Juana I de Castilla: ¿loca o una grave depresión sin curar?
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LA REINA ¿LOCA?

Juana I de Castilla: ¿loca o una grave depresión sin curar?

Hoy, Día Mundial de la Depresión, recordamos a una de las reinas de Castilla y Aragón, Juana de Trastámara, tercera hija de los Reyes Católicos y apodada 'la Loca'. ¿Lo estuvo realmente?

Foto: Cuadro 'Juana la Loca', de Charles de Steuben.
Cuadro 'Juana la Loca', de Charles de Steuben.

Burgos, 25 de septiembre de 1506. Felipe, apodado el Hermoso, rey de Castilla 'iure uxoris' (por el derecho de su mujer) y duque de Borgoña, yace en su cama muerto mientras su esposa, Juana, reina titular de la Corona de Castilla, heredera de las de Aragón, Valencia, Mallorca, Navarra, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, heredera del condado de Barcelona y duquesa consorte de Borgoña, llora desesperadamente a su lado. Juana tiene 26 años y es madre de cinco hijos y espera al último y sexto vástago en su vientre, fruto de la pasión y amor que siempre ha tenido hacia su esposo. Un marido que muere repentinamente con tan solo 25 años de edad dejándola totalmente desconsolada.

Atrás quedan años de felicidad -y también desdicha- que dieron comienzo el 2 de octubre de 1496, fecha en la que ambos jóvenes, nada más conocerse, contraen matrimonio. Si bien es cierto que sus esponsales fueron pactados por los progenitores de ambos, no quisieron esperar al día señalado del enlace y pidieron un cura para poder consumar cuanto antes el matrimonio. Comenzaba entonces un camino de pasión y ¿locura? para una Juana de apenas 17 años.

Juana nació en Toledo el día 6 de noviembre de 1479, siendo la tercera de los siete hijos que sus padres, los Reyes Católicos, habían tenido. La primera fue Isabel, el segundo Juan y, por lo tanto, ella no estaba destinada a heredar corona alguna. Pero, sí, como el resto de sus hermanos tenía una misión: la de emparentar con algún heredero europeo, para consolidar así el plan perfectamente tratado de sus padres, los titulares de las Coronas de Aragón y Castilla.

placeholder Retrato de una joven Juana de Castilla, de Juan de Flandes.
Retrato de una joven Juana de Castilla, de Juan de Flandes.

La muerte, caprichosa, se impuso al destino y, finalmente, sobre los hombros de Juana recayó la inmensa tarea de gobernar ambas coronas, algo para lo que, como veremos, nunca estuvo capacitada o, acaso, interesada en llevar a cabo. Cuando el heredero a ambas coronas, el infante Juan, fallece a causa de la tuberculosis con tan solo 27 años, Juana se convierte automáticamente en princesa de Asturias, por tanto, heredera de la Corona de Castilla. Es la tercera de los hijos, como hemos dicho, pero cae sobre ella la herencia ya que la primogénita, Isabel, había fallecido en 1498 luego de un difícil parto de su hijo con Alfonso de Portugal.

Por tanto, Juana, que no había sido educada para ser reina titular, por lo caprichos del destino se convierte en la heredera aunque no será reina hasta la muerte de sus padres; primero de la reina Isabel en el año 1504 y después de la de su padre, el rey Fernando, en 1516.

Juana era una mujer de fuerte carácter y de una gran fortaleza física. Si su primer parto, el de la infanta Leonor, transcurrió sin complicación alguna, el segundo fue tan asombroso que ha llegado a nuestros días cómo fue: "Hallándose en una fiesta palaciega en el castillo de Gante, Juana se encontró de pronto acosada por los dolores propios de una parturienta y apenas le dio tiempo a retirarse de la fiesta, dando a luz sin mayores esfuerzos a su segundo hijo, y el primero de los varones: sería el futuro Carlos V, de tan profunda proyección en la historia, no ya de España, sino del mundo entero”. ('Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas', Manuel Fernández Álvarez, ed. Espasa, col. Austral, ed. 2020).

placeholder Retrato de Juana I de Castilla del 1500.
Retrato de Juana I de Castilla del 1500.

Al margen de la fortaleza física de Juana, ¿qué podemos decir de su fortaleza mental? Poco sabemos a través de lo que nos ha llegado y, de lo poco que tenemos, tampoco podemos deducir gran cosa. ¿Estaba loca? ¿Quién puede decirlo? ¿Había profesionales en aquella época que pudieran decir qué le pasaba? ¿Se conocía la depresión como tal? Obviamente, no. Es muy difícil desde el siglo XXI entender qué tipo de trastorno podría tener Juana a tenor de lo que nos llega por otros. Pero sí podemos aventurarnos y afirmar que Juana fue terriblemente desdichada gracias a su marido. Bien es cierto que no se estilaban los matrimonios por amor y el suyo no fue una excepción. Juana partió de Laredo para casarse con Felipe y que sus padres, los reyes de Castilla y Aragón, cumpliesen con su escrupuloso plan de dominar el mundo conocido. Plan, por cierto, que fue mucho más allá de todas sus expectativas y que terminaría siendo, con su nieto Felipe II, un imperio donde jamás se ponía el sol.

