80 años sin Alfonso XIII, el Rey español nominado dos veces al Nobel de la Paz
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80 años sin Alfonso XIII, el Rey español nominado dos veces al Nobel de la Paz

El bisabuelo de Felipe VI gozó de gran prestigio internacional por la gestión de la Oficina Procautivos en la I Guerra Mundial. Las grandes potencias alabaron su labor y Francia le consideró 'héroe de guerra'

placeholder Foto: El conde de Romanones y el rey Alfonso XIII
El conde de Romanones y el rey Alfonso XIII

Fue un éxito. Un gran éxito, teniendo en cuenta los medios y la infraestructura de comunicaciones de aquellos años. La Oficina Procautivos que puso en marcha el rey Alfonso XIII en la I Guerra Mundial fue una experiencia halagada en Europa, no tanto en España. Aquí pasó muy desapercibida. Aunque años más tarde fue rescatada del olvido por historiadores. De hecho, ha sido considerada como la primera organización de carácter humanitario de España, que le valió la primera de las dos nominaciones como candidato al Nobel de la Paz.

La primera gran guerra europea (1914-1918) tuvo un efecto devastador, tanto en victimas como en daños materiales. Pero ningún país informaba de nada. Y el principal canal de comunicación, el servicio postal, sufría limitaciones muy severas. Cuando se echa un vistazo a los acontecimientos de esos años, no son pocos los que advierten la gran rebelión silenciosa que se produjo en los países implicados en la dramática contienda. Millones de familias reclamaban información sobre el estado y el paradero de sus seres queridos. Y se saltaron a sus propios gobiernos. Fue, en efecto, 'la guerra de las cartas'.

placeholder El rey Alfonso XIII en 1910. (Getty)
El rey Alfonso XIII en 1910. (Getty)

Alrededor de 17 millones de muertos

Se produjo una movilización inicial de unos 14 millones de soldados. Alrededor de 250.000 perdieron la vida en los primeros 20 días de confrontación. Otros muchos fueron recluidos en lugares incomunicados o aislados en campos de concentración. El balance final de fallecidos es terrorífico. Alrededor de 17 millones de personas perdieron la vida a causa de esta guerra: cerca de diez millones de soldados y más de siete millones de civiles.

La desesperación de cientos de miles de familias, después de estrellarse una y otra vez contra el silencio o la falta de información de sus respectivos gobiernos, hizo que muchos de ellos dirigieran sus lamentos a los países neutrales. Es decir, a las autoridades de Suiza, Holanda, Suecia y España. De los cuatro, Suiza —sede de la Cruz Roja Internacional— comenzó a ofrecer respuestas. Y España, sorprendentemente, comenzó a generar también información. España realizó numerosas gestiones para tratar de responder a las miles de cartas que recibía solicitando información. Y gestionó la liberación de muchos prisioneros, algunos de los cuales ya habían sido condenados a la pena capital.

Ambiente de pesimismo generalizado

La España de principios del siglo pasado supuraba por la herida del 'desastre nacional' que había supuesto la guerra contra Estados Unidos, la pérdida de las últimas colonias y la caída de su protagonismo internacional. El país daba señales de un pesimismo generalizado y la crisis se instalaba en la política y en la propia sociedad, cuya estructura empezaba a no encajar en los patrones de años atrás. Había más motivos de preocupación dentro de España que causas por las que 'guerrear' junto a alguno de los dos bandos que habían rasgado Europa. Salvo Marruecos, el mundo exterior inquietaba relativamente poco.

Era la España del joven rey Alfonso XIII, que había accedido formalmente al trono en 1902, tras cumplir los 16 años, y ya había sufrido dos atentados. De ambos salió ileso, por cierto. El primero se produjo durante su primera visita oficial a Francia, en 1905, mientras circulaba en un carruaje por París, junto al presidente Loubet. Y el segundo, en Madrid, el día de su boda, el 31 de mayo de 1906, con Victoria Eugenia de Battenberg.

placeholder Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906. (Getty)
Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906. (Getty)


España, país neutral

Cuando se desataron las hostilidades en 1914 entre los países europeos, que dividieron al Viejo Continente en dos, España se declaró neutral. Se suele decir al respecto que esta posición responde a un dilema personal del rey Alfonso XIII, dado el origen de su madre, supuestamente a favor de Alemania y Austria-Hungría, y de su esposa, que apoyaría a Gran Bretaña, Francia y Rusia.

