El CNI espió a Eva Sannum, Gigi Howard y Letizia Ortiz por orden de Juan Carlos I
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El CNI espió a Eva Sannum, Gigi Howard y Letizia Ortiz por orden de Juan Carlos I

En 'Al servicio de su majestad', Fernando Rueda, uno de los grandes conocedores de nuestros servicios secretos, revela cómo se controlaban las relaciones sentimentales de Felipe VI

Foto: Eva Sannum y Gigi Howard. (Vanitatis)
Eva Sannum y Gigi Howard. (Vanitatis)

La lista de conquistas del príncipe Felipe durante su juventud fue muy larga, al menos según la prensa del corazón. Le relacionaron, entre otras, con Victoria de Carvajal, Yasmeen Ghauri, Gabriela Sebastián de Erice, Viviana Dellavedova o Viviana Corcuera. La realidad es que antes de casarse tuvo tres relaciones más largas e intensas: Isabel Sartorius, Gigi Howard y Eva Sannum.

La importancia institucional del heredero de la Corona obligó al servicio secreto a estar pendiente de las mujeres con las que se relacionaba, aunque no hay constancia de que le informaran a él directamente de sus trabajos, algo que sí hacían con su padre.

No he encontrado datos de que la española Isabel, hija del marqués de Mariño, fuera sometida a vigilancia. Seguramente, la información sobre ella la consiguieron los reyes sin muchos problemas y además el noviazgo había comenzado pronto, cuando Felipe solo tenía veintiún años. La intervención del CNI se produciría más adelante.

placeholder Portada de 'Al servicio de Su Majestad' (La Esfera).
Portada de 'Al servicio de Su Majestad' (La Esfera).

Gigi Howard

En 1993, tras acabar la licenciatura en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, Felipe se desplazó a Washington para cursar un máster de dos años en Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown. Alejado de la presión mediática, se sintió más libre que nunca. Todo cambiaría cuando los fotógrafos empezaron a sospechar que mantenía una relación amorosa e intentaron conseguir las fotos que lo acreditaban.

Su primo Pablo también estudiaba allí y un día su novia, Marie Chantal, le presentó a una de sus buenas amigas, una estadounidense que cursaba Ciencias Políticas y Sociología en Nueva York. Se llamaba Gigi Howard y era modelo. Fue la primera relación que mantuvo tras la ruptura con Isabel, hasta ese momento el gran amor de su vida.

Gigi encantó a Felipe. Estuvieron juntos más de un año, una gran parte del tiempo sin que la opinión pública española lo supiera, no así los reyes. Cuando una relación comenzaba a ser seria, el propio Felipe o la gente que le acompañaba informaban al palacio de La Zarzuela. Y si lo consideraban oportuno, el siguiente paso era pedir datos al servicio secreto, en aquel momento dirigido por Emilio Alonso Manglano.

No ha trascendido el contenido del dosier personal que los espías elaboraron sobre Gigi Howard, que versaba sobre su personalidad, hábitos, familia y relaciones, pero sí que carecía de partes oscuras y no tuvo influencia para nada en la ruptura posterior de las relaciones. Los dos pasaron juntos las vacaciones de 1995 en Nueva York e hicieron un viaje a la isla de Saint Martin, donde fueron inmortalizados por los fotógrafos. Allí comenzó el acoso de los paparazzi: "Soy muy discreta y eso no era para mí, sigo teniendo miedo a la prensa", declararía la modelo mucho tiempo después.

Eva Sannum

Para encontrar un gran amor como el de Sartorius, Felipe no tuvo que esperar mucho tiempo más. Se llamó Eva Sannum y era una noruega de veinticinco años. Fue una relación muy apasionada y mucho más larga, duró cuatro años. Esta vez sí quería casarse abiertamente con ella.

La prensa rosa la describía como una modelo de metro ochenta de estatura, rubia y guapísima, que estudiaba Publicidad en Madrid. Tras un periodo de intimidad lejos de los focos, el príncipe sintió que era el amor de su vida y empezó a hablar de ella en el palacio de La Zarzuela con pretensiones de futuro. De nuevo el CESID intervino, esta vez dirigido por Javier Calderón, para realizar una investigación en España y Noruega sobre el pasado y el presente de la candidata a ser reina de España. Parece ser que en este caso, a diferencia del de Gigi Howard, no gustó demasiado a los reyes algún punto del dosier relacionado con alguno de sus hábitos.

placeholder Eva Sannum, en la boda de los príncipes Haakon y Mette-Marit de Noruega. (Reuters)
Eva Sannum, en la boda de los príncipes Haakon y Mette-Marit de Noruega. (Reuters)

Junto a ese detalle, a los reyes les pareció muy poco para su hijo, lo que solo sirvió para obsesionarle más. Juan Carlos tuvo problemas para hacerle ver la necesidad de romper la pareja. Pero desplegó sus artimañas para que todas las personas con ascendencia ante Felipe se lo dejaran claro en 1998, incluido el presidente Aznar. Al final no le quedó otra que romper. Eva declararía tiempo después: "Me negué en redondo a mandar ningún comunicado diciendo que ya no estaba con Felipe. ¿Cómo me podían pedir tal cosa cuando siempre se habían negado a reconocer, pública y oficialmente, que el príncipe mantenía relaciones conmigo?"