Pero, volviendo a Juana, sobre ella ¡hay tantas leyendas tan malintecionadas! Les pongo un ejemplo que, a buen seguro, habrán escuchado (y creído a pies juntillas): esa Juana vagando por las frías noches de Castilla a cuestas con el cadáver de su marido y con expresa prohibición de que ninguna mujer pudiera acercarse a él. ¿Es esto cierto? Lo es a medias. Efectivamente, Juana, queriendo complacer el deseo de su esposo, lo quiso llevar a enterrar a Granada. Cierto es que no eligió el camino más recto, pero ¿por qué las noches? ¿Qué hay de cierto en que obligó a todo su séquito a dormir a la intemperie porque no permitía Juana que ninguna mujer entrara a dormir en el convento? Ciertamente todo parece verdad pero, a su vez, todo es mentira o, dicho de otro modo, hay que ir a las fuentes y ver los porqués.

placeholder Cuadro 'Doña Juana la Loca', de Francisco Pradilla.
Cuadro 'Doña Juana la Loca', de Francisco Pradilla.

Ciertamente, el cortejo fúnebre viajaba de noche, pero no a capricho. En aquel año hubo peste negra -reminiscencias de la del s XIV-. Ahora que sabemos todos tanto de pandemias, y la peste negra lo fue a lo bestia, conocemos la importancia del distanciamiento social. Bien, pues ellos también, por lo que viajar de noche era garantía de encontrarse con el menor número de personas. Lo de que Juana obligó a dormir a todos a la intemperie por celos (¡del cadáver de su marido!) es mentira.

En una ocasión no entraron al convento porque este era de monjes y estaba prohibida la entrada a las mujeres, y -esto sí es más que interesante- en otra ocasión, Juana, que podría estar loca pero de tonta no tenía un pelo, simplemente intuyó, tal y como lo cuenta Pedro Martín de Anglería en su 'Epistolario', ed. Cit., pág.147: "Cuando en la aldea de nombre Cócejes, en campo abierto, se detuvo la Reina Juana, montando a caballo, entró en sospechas de que la dejaran encerrada en el castillo de aquella pequeña villa, que era muy seguro; porque estaba plenamente convencida, bien por su estado mental, bien por las indicaciones de algún delator y los consejeros, a los que profundamente odiaba la iban a encerrar en un castillo". ¿Cómo reaccionó Juana? Negándose a entrar, un hecho que se repetiría en repetidas ocasiones.

Y es que Juana, cuando se queda huérfana de madre en 1504 y llega a Burgos para presentarse ante los castellanos como la nueva soberana de Castilla, ya tiene prácticamente a todos en contra: su marido, que quiere ser él el rey; su padre, que no pierde ripio para ganar más poder una vez se ha quedado viudo… Juana está entre las fauces de los leones, no puede fiarse de nadie y, finalmente, ese será su destino: quedarse el resto de su vida en un castillo, el de Tordesillas, en Valladolid.

placeholder Retrato anónimo de Felipe el Hermoso.
Retrato anónimo de Felipe el Hermoso.

En el camino con el cadáver a cuestas, Juana está embarazada de su última hija, la infanta Catalina, y sí es cierto que, presa de ¿enajenación?, ¿desesperación?, ¿desolación?, arranca la leyenda de la locura de Juana: "Así pues –nos informa de nuevo Anglería-, desenterró al marido el 20 de Diciembre. Lo vimos colocado, dentro de una caja de plomo, recubierta con otra de madera, todos los embajadores presentes, a los cuales, una vez abierta la caja, nos llamó para que reconociésemos el cuerpo…".

¿Estaba de verdad loca o tenía la pobre mujer una depresión de aúpa mezclada con el sentimiento medieval sobre la muerte? Es imposible saberlo. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que Juana sufrió lo indecible con un hombre que no la supo ni quiso querer más allá de los días posnupciales. Juana enfermó 'de amor', si es que existe tal dolencia. Juana adoraba con desesperación a su esposo y cuanta mayor era su adoración, mayor era el rechazo de él. Moría de nervios porque siempre había otra mujer en el lecho de su marido y ella -y toda la corte- lo sabían.

Cuando en 1504 muere en Castilla la reina Isabel, Juana pasa a ser la reina titular de dicha corona pero a ella parece importarle bien poco, por no decir nada, la tarea ingente que cae sobre sus hombros. Juana solo parece interesada en su marido, en estar con él y es una absoluta incomprendida. ¿Quién, en su sano juicio, no quiere estar todo el día con su recién estrenado esposo? No olvidemos que, pese a ser un matrimonio pactado, ella cae profundamente rendida tras pasar la primera noche de bodas gracias al buen amante que, se supone, era el archiduque.

Foto: La princesa Diana, en una imagen de archivo. (Getty)

Cuando Felipe muere, empieza verdaderamente la 'locura' de Juana, que bien podría haber sido una depresión y una desolación pero sin prozac, ni terapeuta, ni buenas amigas en las que llorar su pena y ¡embarazada con toda su carga hormonal!

Juana fue traicionada por su marido, por su padre y ¡por su propio hijo, el emperador Carlos V! Y es que, a pesar de que jamás la desposeyeron de sus títulos de reina, la encerraron para siempre en Tordesillas con 26 años, hasta que murió con 75. Toda una vida atrapada en una cárcel. Por cierto, dicho castillo ya no existe. Desafortunadamente fue derruido en el siglo XIX, pero lo que sí está -y puede ser visitado- es el Real Monasterio de Santa Clara, en cuya iglesia Juana depositó, antes de su andadura por Castilla la Vieja,, el cuerpo insepulto de su marido.

Hoy, Día Mundial de la Depresión, recordamos a la infortunada Juana I de Castilla, conocida como la Loca, un apodo con el que no hay consenso. Particularmente pienso que ni hubo locura ni perdió jamás la razón. Lo que sí perdió al quedarse viuda fueron las ganas y el interés por reinar, de ahí que, probablemente, su reclusión fue mucho más sencilla.

Gema Lendoiro es periodista y doctoranda en Historia Moderna por la Universidad de Navarra.

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