Sin embargo, lo cierto es que las razones son muy distintas. El Gobierno de Eduardo Dato defendió la neutralidad, con el apoyo de la mayoría política e institucional de la época, por las circunstancias económicas y sociales del país, por la larga crisis política en la que se había instalado, con el ascenso del anarquismo y los regionalismos; por la falta de recursos financieros, porque no contaba con un ejército adecuado ni suficiente, que además ya estaba inmerso en la contienda con Marruecos... El Rey también respaldó la neutralidad, aunque son conocidas tanto sus críticas a esta opción como su apuesta por el bando aliado.

Los primeros éxitos de un Rey conmovido

A las pocas semanas del inicio de las hostilidades, comenzaron a llegar cartas al Palacio Real de personas, sobre todo de Francia, que pedían la mediación del Rey para que recabara información sobre el paradero y el estado de algún ser querido. Cartas en las que se reflejaba el dolor y la desesperación de esas personas que se aferraban a un hilo de esperanza para no dar por perdido a su hijo, a su esposo, a su hermano… El Rey, conmovido, comenzó a realizar gestiones a través del cuerpo diplomático, dirigiéndose directamente a los gobiernos de los países en los que se deberían encontrar los soldados que se mencionaban en las cartas. O a través de las embajadas e incluso de la Cruz Roja.

Lo cierto es que Alfonso XIII pudo responder con éxito a algunas de esas familias. El caso inicial más conocido fue el de una lavandera francesa, que pedía ayuda al monarca español, porque su esposo había sido destinado a Bélgica y se encontraba en paradero desconocido. Las gestiones realizadas dieron su fruto y el propio monarca escribió una carta a la mujer francesa anunciándole las buenas nuevas. La noticia fue publicada por un periódico de Burdeos y el caso se hizo célebre, lo que animó a miles de personas a dirigir sus peticiones de ayuda al Palacio Real de Madrid. Y no solo de Francia, sino de todos los países implicados en la guerra.

placeholder El rey Alfonso XIII, en 1923 . (Getty)
El rey Alfonso XIII, en 1923 . (Getty)

Medio centenar de colaboradores

El Rey canalizó esta iniciativa a través de su secretaría particular, que pronto se convirtió en la Oficina Procautivos. Comenzó con cinco personas y llegó a contar con medio centenar, entre colaboradores, voluntarios y empleados. La Oficina se organizó en una decena de servicios, en función de las peticiones más habituales que se recibían. Por ejemplo, operaba un servicio de desaparecidos, otro de prisioneros, otro de repatriación de militares heridos o enfermos graves, otro de repatriación de civiles, de tramitación de indultos, de conmutación de pena… Incluso se habilitó un servicio de remesas de fondos a personas aisladas en territorios ocupados.

Se multiplicaban las cartas. La Oficina manejaba miles de expedientes, que se organizaban con etiquetas de colores: blanco para los de personas encontradas, el rojo para los pendientes de localizar y el negro para los expedientes de personas que habían fallecido. Lamentablemente, la mayoría de los expedientes iban con etiqueta roja. La oficina respondía a los interesados con una amable carta en la que figuraban dos palabras terroríficas: "No hallado".

Los números de un balance de éxito

Los datos de la gestión realizada por la Oficina Procautivos son impresionantes, teniendo en cuenta los medios de la época y las limitaciones que imponía el escenario bélico. Los cientos de miles de cartas que recibió generaron más de 250.000 solicitudes de información sobre prisioneros o desaparecidos, más de 25.000 sobre familiares en territorios ocupados, más de 5.000 peticiones de repatriación de heridos y unas 500 peticiones de indulto para condenados a muerte. Según los datos que se han extraído de los distintos expedientes, la Oficina se ocupó de unos 122.000 prisioneros franceses y belgas, 7.950 británicos, 6.350 italianos, 400 portugueses, 350 estadounidenses y 250 rusos.

