Casa Real rescata los jardines del Palacio Real, escenario de fiestas, infidelidades y riñas
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Casa Real rescata los jardines del Palacio Real, escenario de fiestas, infidelidades y riñas

En el mismo lugar en el que el rey Felipe honra la memoria de los fallecidos en los atentados de 2004 se celebraron, en su día, las mejores soirées de la capital

placeholder Foto: Los jardines del Palacio Real. (Reuters)
Los jardines del Palacio Real. (Reuters)

Este jueves, los reyes Felipe y Letizia presidirán, en los jardines del Palacio Real, un acto con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. Una fecha que coincide con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. El jefe del Estado recupera este espacio para un acto institucional que, durante años, ha estado en desuso.

Los jardines del Campo del Moro y de Sabatini eran, hasta la llegada de la república, el lugar de esparcimiento de Alfonso XIII y la familia real. Montaban a caballo, hacían deporte y se entretenían con juegos al aire libre. Desde este lugar salieron, por la puerta de carruajes, la reina Victoria Eugenia y sus hijos camino del exilio en Francia. El palacio y sus aledaños dejaron de utilizarse habitualmente hasta la llegada de la democracia con la proclamación de don Juan Carlos en la jefatura del Estado.

Foto: Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. (Getty)

Con el tiempo, los jardines del Campo del Moro fueron el escenario elegido por la Casa Real para celebrar el 24 de junio, día de San Juan, el santo del Rey emérito. Una recepción presidida por el homenajeado, acompañado de la reina Sofía, el Príncipe de Asturias y las infantas Elena y Cristina. A este acto, de carácter institucional, acudía el presidente del Gobierno, sus ministros, el cuerpo diplomático y militar, la clase política, empresarial y cultural, y personajes que, sin estar entre estos grupos, tuvieran ese año cierta repercusión social. En realidad, este último apartado era el más heterogéneo y también el que tenía más repercusión mediática. Una especie de cajón de sastre que, con el tiempo, fue aumentando hasta reunir a más de tres mil personas.

placeholder Los Reyes, junto a algunos asistentes a las fiestas. (Tiempo)
Los Reyes, junto a algunos asistentes a las fiestas. (Tiempo)

El besamanos comenzaba a las ocho de la tarde, y lo mismo acudía un deportista de élite que el empresario con su última amante, la alegre divorciada, el aristócrata cornudo, escritores y periodistas enfrentados por sus egos y algunos miembros de la aristocracia que se sentían molestos por la presencia de representantes sindicales. El número de asistentes iba creciendo en la misma proporción que los desencuentros entre los invitados en un lugar donde era difícil que los enemigos no se enzarzaran. En una ocasión, tuvo que ser Sabino Fernández Campo el que pusiera paz entre dos empresarios de primer nivel. El jefe de la Casa de su Majestad tenía que hacer encaje de bolillos para que de las palabras gruesas no se pasara a las manos. El calor propiciaba que algunos de los presentes bebiera más de la cuenta.

Barra libre y cóctel explosivo

En la actualidad, solo se sirve en las recepciones institucionales vino blanco, tinto, cerveza y refrescos. Pero antes, el whisky, la ginebra y el coñac formaban parte del catering que servía José Luis Solaguren, uno de los grandes restauradores o taberneros (cómo gustaba que le denominaran) que también ponía paz donde el alcohol calentaba las mentes. En una de las recepciones y gracias a su intervención, dos personajes importantes no acabaron a puñetazos, como muchos años después sí lo hicieron Amadeo de Acosta y Victor Manuel de Saboya, en el almuerzo nupcial de los Príncipes de Asturias que se celebró en el Palacio Real.

A estos desencuentros de testosterona se unía el estado emocional de algunos de los convocados. En los jardines convivían matrimonios en proceso de divorcio, ministros lenguaraces, amantes despechados, maridos y esposas engañados que convertían el santo del Rey en un cóctel explosivo donde algunos personajes tenían que actuar como si participaran en un vodevil intentando escabullirse al ver a los rivales.

placeholder La prensa de la época recogió el evento. (Tiempo)
La prensa de la época recogió el evento. (Tiempo)

Alicia y Esther Koplowitz no podían encontrarse en ese paseo ajardinado con sus exmaridos Alberto Cortina y Alberto Alcocer. Ese año se había producido el escándalo de sus separaciones y eran públicas sus relaciones con Marta Chávarri y Margarita Hernández. Lo mismo sucedía con el síndico de la Bolsa, o entre Miguel Boyer y Carmen Romero. La mujer del presidente González era íntima de Elena Arnedo, exmujer del ministro de Economía. El marqués de Cubas, hermano del de Griñón, procuraba no encontrase con Isabel Preysler y Alfonso Guerra, que no soportaba a Boyer, intrigaba con los periodistas y hacía chascarrillos con el enamoramiento del que había sido su colega en el consejo de ministros. Tampoco faltaban las amistades peligrosas del anfitrión, pues, en aquellos años, ya se sabía cómo se manejaban las relaciones económicas de don Juan Carlos.

Con todos estos ingredientes, que cada año iban a más, el 24 de junio de 1992 fue el último año que se abrió el Campo del Moro para el santo del jefe del Estado.

Este 11 de marzo, Felipe VI recupera un lugar por un motivo que nada tienen que ver con la frivolidad de tiempos pasados: recordar la gran tragedia que vivió España entera por los atentados de aquel 11 de marzo de 2004.

Rey Don Juan Carlos
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