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La nueva familia real, según Carlos III: un reinado lleno de cambios y sorpresas
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FAMILIA REAL BRITÁNICA

La nueva familia real, según Carlos III: un reinado lleno de cambios y sorpresas

Llevamos décadas conociendo sus pensamientos, opiniones, aficiones, debilidades... Lo que hace que los ciudadanos le vayan a ver ahora a través del prisma de una imagen preconcebida

Foto:  El rey Carlos III junto a su madre, la reina Isabel II, durante el Festival de Flores de Chelsey. (Getty/Tim Graham)
El rey Carlos III junto a su madre, la reina Isabel II, durante el Festival de Flores de Chelsey. (Getty/Tim Graham)

En una entrevista por su 70 cumpleaños preguntaron al entonces príncipe Carlos si seguiría "entrometiéndose" en la política cuando se convirtiera en rey. "No soy tan estúpido", respondió. Citó a Shakespeare cuando explicó cómo los herederos tienen que cambiar cuando se convierten en soberanos, asegurando que las partes I y II de las obras 'Enrique V' y 'Enrique IV' muestran que los monarcas recién coronados tienen que "desempeñar el papel de la manera que se espera".

Nadie sabe exactamente cómo será ahora Carlos III, el hombre que más tiempo ha estado en la historia del Reino Unido como heredero. Ha pasado toda su vida a la sombra de Isabel II, quien fallecía este jueves a los 96 años. Sabe que la nación considera a su madre como la apoteosis de la monarquía constitucional. Es poco probable que el suyo sea un reinado largo. Asume la Corona a los 73 años. Pero al menos lo hace acompañado de su gran apoyo, Camila, convertida ahora en reina consorte. La que fuera eterna amante, la que en su día los sondeos la postularon como "la mujer más odiada del Reino Unido", la que protagonizó titulares cuando se revelaron las conversaciones más íntimas donde Carlos le decía que quería ser su "támpax" para "estar siempre dentro de ella", se ha ganado finalmente su sitio en palacio.

Los nuevos reyes de Inglaterra. (EFE/EPA/Tolga Akmen)

Aunque parece que la intención del nuevo monarca no es instalarse en Buckingham sino en Windsor, donde la reina pasó sus últimos años. Habrá cambios. Eso está claro. El principal será reducir la familia real a tan solo el núcleo duro. Quedarán fuera su hijo Harry -que desde el sonado Megxit no para de lanzar ataques- y por supuesto su hermano, el príncipe Andrés, con quien nunca hubo buena sintonía y con el que no se habla desde el escándalo por supuestos abusos a menores.

Para Carlos, el hecho de que se haya estado preparando para este momento durante toda su vida adulta, paradójicamente, hace que los desafíos que enfrenta sean más difíciles, en lugar de más fáciles. La gran mayoría de la gente, al fin y al cabo, solo ha conocido a un soberano. El estilo, los modales y el enfoque general de Isabel II -que estuvo 70 años de reinado- han quedado tan grabados en la conciencia nacional que, para muchos, son directamente sinónimos de lo que es ser monarca.

Foto: La reina Isabel II, durante una ceremonia en 2014. (Getty/WPA Pool/Stefan Wermuth)

Pese a ser una de las figuras más reconocidas a ambos lados del Atlántico, Isabel II era la gran desconocida. Con Carlos, sin embargo, el problema quizá es que lo conocemos demasiado bien. Llevamos décadas conociendo sus pensamientos, opiniones, aficiones, debilidades, por no hablar del angustioso detalle del gran culebrón de su vida personal. Lo que hace que los ciudadanos le vayan a ver ahora a través del prisma de una imagen preconcebida, para bien o para mal.

Sin duda, él querrá poner su propio sello en la monarquía, con un grupo central de miembros de la familia haciendo todo el trabajo. En definitiva, no habrá lugar para las princesas Beatriz y Eugenia, hijas de Andrés.

