La princesa Charlène ha vuelto a demostrar que, cuando se trata de vestir de largo, siempre acierta. Nada fan de los estampados ni tampoco de los colores chillones, la esposa de Alberrto de Mónaco apostó por la sobriedad con un vestido blanco para la cena que tuvo lugar tras el campeonato de Fórmula 1. Eso sí, le dio un toque distinto con sus complementos, sobre todo con un original cinturón dorado que lucía con el que, además de marcar silueta, customizó su look.
Este fin de semana, el principado se llenó de rostros conocidos por la celebración del Gran Premio de Fórmula 1. Gran parte de la familia Grimaldi asistió a las carreras, entre ellos Carlota Casiraghi con su hijo mayor, Raphael Elmaleh, la princesa Alexandra de Hannover con su pareja Ben-Sylvester Strautmann o los vástagos de la princesa Estefanía. También estuvieron Marie-Chantal de Grecia con su hija, María Olympia, derrochando glamour.
Alberto y Charlène de Mónaco en la cena de gala. (Cordon Press)
Alberto y Charlène fueron los encargados de presidir la carrera durante el día, y por la noche se fueron de cena de gala junto a otros personajes conocidos como los duques de Castro o Álvaro de Orleans Borbón con su esposa, Antonella, y su hija, Eulalia. Todas las mujeres vistieron con grandes vestidos de gala, demostrando por qué Mónaco sigue siendo uno de los vestigios del lujo europeo.
En el caso de Charlène, optó por un vestido blanco de escote asimétrico. Un diseño sin mangas, con cuello en V y un detalle joya en uno de los tirantes. Se trata de un modelo sobrio y sencillo, de los que tanto le gustan a la princesa. Sin embargo, en esta ocasión le añadió un cinturón dorado con ondas, con el que agregó un toque fashion a su estilismo.
La princesa Charlène. (Cordon Press)
Charlène fue también muy sobria con sus joyas, optando únicamente por unos pendientes, que se veían a la perfección gracias al favorecedor moño con el que recogió su pelo. Son unos botones de diamantes que le daban muchísima luz al rostro de la princesa, perfecta una vez más y completamente recuperada ya de sus problemas de salud del pasado.
Esa misma mañana, la princesa había optado por un look muy distinto, en color rojo. La princesa apostó por una blusa de silueta estructurada con tela plisada y cuello envolvente. A lo que ha sumado unos pantalones de pata de elefante y un cinturón con hebilla dorada. El look lo acompañó de unas gafas de sol XL que reforzaban su imagen sofisticada y poderosa. A su lado,su marido ha lucido chaqueta azul marino y pantalón beige en clave clásica.
El estilismo de Charlène en esta cita tan señalada es una muestra más de su dominio absoluto del lenguaje de la moda. Con siluetas depuradas, detalles sutiles y una estudiada elección de accesorios, la princesa logra ese difícil equilibrio entre la sobriedad y el impacto visual. Su look transmite fuerza, seguridad y una elegancia contemporánea que no necesita artificios. Una lección de estilo sereno que reafirma su posición como uno de los grandes referentes de la realeza europea.
La princesa Charlène ha vuelto a demostrar que, cuando se trata de vestir de largo, siempre acierta. Nada fan de los estampados ni tampoco de los colores chillones, la esposa de Alberrto de Mónaco apostó por la sobriedad con un vestido blanco para la cena que tuvo lugar tras el campeonato de Fórmula 1. Eso sí, le dio un toque distinto con sus complementos, sobre todo con un original cinturón dorado que lucía con el que, además de marcar silueta, customizó su look.