El anuncio fue realizado ayer por el Palacio Real: la reina madre Sirikit, viuda del venerado rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX) y madre del actual monarcaMaha Vajiralongkorn (Rama X), falleció el 24 de octubre de 2025, a los 93 años, en Bangkok, en el hospital Chulalongkorn (nombre originario de su bisabuelo Rama V), donde había sido ingresada hace tres años.
Fue la reina más bella del mundo y cuando se casó en 1950 con el joven reyBhumibol, la prensa de todo el mundo (mal informada), deseosa de repetir el cuento de Cenicienta, la presentaron como una joven de 17 años, procedente de una familia de funcionarios del gobierno, ofrecida al también joven rey.
Nada más lejos de la realidad. Primer ejemplo: durante una recepción en palacio en los años 30, Sirikit era llevada en brazos por su nodriza y se acercó a observarla un vidente que dijo, “será reina”. Sirikit contaba que sus hermanos mayores se burlaban de ella, llamándola reina de Abisinia.
'Mom Rajawongse' (princesa) Sirikit Kitiyakaranació el 12 de agosto de 1932 en Bangkok, en el seno de la amplísima familia real tailandesa. Siendo primera hija tras dos varones. Su padre era el príncipe general Nakkhatra Mongkol Kitiyakara, 2º príncipe de Chanthaburi y de la actriz Bua Snidvongs, descendiente del rey Rama II. Fue embajador en Washington, París y Londres. Era el tercero de los veinticuatro hijos del príncipe Voralaksana Kitiyakara 1er. príncipe de Chanthaburi y de la princesa Absornsamarn Dhevakul, nieta de Mongkut Rama IV, el famoso rey de Siam al que la británica Anna Leonowens, sirvió como institutriz de sus 82 hijos y que escribió sus memorias.
El príncipe de Chantaburi era también nieto de Rama IV, como hijo de su sucesor Rama V Chulalongkorn, el modernizador de Siam, que tuvo 77 hijos de diversas consortes.
La reina Rambhai Barni, consorte del rey Prajadhipok Rama VI, le otorgó a la niña el nombre de Sirikit, que significa «la gloria de Kitiyakara”.
Separada de sus padres durante la infancia a causa de las obligaciones diplomáticas de estos, la princesa Sirikit Kitiyakara fue criada en un primer momento por sus abuelos maternos. Recibió sus primeras enseñanzas en Palacio y, a los cuatro años, ingresó en el Kindergarten College de la escuela Rajini (Queen’s College).
Durante la Segunda Guerra Mundial, Bangkok sufrió repetidos bombardeos mientras el gobierno de Siam se encontraba bajo la influencia japonesa. En ese contexto, en 1940 fue trasladada al colegio católico del convento de San Francisco Javier, próximo al Palacio Real, donde cursó la primaria y los primeros años de secundaria. Allí cultivó una temprana pasión por la música, en particular por el piano, disciplina a la que aspiraba dedicarse profesionalmente.
Concluido el conflicto mundial, en 1946 su padre fue nombrado embajador en Londres y trasladó a la familia a la capital británica. Sirikit, con trece años, completó allí sus estudios secundarios, prosiguió su formación pianística y adquirió un dominio fluido del inglés y del francés. La carrera diplomática paterna llevó después a la familia a residir en Dinamarca y en Francia, donde la joven princesa aprovechó la oportunidad de perfeccionar su formación musical en el Conservatorio de París.
Mientras tanto, sus primos de la rama principal de la familia real atravesaban momentos de incertidumbre y tragedia. El 9 de junio de 1946, el joven príncipe Bhumibol Adulyadej fue proclamado rey tras la repentina muerte de su hermano mayor, el monarca Ananda Mahidol (Rama VIII), hallado sin vida en su dormitorio del Palacio Real de Bangkok con un disparo en la cabeza, en circunstancias nunca del todo esclarecidas.