En total, lograron canjear a más de 21.000 prisioneros enfermos y unos 70.000 civiles fueron trasladados a zonas seguras.

placeholder El rey Felipe inauguró en 2018 una exposición sobre el trabajo de la Oficina Procautivos. (Getty)
El rey Felipe inauguró en 2018 una exposición sobre el trabajo de la Oficina Procautivos. (Getty)

Las 'celebrities' también acudieron al Rey español

Junto a las miles de gestiones de personas anónimas, también trascendieron otras realizadas a petición de 'celebrities', en terminología de hoy. Entre ellos, por ejemplo, logró la liberación del popular cantante y actor francés Maurice Chevalier, herido en Alemania al comienzo de la guerra y hecho prisionero. Fue liberado dos años después, en 1916, gracias a las gestiones de la Oficina de Alfonso XIII. Entre otros casos, también fue liberado el bailarín ruso Vaslav Nijinsky, que pudo viajar a Norteamérica después de un largo periodo en arresto domiciliario en Hungría.

No obtuvo el mismo resultado en la misión que le encomendó el Nobel de Literatura de 1907, Rudyard Kipling, que trataba de encontrar a su único hijo varón, John Kipling. La gestión fue infructuosa. Kipling no tuvo noticias de su hijo hasta 1922, año en el que fueron identificados sus restos mortales.

Alfonso XIII intervino personalmente en el caso de la enfermera británica Edith Cavell, que trabajaba en Bélgica cuando el país fue ocupado por Alemania. Cavell, que había sido espía del Mi6, fue condenada a muerte en 1915 por un tribunal alemán, acusada de haber facilitado la huida a cientos de soldados del bando aliado. Las negociaciones del monarca español no tuvieron éxito, como tampoco las realizadas por Gran Bretaña y Estados Unidos, entre otros países.

Tampoco logró buenos resultados en la labor de mediación que realizó en favor de la familia de Nicolás II, el último de los Romanov que ostentó el título de zar imperial de Rusia. Aun teniendo en cuenta que el nuevo Gobierno ruso -unido a los aliados en la gran guerra europea- mostró reiteradamente su agradecimiento a Alfonso XIII por haber salvado la vida a numerosos soldados rusos.

placeholder El rey Alfonso XIII, en Escocia, en 1934. (Getty)
El rey Alfonso XIII, en Escocia, en 1934. (Getty)

El Comité noruego no sancionó el prestigio internacional de España y el Rey

El Rey de España gozó de un importante prestigio internacional a raíz de la gestión que realizaba su Oficina Procautivos. Las principales potencias alabaron abiertamente su labor. Francia llegó a considerarle como 'héroe de guerra'. En medio de unas hostilidades sin protocolos humanitarios, Alfonso XIII consiguió, por ejemplo, el compromiso de respetar al menos la integridad de los buques hospitales (en concreto, los británicos, que estaban siendo masacrados). O también la repatriación de unos veinte mil civiles franceses que se encontraban prisioneros en campos de concentración. España escalaba puestos en el nuevo escenario internacional ante la práctica indiferencia de sus compatriotas.

Por todo ello, en 1917 fue presentada la candidatura del rey Alfonso XIII al Nobel de la Paz, si bien el Comité noruego optó en esa edición por otorgar al premio al Comité Internacional de la Cruz Roja. Años más tarde, los ecos de aquella tarea humanitaria se reavivaron en París. Miles de franceses recibieron a Alfonso XIII al comienzo de su exilio -en abril se cumplirán 90 años de aquellos acontecimientos-. Y quizás por ello, en 1933 volvieron a proponer su nominación como candidato al Nobel de la Paz.

Tampoco fue considerada la propuesta por el Comité noruego, que reconoció ese año al escritor y periodista británico Norman Angell, autor de 'La gran ilusión' (1910), un gran alegato por la paz del que vendió más de dos millones de ejemplares en todo el mundo. Y en 1933 escribió bajo el mismo título otro libro en el que aboga por la cooperación internacional como expresión de las tesis que había explicado en 1910.

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor www.ferminjurbiola.com o en Facebook o en Twitter

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