Intento de asesinato

Después conoció a Letizia Ortiz y terminaron casándose. Desde entonces forman una pareja sin relaciones extramatrimoniales. Por esta vía no ha dado trabajo al CNI. Igual que en los temas económicos, que tanto habían obsesionado a su padre y que terminaron ensuciando su imagen pública.

Hasta ese momento, las relaciones de Felipe con el servicio secreto habían tenido aspectos complicados, algunos que no le gustaron y otros de los que no llegó a enterarse hasta pasado un tiempo.

Contaba con dieciocho años en 1986 cuando un informe del entonces CESID advirtió de la necesidad de aumentar sus medidas de seguridad ante la posibilidad de que la banda terrorista ETA intentara asesinarle. Dos atentados del comando Madrid habían alertado de la soltura con que se movían los pistoleros. Acababa de ser proclamado heredero de la Corona y había cumplido su primer año como cadete en la Academia General Militar de Zaragoza. El documento de los espías consideraba que su vida corría más peligro incluso que la del presidente González.

placeholder El príncipe Felipe, en Zaragoza en 1985. (Cordon Press)
El príncipe Felipe, en Zaragoza en 1985. (Cordon Press)

Es posible que la alarma le llegara, pero lo que es seguro es que no le informaron de lo que ocurrió un año antes, en 1985. Tras fracasar varias intentonas golpistas, los sectores ultraderechistas que quedaban libres diseñaron un plan para acabar con el rey y de paso con toda la familia real y los miembros más destacados del gobierno socialista. Tendría lugar el 2 de junio de 1985, durante el desfile anual de las Fuerzas Armadas que se celebraría en A Coruña. Por suerte, el golpe fue desactivado por el servicio secreto con tiempo y los implicados advertidos que si no paraban acabarían en la cárcel. Por si acaso, el día del desfile, como medida extra de seguridad para protegerle, el príncipe no participó en los actos. Si hubiera pasado algo, la continuidad de la monarquía había estado asegurada.

La vida privada de Letizia Ortiz

La siguiente presencia del servicio secreto en la vida del príncipe no tuvo que ver directamente con su persona, sino con la de su novia. Esta es una historia controvertida de la que pocos quieren hablar. Salpica suciedad por la mezcla de operación necesaria y al mismo tiempo violadora de la intimidad de una de las personas más importantes del país, aunque esté amparada en la seguridad nacional. Frente al silencio que la acompañó y la acompaña, voy a intentar arrojar toda la luz que pueda. Estamos hablando de una investigación sobre la vida privada de Letizia, la actual reina, cuando todavía no era ni princesa de Asturias.

El 17 de octubre de 2002 el periodista Pedro Erquicia ofreció una fiesta en su casa a la que invitó a amigos, entre ellos varios periodistas, una de las cuales era Letizia Ortiz. El asistente sorpresa fue el heredero de la Corona. Esa noche Felipe y Letizia hablaron a solas durante mucho rato y antes de despedirse se intercambiaron el número de los móviles. Había comenzado una relación que tardaría unos meses en asentarse.

placeholder Letizia Ortiz y el entonces príncipe Felipe, el día del anuncio de su compromiso. (EFE)
Letizia Ortiz y el entonces príncipe Felipe, el día del anuncio de su compromiso. (EFE)

Un año después, el 3 de noviembre, se presentaron en sociedad cogidos de la mano para anunciar su relación. Entre el reducido grupo de personas que estaban en el secreto aparece un nombre en rojo: Jorge Dezcallar. Él mismo lo reconoce a su estilo, no puede evitarlo, en su libro de memorias: "Al príncipe lo había visto muchas veces, pero con la princesa Letizia nunca había tenido ocasión de conversar, a pesar de haber conocido su 'existencia' antes que casi todo el mundo, pues para algo estaba al frente del CNI cuando comenzaron su relación".

Durante el verano de 2003 la pareja se fue de crucero por el Mediterráneo, la relación estaba ya asentada y faltaba encontrar los tiempos adecuados para hacerla pública. En algún momento de los nueve meses anteriores, Juan Carlos le anunció el noviazgo a Dezcallar. ¿Para qué se lo comunicó?, ¿como un mero cotilleo durante uno de sus habituales despachos? "El príncipe tiene novia y es muy guapa", le pudo decir como cuentan muchos padres a sus amigos. No tiene sentido.

