El misterio de la habitación presidencial de los Trump en el Castillo de Windsor: su dormitorio en la Torre Lancaster
Melania Trump y Donald Trump se están alojando en uno de los enclaves más importantes de Reino Unido. Un escenario lleno de historia, pero también de especulaciones
Carlos III, Donald Trump y Melania Trump en la cena de gala de Reino Unido. (Gtres)
Sin noticias oficiales al respecto, la mayoría de medios sitúan su alojamiento para estos días en la Torre Lancaster, en el Castillo de Windsor. Una elección que han analizado diferentes expertos para periódicos como el 'Daily Mail', cuestionándose si Donald Trump y Melania Trump estarán durmiendo juntos.
Parte de la fachada principal del Castillo de Windsor, en su recibimiento a los Trump. (Gtres)
Aunque lo primero es hablar del Castillo de Windsor, uno de los espacios históricos más importantes para la familia real británica. Fundado por el rey Guillermo el Conquistador en el siglo XI, ha sido reformado a lo largo de los siglos para adaptarse a las necesidades de la monarquía.
De hecho, la Torre Lancaster adquirió protagonismo en el siglo XIX, cuando el rey Jorge IV impulsó una profunda remodelación que transformó el recinto en un palacio de Estado apto para ceremonias y diplomacia. Desde entonces, esta parte del castillo quedó asociada al alojamiento de invitados distinguidos. Una zona alejada de las visitas públicas, que está blindada.
Carlos III junto a los Trump, en la cena de gala de su visita oficial. (Aaron Chown/Reuters)
Allí se alojaron en 1982 Ronald Reagan y Nancy Reagan, convirtiéndose en la primera pareja presencial estadounidense en pernoctar en el Castillo de Windsor. Entonces ocuparon la gran suite de la torre, la número 240, compuesta por al menos dos dormitorios, dos vestidores, una sala de estar y varios cuartos de baño. El alojamiento que estarían ahora repitiendo los Trump.
Entonces, la prensa estadounidense quiso revelar cómo eran estas dependencias secretas, asegurando que combinaban la elegancia británica con cierta sobriedad, con un dormitorio amarillo, un vestidor azul y blanco para la primera dama y una sala de estar en tonos crema, marrón y rosa. Además, cuenta con unas vistas privilegiadas a los jardines del castillo. Un enclave único que, en el caso de alojar a los Trump, los convertiría en parte de un exclusivo club de huéspedes.