Algunos de los seguidores de la monarquía tailandesa que se han querido acercar a mostrar sus respetos. (Reuters)
Para la historiografía tailandesa, aquel suceso constituye un episodio silenciado y políticamente sensible; para la extranjera, en cambio, permanece como un enigma abierto que refleja las tensiones de un país en plena transición: entre la monarquía absoluta y la constitucional, entre las facciones militares vinculadas al Japón imperial y los sectores que abogaban por la democracia y la apertura hacia Occidente. En este contexto, la hipótesis de un asesinato perpetrado por el primer grupo ha sido considerada plausible por diversos analistas.
La conmoción nacional fue inmediata: la súbita desaparición del joven monarca dejó un vacío de autoridad y abrió un periodo de sospechas y tensiones políticas en un país ya sacudido por la inestabilidad tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.Bhumibol, con apenas dieciocho años, fue proclamado rey en un clima de desconfianza y de pugnas entre facciones militares y civiles. Sin embargo, no asumió de inmediato las funciones plenas de soberano: regresó a Suiza para proseguir sus estudios, mientras su tío, el príncipe Rangsit, ejercía la regencia hasta la coronación oficial en 1950. Educado en Europa y alejado de la política local, el joven monarca debía construir gradualmente su autoridad moral en un contexto en el que el trono era percibido más como un símbolo de continuidad que como un poder efectivo.
Bhumibol Adulyadej había nacido el 5 de diciembre de 1927 en Cambridge, Massachusetts, durante la estancia de su padre en Harvard, donde cursaba estudios de medicina. Su padre, el príncipe Mahidol Adulyadej de Songkla, era el sexagésimo noveno hijo del rey Chulalongkorn (Rama V) y de la reina Savang Vadhana, ambos descendientes directos de Mongkut (Rama IV). Mahidol destacó por su espíritu independiente y progresista, rasgos que se reflejaron tanto en su decisión de dedicarse a la medicina como en la historia de amor que lo unió a Sangwan Talapat, futura princesa Srinagarindra. En efecto, en 1919 el príncipe Mahidol Adulyadej contrajo matrimonio con la joven Sangwan Talapat, cuya infancia había estado marcada por la adversidad. Huérfana de padre y madre desde los nueve años, fue criada junto con sus hermanos por una tía que se ganaba la vida elaborando dulces y liando cigarrillos. A pesar de las penurias, su madre le había enseñado a leer antes de morir, lo que le permitió destacar en la escuela del templo Wat Anongkharam. Allí nació su temprano amor por la lectura, que la llevó a familiarizarse con clásicos de la literatura tailandesa. Su inteligencia y disciplina llamaron la atención de maestros y benefactores, quienes alentaron su formación.
Gracias a la recomendación de parientes y conocidos, Sangwan fue escogida a los seis años como compañera de juegos de la princesa Valaya Alongkorn, hija del rey Chulalongkorn (Rama V) y de la reina Savang Vadhana. Ese primer contacto con la corte le abrió un horizonte inesperado. Fue enviada a estudiar a la escuela Satri Wittaya, mientras residía bajo la tutela de Huan Hongsakul, niñera del príncipe Mahidol Adulyadej. Ese vínculo resultaría decisivo: años más tarde, Sangwan se convertiría en su esposa y, con ello, en madre de dos reyes de Tailandia, Ananda Mahidol (Rama VIII) y Bhumibol Adulyadej (Rama IX).
La coronación de Rama IX, celebrada el 5 de mayo de 1950, marcó el inicio de un reinado que, pese a sus inciertos comienzos, se convertiría en el más largo de la historia tailandesa y en un referente de estabilidad para el país.
En 1948, durante la estancia de la familia Kitiyakara en París, donde el padre de Sirikit ejercía como embajador, la joven princesa coincidió con su primo Bhumibol, entonces estudiante en Suiza y visitante frecuente de la capital francesa. El 4 de octubre de ese mismo año, mientras conducía un Fiat Topolino en la carretera Ginebra-Lausana, Bhumibol sufrió un grave accidente al colisionar con la parte trasera de un camión que frenaba. Las consecuencias fueron severas: lesiones en la espalda, parálisis parcial en el rostro y cortes que le hicieron perder la visión del ojo derecho.
