en 1947. (Cordon Press)

Simoneta Gómez-Acebo, su nieta, ha querido también tener un recuerdo para su abuela. "La comida dominical la recogió mi madre cuando ya no estuvo mi abuela. Para mí, que fue mi abuela principal, ya que la paterna murió siendo yo muy pequeña, fue una Abuela con mayúsculas, veíamos películas de miedo por las noches ya que dormía con ella todos los meses que pasaba en casa antes de tener casa. Al crecer nunca dejó de darme buenos consejos, ponerme la peina en Sevilla la primera vez que la usé. Era cariñosa, divertida, inteligente y rápida para las contestaciones. También era estricta, aunque con la edad lo fue siendo menos. Todos los días la echo de menos y espero volverla a ver el día que yo falte".

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