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Urdangarin admite a los suyos que cometió "un error" y busca el perdón de la Infanta
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FAMILIA DEL REY

Urdangarin admite a los suyos que cometió "un error" y busca el perdón de la Infanta

La infanta Cristina sigue en Barcelona con su hija, Irene, de vacaciones. Juntas, con Pablo, se reunieron con Iñaki, quien trata de recuperar la relación con su todavía mujer

Foto: Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina en una imagen de archivo.(Getty)
Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina en una imagen de archivo.(Getty)

Está “arrepentido”, considera que ha cometido “un grave error” y así se lo hace saber a todo su entorno y, en especial, a su mujer. Iñaki Urdangarin quiere volver con la infanta Cristina a toda costa y le ha pedido perdón desde el primer momento. El exduque de Palma se siente incluso “avergonzado” por lo que ha sucedido, pero tiene esperanzas, lo dicen sus amigos, de que las cosas se recompongan. En ello está inmerso, en lograr el perdón de su mujer, que para él es ahora mismo su vida.

Cuando Urdangarin supo de la existencia de las famosas imágenes se le vino el mundo encima. “Qué tonto”, ha dicho a algunos de sus amigos, quienes lo cuentan casi a regañadientes porque les cuesta desvelar cuestiones tan directas. El marido de la Infanta no está contento, como muchos apuntan, ni mucho menos.

placeholder Iñaki Urdangarin. (RAM)
Iñaki Urdangarin. (RAM)

Tampoco ha seguido la relación con su compañera de trabajo. Fue algo, asegura, fugaz, una amistad que se complicó y qué el no supo parar. Tampoco ella supo y ahora ambos pagan las consecuencias. Así lo ven desde el círculo del matrimonio, quienes señalan que los hijos son muy comprensivos con su padre y entienden que no está en su mejor momento.

Expectativas muy altas

Tanto Urdangarin como la Infanta habían puesto las expectativas muy altas sobre el momento en el que él saliera de prisión. Ese iba a ser el fin de sus pesadillas, se decían. Pero se equivocaron. Encerrado en una prisión femenina que no escogió él, en una celda aislada y sin contacto con nadie más que los guardas, Urdangarin vio cómo la pandemia se cernía sobre su soledad y lo confinaba en la más absoluta de las miserias. Encierro sobre encierro.

Foto: Fotografía de archivo de Iñaki Urdangarin en 2019. (EFE)

Cuando llegó el ansiado tercer grado y el juez le dio permiso para ir a Vitoria, puso pies en polvorosa y se marchó tan rápido que ni siquiera se despidió de sus compañeros del centro Don Orione, donde había estado como voluntario y donde había logrado encontrarse, de nuevo, consigo mismo. Las conversaciones con algunos de sus amigos son largas, muy personales y llenas de matices. Por confianza y respeto solo nos trasladan algunas notas, las suficientes para intentar que entendamos a su amigo.

Foto: Iñaki Urdangarin, en una imagen de archivo. (EFE)

Un deportista de élite que se obsesionó con el ejercicio físico en prisión, lo único que le ayudaba a mantener la cabeza en su sitio. Un marido que veía a su mujer destrozada por lo sucedido. Un padre que se perdía la vida de sus hijos, todos en plena adolescencia y afectados por todo el caso Nóos. Un preso, en definitiva, que debía mantenerse alejado del resto de presos para no convertirse en objetivo de exclusivas ajenas. Y al salir, se vio en casa de su madre, dependiente de todos, necesitado de la ayuda familiar para poder trabajar y subsistir. “El precio ha sido alto” y ahora lo paga la Infanta, dicen.

Tiempo de reflexión

Cuando salió de prisión necesitó su tiempo de reflexión y ella le dejó todo el aire del mundo. Sabía que debía mantenerse cerca pero darle oxígeno, y en eso estaba la familia. Lo hablaron varias veces, incluso con los hijos. Se querían y debían apoyarse. Los Urdangarin de Borbón han sido siempre una piña, cerrada y amorosa, y ahora luchan por mantener ese “tesoro”.

Foto:  La infanta Cristina y su marido, en los Juegos de Pekín 2008. (CP)

En eso está, decíamos, Urdangarin, con el apoyo de sus hijos: quiere lograr el perdón de su mujer y así se lo hace saber cada vez que se ven. Lo hizo en Ginebra, el primer fin de semana que pudo ir a ver a la Infanta tras el escándalo de las fotos. Y lo ha vuelto a hacer este pasado fin de semana, en Barcelona, donde ambos se han visto, aunque no mucho, y han hablado de su futuro. Él quiere que sea juntos, en Ginebra, pero ahora es ella quien necesita oxígeno. Tiempo.

Mazazo

Para ella las imágenes han sido un mazazo muy duro, sobre todo por la exposición pública. Y encima con una compañera de trabajo, alguien a quien Urdangarin debe seguir viendo casi a diario. Perdonar a su marido sería exponerse ante todos, quienes opinan y dan consejos desde la lejanía y el desconocimiento. Una infidelidad duele, claro, nos dicen sus allegados, pero una infidelidad pública es mucho más compleja. La Infanta, eso sí, está acostumbrada a que su vida sea carne de prensa, toda su familia ha sido educada para soportar esa presión.

Pero “hay límites”, matizan las mismas fuentes, y ahora mismo ella sopesa saber si las fronteras que se han cruzado son definitivas. Cristina sigue en Barcelona, con su hija, Irene, de vacaciones invernales, acompañada de sus amigos, quiene intentan apoyarla sin agobiarla. No ha decidido nada todavía, y eso que se ha reunido en Abu Dabi con su padre, quien la empuja, de nuevo, a divorciarse. No por la infidelidad, sino por la poca cabeza de su yerno.

Foto: Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina. (RAM)

Con todo, ella sigue rumiando, reflexiona sobre todo lo que puede perder y ganar, y piensa en sus hijos, quienes han estado siempre en el centro de sus decisiones. Por eso, nos dicen, la reconciliación no es una idea descabellada: los hijos apuestan por esta opción, sin fisuras, aunque ya le han dicho que la apoyarán en todo lo que haga. Claro.

Y ahí sigue Urdangarin, quien no suelta las cuerdas, aunque las deja ligeras para no agobiar, a la espera de recuperar a su mujer. “Han vivido demasiado juntos como para perderlo todo”. Así, contundentes, se muestran quienes más les conocen.

Está “arrepentido”, considera que ha cometido “un grave error” y así se lo hace saber a todo su entorno y, en especial, a su mujer. Iñaki Urdangarin quiere volver con la infanta Cristina a toda costa y le ha pedido perdón desde el primer momento. El exduque de Palma se siente incluso “avergonzado” por lo que ha sucedido, pero tiene esperanzas, lo dicen sus amigos, de que las cosas se recompongan. En ello está inmerso, en lograr el perdón de su mujer, que para él es ahora mismo su vida.

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