La reina Sirikit saluda a la reina Isabel II. (Reuters)
Durante la hospitalización de Bhumibol en Lausana, la joven Sirikit, de apenas quince años, lo visitaba con frecuencia acompañada de su hermana. Según recordaría más tarde la propia reina, el flechazo fue inmediato. La madre del monarca, la princesa Srinagarindra, pidió a Sirikit que continuara sus estudios en un centro cercano, de modo que el joven rey pudiera tratarla más de cerca.
Así ingresó en el internado Riante Rive, célebre por su formación en lenguas, artes, música, literatura e historia. Allí coincidió con numerosos jóvenes de la nobleza europea, que introdujeron a Sirikit en los círculos aristocráticos que se movían en Lausana, entre ellos la familia real española.
El 28 de abril de 1950 se celebró en Bangkok la boda de Bhumibol y Sirikit, y apenas una semana después, el 5 de mayo, durante la solemne ceremonia de coronación de Rama IX, Sirikit fue proclamada reina de Tailandia. Tenía entonces solo diecisiete años.
La reina tailandesa, en una foto de archivo. (Reuters)
De esta unión nacieron cuatro hijos: la princesa Ubol Ratana (1951), el príncipe Maha Vajiralongkorn (1952, actual soberano Rama X), la princesa Maha Chakri Sirindhorn (1955) y la princesa Chulabhorn (1957) y trece nietos, dos de ellos fallecidos.Desde mediados del siglo XX, la reina Sirikit se convirtió para los tailandeses en un símbolo de elegancia, dulzura y estabilidad. En 1956, cuando el rey Bhumibol Adulyadej ingresó temporalmente en la vida monástica, conforme a la tradición budista, fue ella quien asumió la regencia del reino: una responsabilidad excepcional para una mujer en la historia de Tailandia. Ejerció tal función con dignidad y firmeza, ganándose el respeto tanto de la corte como de sus súbditos. Como señaló en 2016 el historiador Chris Baker, especialista en Asia Sudoriental, “la reina Sirikit otorgó un rostro maternal a la monarquía, al tiempo que le aseguraba una autoridad moral sin parangón”.
Durante los setenta años de reinado de Rama IX, desempeñó un papel fundamental en el ámbito humanitario. Desde 1956 presidió la Cruz Roja Tailandesa, institución desde la cual recorrió las regiones más apartadas del país para socorrer a las poblaciones olvidadas y atender a los refugiados procedentes de Camboya y Birmania. En 1976 fundó la Support Foundation, destinada a revitalizar las artes tradicionales y a empoderar a las mujeres rurales. Gracias a su impulso, la seda tailandesa, los bordados locales y la artesanía recuperaron un lugar destacado en la economía nacional, convirtiéndose no solo en expresión cultural, sino también en motor de desarrollo.
Su imagen pública se consolidó también como embajadora cultural. Ataviada con fastuosos trajes creados por Balmain o inspirados en el atuendo tradicional tailandés, representó a su país en visitas de Estado a Europa y a Estados Unidos, donde cautivó a las multitudes con su gracia y proyectó la imagen refinada de una Tailandia moderna y, a la vez, profundamente enraizada en sus tradiciones. A lo largo de su vida, la reina Sirikit desempeñó innumerables deberes reales, tanto en calidad de consorte como posteriormente de Reina Madre. Fue confidente y apoyo constante del venerado rey Bhumibol Adulyadej, aliviando sus responsabilidades y promoviendo iniciativas destinadas a mejorar la vida del pueblo y a impulsar el desarrollo del país. Su compromiso se mantuvo incluso en circunstancias dolorosas, como tras el devastador tsunami de diciembre de 2004, cuando asumió un papel activo en la asistencia a las víctimas, pese a la tragedia personal de perder a su nieto Bhumi Jensen, hijo de la princesa Ubolratana.
