Delphine Boël, un año después: de hija ilegítima a princesa de Bélgica
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Delphine Boël, un año después: de hija ilegítima a princesa de Bélgica

Este miércoles se cumple un año del comunicado emitido por el rey Alberto, en el que anunciaba -obligado por las pruebas de ADN- que reconocía como hija biológica a la belga

placeholder Foto: La princesa Delphine, en una imagen de archivo. (Reuters)
La princesa Delphine, en una imagen de archivo. (Reuters)

Era el 27 de enero de 2020 cuando el rey Alberto de Bélgica confirmaba lo que todo el mundo ya daba por hecho, que era el padre biológico de Delphine Boël. Lo hizo mediante un comunicado firmado por sus abogados y después de encontrarse en un callejón sin salida. Las pruebas de ADN a las que se tuvo que someter obligado por los tribunales no dejaban lugar a dudas y daban la razón a la artista belga, que llevaba años defendiendo su historia ante la opinión pública, los medios de comunicación y los jueces. Un año después, la vida de Delphine ha cambiado mucho, empezando por el apellido, siguiendo por los títulos y terminando por la relación con la propia familia real, con la que, contra todo pronóstico, ha tenido varios encuentros.

Ese día se planteaban muchas preguntas que han ido resolviéndose a lo largo de estos doce meses, en los que Delphine ha pasado de ser hija ilegítima a toda una princesa de los belgas. La propia artista contestaba a algunas de estas cuestiones con su paso por los tribunales. Siempre había dicho que el proceso judicial que emprendió hace años no era por una cuestión económica, sino moral. De hecho, el que ha ejercido como su padre durante estas décadas tiene una fortuna mucho más grande que la que se le supone al antiguo monarca de los belgas, por lo que las explicaciones de Delphine se dieron como buenas. Pero llegó la hora de la verdad y sus pretensiones dijeron lo contrario, ya que llegó a reclamar una paga estatal y una vivienda también proporcionada por el Gobierno.

placeholder La princesa Delphine, tras ser reconocida como princesa. (EFE)
La princesa Delphine, tras ser reconocida como princesa. (EFE)

La pandemia hizo que la vista en la que se iban a valorar sus exigencias, prevista para junio, tuviera que atrasarse a septiembre. Pero la espera mereció la pena: el 1 de octubre, los tribunales la reconocían el título de princesa, el tratamiento de alteza real y el derecho a usar el apellido familiar. Aunque el rey Felipe había cambiado la ley unos años antes para reducir la familia real -y por tanto, lo que le cuesta a las arcas públicas-, decidiendo que solo llevarían el título de príncipe o princesa sus descendientes y los de su heredera, la sentencia se pronunció con carácter retroactivo y el juez decidió que Delphine se convirtiera en la nueva princesa de los belgas, ya que era hija y nieta de un monarca.

Eso sí, no hubo para ella paga del Estado ni vivienda, tal y como sí tienen el resto de los hermanos del actual rey. Pero a lo que sí tiene derecho es a la parte de la herencia que le corresponda cuando su padre biológico, el rey Alberto, fallezca. Aunque, en un gesto que se anticipaba a los acontecimientos, también el exmonarca estaba preparado para eso, ya que en 2015 cambió el régimen económico que tenía su matrimonio con Paola, pasando de una separación de bienes a la conocida en Bélgica como 'comunidad universal de bienes', lo que aquí llamamos régimen de gananciales. Una maniobra que mermaba considerablemente la parte de la herencia que corresponde a los hijos de Alberto, por lo que no tardó en verse por la prensa como una estrategia clara para no favorecer a Delphine, en caso de que, como ha sucedido, pudiera demostrar que es su hija.

placeholder Delphine, con Alberto y Paola de Bélgica. (EFE)
Delphine, con Alberto y Paola de Bélgica. (EFE)

Por todo esto, queda más que claro que la gran victoria de Delphine no ha sido económica, sino más sentimental y personal. No solo por haber podido demostrar que su historia era auténtica, sino porque también consiguió un acercamiento con la familia real, a priori impensable. En la rueda de prensa que ofreció días después de conocerse la decisión del tribunal, ella misma admitió que no esperaba que dieran ningún paso, pero que estaría encantada. Se equivocaba: poco después el rey Felipe la recibía en su palacio de Laeken. Y seguidamente era el propio Alberto quien le daba la bienvenida en su casa, con la reina Paola también incluida en la esperada fotografía familiar. Una imagen más que inesperada y que hace hoy un año, cuando el exmonarca se vio obligado a admitir la verdad, se tornaba prácticamente imposible.

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