Asimismo, según más de un biógrafo, va a ser un rey "activista", usando su posición para seguir haciendo campaña sobre los temas que le apasionan: quizás no tan ruidosamente como antes, pero con la misma dedicación. Acepta que no podrá hacer campaña desde la sala del trono como lo ha hecho desde su antecámara. Ya no hablará con tanta frecuencia o intervendrá con tanta energía. Pero tendrá, en cambio, sus audiencias semanales con la primera ministra. Ya en 2008, su biógrafo Jonathan Dimbleby recalcó que "ahora hay movimientos discretos en marcha para redefinir el futuro papel del soberano para que se permita al rey Carlos III pronunciarse sobre asuntos de trascendencia nacional e internacional de formas que por el momento serían impensables".

placeholder Isabel II, junto a su familia en una de sus últimas apariciones. (Getty/Chris Jackson)
Isabel II, junto a su familia en una de sus últimas apariciones. (Getty/Chris Jackson)

En opinión de algunos de los críticos del actual monarca, simplemente no es capaz de subordinar sus puntos de vista. E incluso si puede, es demasiado tarde, porque sus opiniones sobre temas como la arquitectura, agricultura, medioambiente, medicina, educación o los derechos humanos ya son conocidos. Los asesores de Carlos, sin embargo, han argumentado que él es demasiado consciente de la institución y demasiado sensible a los requisitos de su función para hacer algo que pueda causar problemas constitucionales.

Cuando, después de una batalla legal de diez años por parte de 'The Guardian', se publicaron sus cartas al Gobierno, se reveló cómo presionó a los ministros sobre temas que iban desde la guerra de Irak hasta las terapias alternativas. Sin embargo, si bien las cartas revelaron la amplia gama de temas que le apasionan y su comprensión detallada de la política, no hubo ninguna en la que pareciera haberse excedido en términos de corrección política. Como escribió el historiador Andrew Roberts, todo el ejercicio para sacar a la luz su supuesta intromisión parecía haber fracasado.

Sally Bedell Smith, en una biografía de 2017 que no rehuyó las críticas al actual monarca, dio una nota optimista. "Tendrá el potencial de inspirar como una fuerza unificadora más allá de la política, con un estilo y un tono diferentes a los de la reina: mostrar sus sentimientos y hablar con más naturalidad y probablemente con más frecuencia que su madre", matizó. "Al comportarse con dignidad y seriedad de propósito, pero manteniendo sus opiniones bajo control, respetando las tradiciones reales, adhiriéndose a su sentido del deber y mostrando su humanidad y su encanto, bien podría engendrar el afecto y la admiración que había buscado durante mucho tiempo", apuntó.

Ante todo, Carlos sabe que su reinado deberá reflejar el hecho de que el Reino Unido de hoy es un país radicalmente diferente al de 1952. La ceremonia de coronación será una ocasión claramente diferente a la protagonizada por su madre en 1953, y no es descabellado preguntarse si el juramento de coronación, mediante el cual la ley obliga al nuevo soberano a jurar solemnemente “mantener y preservar inviolablemente el arreglo de la Iglesia de Inglaterra, y la doctrina, el culto, la disciplina y el gobierno de la misma, según lo establece la ley en Inglaterra”, permanecerá sin cambios para el momento en que Carlos la pronuncie. En definitiva, Carlos III puede ser un rey cargado de sorpresas. En su día, Emma Thompson ya dijo que bailar con él era “mejor que el sexo”.

En una entrevista por su 70 cumpleaños preguntaron al entonces príncipe Carlos si seguiría "entrometiéndose" en la política cuando se convirtiera en rey. "No soy tan estúpido", respondió. Citó a Shakespeare cuando explicó cómo los herederos tienen que cambiar cuando se convierten en soberanos, asegurando que las partes I y II de las obras 'Enrique V' y 'Enrique IV' muestran que los monarcas recién coronados tienen que "desempeñar el papel de la manera que se espera".

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