Corinna, el Rey emérito y 'la guerra de los Rose'
  1. Casas Reales
OPINIÓN

Corinna, el Rey emérito y 'la guerra de los Rose'

Pedir una orden de alejamiento contra el rey Juan Carlos no solo lo reduce a la altura de un maltratador de barrio, sino que representa un órdago moral al prestigio del Estado

placeholder Foto: El rey Juan Carlos y Corinna, en una imagen de archivo. (EFE)
El rey Juan Carlos y Corinna, en una imagen de archivo. (EFE)

No hay guion cinematográfico que supere la penosa realidad del Rey emérito. 'La guerra de los Rose' se ha quedado no ya anticuada, sino insuficiente para retratar el circo de una ruptura cruenta y millonaria como la suya con su amiga Corinna. Hasta en la lucha suicida de aquellos gladiadores ochenteros de Hollywood había un poco de señorío, de glamour, qué quieren que les diga, de dignidad.

Lo que sobrecoge y avergüenza del espectáculo ‘corinnense’ es la vulgaridad a la que se trata de rebajar, desde los arrabales de la aristocracia y el arribismo macroempresarial, la entidad regia de una cabeza coronada en Europa. Desde aquella filtración sobre el támpax entre el príncipe Carlos de Inglaterra y Camila, absolutamente imbatible en lo que atañe a la degradación de las monarquías, no se había visto un golpe más bajo.

placeholder El rey Juan Carlos y la reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)
El rey Juan Carlos y la reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)

Pedir una orden de alejamiento contra el Rey de España -que lo es, pese a su desprestigio y pese a no ser ya el monarca en el trono- no solo reduce al padre de Felipe VI a la altura de un maltratador de barrio, sino que representa un órdago moral al prestigio del Estado. No hay que olvidar que la familia real representa a dicho Estado, y que don Juan Carlos, hoy por hoy, es uno de sus seis miembros.

placeholder El rey Felipe y don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (EFE)
El rey Felipe y don Juan Carlos, en una imagen de archivo. (EFE)

Lo de menos es el destino y el recorrido que la justicia británica pueda deparar a esta denuncia de una princesa acosada, no por el antiguo monarca -como ella pretende-, sino por la justicia suiza. Que los servicios secretos españoles cometieron errores imperdonables en su defensa del que fuera jefe del Estado ya poco se discute; que los Gobiernos son responsables de cómo la pareja de La Angorilla ha terminado aplastada y sepultada por el desplome del techo de su muy lujosa araña, tampoco. Pero, cautivo y desarmado el actual huésped de Abu Dabi, ¿quién va a creerse que representa una amenaza real -y no simplemente crematística- para Corinna?

Corinna zu Sayn-Wittgenstein Rey Don Juan Carlos