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La reina Letizia prefiere las cumbres internacionales plebeyas antes que las 'royal'
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Opinión

La reina Letizia prefiere las cumbres internacionales plebeyas antes que las 'royal'

Atrás queda la controvertida inasistencia de la Reina a la cita de Noruega, pues su éxito como anfitriona de los socios de la OTAN y sus cónyuges ha sido total

Foto: La reina Letizia con el primer caballero de Luxemburgo. (LP)
La reina Letizia con el primer caballero de Luxemburgo. (LP)

Le reina Letizia lo ha bordado. Está claro que en materia de cumbres internacionales la esposa del Rey las prefiere institucionales, con contenido político y plebeyas, antes que las estrictamente familiares y dinásticas reservadas a los 'royals'. A su controvertida inasistencia a la cita de Noruega, donde se celebraban los 18 años de la princesa heredera, la Reina ha contrapuesto con éxito indudable su protagonismo como anfitriona en Madrid de los socios de la OTAN y sus acompañantes.

Un doble papel es, en realidad, el que ha ejercido la esposa del monarca. Si bien se ha destacado mucho su particular labor de guía cultural para las parejas -hombres y mujeres, afortunadamente- de los líderes occidentales, me quedo con la imagen regia, profesional, joven, desenvuelta y austera proyectada junto al monarca desde el Palacio Real. Una imagen que compite con ventaja con la de la propia Isabel II en la cumbre de Londres en 2019, pese a las limitaciones exigidas por el protocolo de este foro internacional, que excluyen el glamour de las tradicionales cenas de gala de las monarquías.

placeholder El rey Felipe VI, doña Letizia, Emmanuel y Brigitte Macron, en la cena de gala del Palacio Real. (EFE/Martín)
El rey Felipe VI, doña Letizia, Emmanuel y Brigitte Macron, en la cena de gala del Palacio Real. (EFE/Martín)

Sobre la labor más publicitada, es cierto que el grueso de mujeres que componía la comitiva de cónyuges confería a las crónicas un inevitable color rosa satinado. Ha sido un perfil de contraportada pretendidamente rancio y plagado de alpargatas, cortes de calles, vestidos de flores y nietas en chándal. Sin embargo, la visibilización de todo ese caudal de patrimonio, historia, música, solidaridad y pintura no solo ponía a España en el mapa de la atención internacional y turística, sino que además servía de atrezo al propio objeto político de la cumbre: de espejo y muestra de toda una civilización que la OTAN se apresta ahora a defender de los mismos 'peligros' de hace 70 años.

Si algo cabe reprochar a la reina plebeya es que, al igual que la incomodidad con su insigne familia política -a la que bien cabría atribuir que esquivara la foto en Oslo con Marie-Chantal de Grecia-, se le notan demasiado los afectos. A falta de más anécdotas, la prensa destacaba estos días algunos de sus gestos especiales de cariño hacia determinados invitados, como el matrimonio Macron. Es el precio de una naturalidad que, no obstante, le ha permitido besar, abrazar, tocar y dar calor personal a la acogida.

placeholder La reina Letizia, junto al presidente Biden. (Limited Pictures)
La reina Letizia, junto al presidente Biden. (Limited Pictures)

Pero detrás de cada saludo, de cada comentario, guiño o broma, lo que se adivina también es mucho trabajo y muchas horas de inglés. Por encima de la elección de sus modelos, que tiene su importancia, desde luego, se diría que la Reina ha dado una buena muestra de la sobriedad y de la eficacia institucional de las monarquías parlamentarias modernas. Ello, sin olvidar la labor en equipo -harto difícil, se supone- que conlleva compartir y repartir tareas con la esposa del presidente del Gobierno, a la que la agenda de la Moncloa ha dado un papel privilegiado e inédito en una cumbre internacional.

El hito de la cita OTAN ha sido, en lo que a la función representativa de la pareja del jefe del Estado se refiere, tan impecable como lo fue la visita al Reino Unido en 2017 para afianzar la relación con las dinastías reales en las democracias coronadas. Solo cambia el protocolo. Ahora falta que la Reina abunde también en estas últimas y prepare, también para ellas, a la heredera de la Corona.

Le reina Letizia lo ha bordado. Está claro que en materia de cumbres internacionales la esposa del Rey las prefiere institucionales, con contenido político y plebeyas, antes que las estrictamente familiares y dinásticas reservadas a los 'royals'. A su controvertida inasistencia a la cita de Noruega, donde se celebraban los 18 años de la princesa heredera, la Reina ha contrapuesto con éxito indudable su protagonismo como anfitriona en Madrid de los socios de la OTAN y sus acompañantes.

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