Mako de Japón cumple 30: la princesa que ha preocupado a toda la familia imperial
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Mako de Japón cumple 30: la princesa que ha preocupado a toda la familia imperial

Tras cuatro años repletos de obstáculos, la sobrina del emperador de Japón contraerá, por fin, matrimonio. Lo hará con su salud mental muy tocada por la presión vivida

Foto: La princesa Mako, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Mako, en una imagen de archivo. (EFE)

Lo que debería haber sido motivo de felicidad, una historia de amor, se ha convertido para la princesa Mako de Japón en una situación que no solo la ha colocado en medio de la polémica, sino que le ha provocado un fuerte desequilibrio mental.

Mako cumple hoy 30 años y lo hace a punto de protagonizar su inminente boda, la cual ha tardado años en llegar y ha generado una gran preocupación a toda su familia. Al miedo por ver cómo el ánimo de Mako iba mermando con el paso del tiempo, se ha unido el temor por cómo este enlace podría afectar a toda la institución, ya que se ha puesto en entredicho el difícil papel en el que la misma coloca a las mujeres de la realeza.

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Para comprender todo lo sucedido y saber por qué la boda de la princesa Mako, que se celebrará el próximo 26 de octubre, ha supuesto un punto de inflexión, hay que remontarse a cuatro años atrás.

placeholder La princesa Mako de Japón, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Mako de Japón, en una imagen de archivo. (EFE)

La hija mayor del príncipe heredero Akishino, único hermano del emperador Naruhito, anunció su compromiso matrimonial en septiembre de 2017 con un plebeyo llamado Kei Komuro, entonces recién graduado en Derecho.

Su amor con una persona no perteneciente a la realeza obligaba a Mako a renunciar a su estatus real. La tradición imperial no permite que las princesas mantengan su título real si contraen matrimonio con un plebeyo. No le importó la oposición familiar. Mako aceptó las duras condiciones y siguió adelante con sus planes de boda.

Pero su decisión provocó también un problema institucional. En Japón, la ley vigente es la sálica, que elimina la posibilidad de las mujeres de acceder al trono. La ausencia de nuevos varones en la familia imperial encendió el temor de una posible extinción de la institución, la cual no puede permitirse la salida de la misma, de mujeres como Mako, las únicas que posibilitarían la continuidad de la estirpe. Un comité de expertos barajó la posibilidad de que se modificara la tradición de expulsar de la dinastía a princesas que se casen con plebeyos y de que sus futuros hijos tuvieran derecho al trono a pesar de la sangre plebeya de sus padres.

placeholder La princesa Mako y Kei Komuro, en una rueda de prensa antes de su boda. (EFE)
La princesa Mako y Kei Komuro, en una rueda de prensa antes de su boda. (EFE)

En medio de toda esta polémica, surgió un problema más. La madre de Kei Komuro se endeudó con su expareja para poder pagar los estudios de su hijo, una deuda que ascendió a los 30.000 euros y que supuso un escándalo en el país con el que la familia imperial no podía verse vinculada.

Fueron demasiados los contratiempos surgidos. A pesar del anuncio matrimonial de 2017, la fecha de la boda comenzó a dilatarse y a finales de 2018, no solo no se había celebrado ni se veían atisbos de que se fuera a celebrar, sino que también toda la presión afectó a la princesa a nivel emocional.

Su novio fue enviado a Estados Unidos a finalizar sus estudios de Derecho y el enlace de Mako fue pospuesto hasta 2020, alegando que había sido todo muy precipitado y que el tiempo se les había echado encima.

En diciembre de ese año, los padres de Mako, Akishino y su esposa, Kiko, se vieron obligados a dar un paso al frente para aclarar algunas cuestiones, dejando patente su preocupación por el estado anímico de su hija.

placeholder El príncipe Akishino y la princesa Kiko, con sus hijos Mako, Kako e Hisahito. (Reuters)
El príncipe Akishino y la princesa Kiko, con sus hijos Mako, Kako e Hisahito. (Reuters)

"Desde el final del año pasado, cuando las temperaturas bajaron, hubo varios momentos en que mi hija mayor no se sintió bien", comentó la princesa Kiko. "Pero, a pesar de estas circunstancias, mi hija trabajó arduamente para cumplir con las obligaciones que le habían encomendado. Quiero seguir prestándole mucha atención ", añadió.

Con la llegada de la pandemia, los planes de boda volvieron a verse afectados. Una vez más, Kiko, preocupada por su hija, volvió a mostrar su apoyo públicamente. "En lo que respecta al matrimonio de mi hija mayor, debemos comunicarnos ampliamente, y es importante, como madre, aceptar los sentimientos de mi hija y pensar juntas en sus asuntos", declaró.

"La Constitución mantiene que el matrimonio debe solo basarse en el mutuo consenso de ambos sexos. Si esto es lo que realmente ellos quieren, considero que es algo que debo respetar como padre", dijo, por su parte, el padre de Mako, el príncipe heredero Akishino.

Ahora, el camino de la princesa Mako comienza a ver la luz al final del túnel. Su novio, graduado ya en la Escuela de Derecho de la Fordham University de Nueva York, regresó este pasado 27 de septiembre a Japón para ultimar los detalles del enlace.

placeholder La princesa Mako, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Mako, en una imagen de archivo. (EFE)

Pero la presión vivida durante estos años aún hace mella en la princesa. A principios de octubre, un portavoz de la familia imperial informó a través de una rueda de prensa que la princesa había sido diagnosticada con un cuadro “complicado” de síndrome de estrés postraumático derivado de una constante exposición a informaciones negativas “sobre ella misma, su familia, su prometido y la familia de él”.

A pesar de todo, firme en su decisión tras años de tiras y aflojas con su familia, la princesa Mako por fin cumplirá su sueño, incluso renunciando a la dote millonaria que las mujeres de la familia imperial suelen recibir cuando abandonan la misma, en este caso unos 150 millones de yenes, algo más de un millón de euros. Tras su boda, Mako y Kei comenzarán una nueva vida juntos en Estados Unidos, lo que ha dado lugar a que muchos les consideren los Sussex orientales.

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