Era costumbre

Juan Carlos se lo comunicó porque deseaba que el servicio secreto llevara a cabo una investigación previa, lo que técnicamente se llama un 'control integral de relaciones', al igual que habían hecho con dos de sus novias anteriores. El currículum de Letizia como periodista era público y notorio, pero deseaba saber todo sobre su vida privada, familia, amigos, novios, contactos o asuntos económicos.

Que debía quedar en el más absoluto secreto no era algo que mencionaran en esa conversación, sobraba. Era una costumbre en el CNI, y antes en el CESID, llevar a cabo investigaciones sobre las personas notorias que entraban en relación con la Casa Real. El objetivo era detectar si podían suponer un peligro para la monarquía. La mayor parte de las veces esas investigaciones eran puestas por escrito y entregadas a Juan Carlos. Algunas otras terminaban en la mesa del jefe político del servicio e incluso en la del presidente del Gobierno.

La investigación sobre Letizia Ortiz la debieron realizar agentes de la máxima confianza del director, agentes que jamás desvelarían su contenido y, aún más, que negarían haber participado en esa operación. Fuera de ellos solo conocieron los resultados Dezcallar y el rey.

placeholder El Rey y su esposa, en su época de noviazgo 'oficial'. (EFE)
El Rey y su esposa, en su época de noviazgo 'oficial'. (EFE)

Por otros casos similares deduzco que en el CNI no guardaron una copia del informe, contraviniendo la norma general de archivar siempre su trabajo. Es lógico, nadie debía conocer siquiera que lo habían elaborado. El propio Jorge Dezcallar, de una lealtad probada, desmintió en el Congreso de los Diputados que el CNI hubiera llevado a cabo esa investigación. Es lo lógico. Pero la hicieron.

Casi nadie habla de ese informe, unos pocos prefieren decir que nunca existió. Pero los que saben que el CNI lo hizo —aunque desconocen su contenido— solo se atreven a aventurar que no llegaron a descubrir nada sobre los rumores de cierto “secreto familiar”. También hacen cábalas sobre si el rey lo pudo llegar a saber y no hizo nada, aunque en ese caso quizás habría encargado al CNI que lo hiciera desaparecer. Lo que mis fuentes me aseguran es que una vez que Dezcallar entregó su trabajo al monarca, abandonaron cualquier tipo de investigación sobre la princesa. Ni el rey habría permitido que la investigaran una vez dentro de la familia real, ni el servicio habría entrado en el tema sin una orden clara del Gobierno.

La boda

El 22 de mayo de 2004, Felipe y Letizia contrajeron matrimonio en la catedral de La Almudena, ceremonia a la que fueron invitados Dezcallar y su mujer, a pesar de que había dejado de ser director del CNI. Lo que fue un día de alegrías para la pareja y los 1.200 invitados, supuso una jornada de máxima tensión en el CNI.

Veinte días antes, los analistas del servicio dirigida a atentar durante la celebración de la boda.

placeholder Los reyes Juan Carlos y Sofía, el día de la boda de don Felipe. (EFE)
Los reyes Juan Carlos y Sofía, el día de la boda de don Felipe. (EFE)

El CNI trabajó intensamente hasta el día de la boda, sin conseguir tener la certeza de haber acabado con la amenaza. Bono informó al rey pero acordaron no contárselo al príncipe para no aguarle el día más importante de su vida. Y también para que no cundiera el pánico entre los invitados, pertenecientes muchos de ellos a la realeza europea.

Despliegue nunca visto

Durante el enlace en la catedral de La Almudena y la posterior celebración en el Palacio Real, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado montaron un despliegue pocas veces visto. Solo hubo un momento crítico. Dieron una alarma que obligó a despegar desde la base de Cuatro Vientos a dos helicópteros con tiradores de élite. Por suerte fue una falsa alarma. Los invitados nunca supieron que Bono, Saiz y las fuerzas policiales estuvieron deseando todo el día que se acabaran los actos y todo el mundo volviera a casa. El centro de control estuvo instalado en el búnker de La Moncloa, desde donde se coordinó la operación.

Fue el inicio de una nueva vida para la ya princesa Letizia. Una vida en la que en los primeros momentos se sintió espiada, pero no por agentes del CNI, sino por sus propios escoltas, que al mismo tiempo que la protegían también la vigilaban.

Fernando Rueda, el gran especialista

Emilio Alonso Manglano, Javier Calderón y Jorge Dezcallar llevaron a cabo durante sus mandatos en el servicio de inteligencia (CESID-CNI) investigaciones encargadas por el rey Juan Carlos sobre las distintas novias que sucesivamente tuvo su hijo el príncipe Felipe y cuya relación apuntaba a convertirse en algo más estable. Así lo desvela el libro 'Al servicio de su majestad, la familia real y los espías: 50 años de conspiraciones, manipulaciones y ocultamientos', que ha escrito Fernando Rueda, profesor de la Universidad Villanueva y máximo especialista español en asuntos de espionaje, y que la editorial La Esfera de los Libros publica mañana miércoles, 27 de octubre.

Rey Felipe VI Eva Sannum