Sirikit, en una foto de archivo. (Reuters)
Hoy, su labor se reconoce no solo en las obras de beneficencia y en la preservación de las artes tradicionales, sino también en la huella moral y cultural que dejó en la monarquía tailandesa. Su figura continúa siendo símbolo de continuidad y compasión, virtudes que muchos consideran heredadas por su hija, la princesa Sirindhorn.En el ámbito público, Sirikit fue ensalzada como emblema de elegancia, compasión y compromiso social. Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de críticas, en particular en lo relativo a la formación de su único hijo varón y heredero, el príncipe Maha Vajiralongkorn, actual rey Rama X. Para algunos analistas, la educación privilegiada y permisiva que recibió contribuyó a forjar una personalidad distante de los ideales de disciplina y cercanía al pueblo que caracterizaron a sus hermanas. Este contraste ha alimentado un debate sobre el papel de Sirikit como madre y sobre las tensiones que atraviesan la monarquía tailandesa en el presente.
Se ha señalado que el príncipe creció en un entorno marcado por el privilegio y la indulgencia materna. A la reina Sirikit se le reprochó haber favorecido una educación excesivamente protectora, que habría fomentado en él una personalidad caprichosa y distante de las exigencias de la vida pública. Mientras sus hermanas las princesas Ubolratana, Sirindhorn y Chulabhorn, fueron reconocidas por su disciplina, su rigor académico y su cercanía con el pueblo, Vajiralongkorn fue percibido como un heredero menos preparado para asumir el peso simbólico y moral de la monarquía.
El rey Bhumibol Adulyadej y su mujer, en 2006. (Reuters)
En entrevistas concedidas en la década de 1980, la propia reina reconoció con cierta ironía la vida sentimental turbulenta de su hijo, describiéndolo como un “Don Juan” y admitiendo que su vida familiar no era tranquila. Estas declaraciones, lejos de disipar las dudas, reforzaron la percepción de que la formación del príncipe había estado marcada por la permisividad y la falta de rigor.
Dicha impresión se vería confirmada en la azarosa vida personal del actual monarca, caracterizada por episodios controvertidos y por el retorno a prácticas como la poligamia, abandonada por su padre y su abuelo, así como por las incertidumbres que rodean la cuestión de la sucesión. Uno de los principales factores de preocupación es la ausencia de un heredero indiscutido. La princesa Bajrakitiyabha, primogénita del monarca y considerada la figura más preparada para asumir el trono, permanece en coma desde 2022, lo que ha debilitado la opción más sólida de continuidad. Otros hijos del rey, fruto de matrimonios anteriores, han sido apartados de la línea sucesoria o viven en el exilio, sin reconocimiento oficial.
A esta ambigüedad legal se suma la fragilidad interna de la familia real. Las divisiones entre los descendientes del rey y la percepción pública de un heredero frágil, han alimentado dudas sobre la capacidad de la monarquía para mantener su prestigio. La muerte de la reina madre Sirikit, figura tutelar y símbolo de continuidad, acentúa la sensación de vacío. En un país donde la monarquía es considerada sagrada y constituye un elemento esencial de legitimidad política, la falta de claridad en la sucesión de Rama X podría convertirse en un factor de inestabilidad. El desenlace de este proceso no solo marcará el futuro de la dinastía Chakri, sino también el equilibrio entre tradición y modernidad en la Tailandia del siglo XXI.Encuentros reales: las visitas de los Reyes de España a Tailandia.
Las relaciones diplomáticas entre España y Tailandia, establecidas formalmente en el siglo XIX. La diplomacia real ha servido no solo para reforzar lazos políticos y económicos, sino también para consolidar la amistad entre las dos casas reales.
Una de las asistentes al entierro público llora. (EFE)
En octubre de 1897 visitó Madrid y El Escorial el rey Chulalongkorn Rama V y fue acogido por la reina regente María Cristina. Su hijo el rey Vajiravudh Rama VI, asistió a la proclamación de Alfonso XIII en 1902.
Los condes de Barcelona, como parte de su viaje de luna de miel, recalaron en 1935 en Bangkok y fueron recibidos por la familia real.En 1960, los reyes Bhumibol y Sirikit realizaron una visita de Estado a España, donde fueron recibidos por Francisco Franco. Fue la única ocasión en que los soberanos tailandeses viajaron oficialmente a nuestro país, aunque la reina Sirikit volvió para actos puntuales, como la botadura de un barco en 1996 en Ferrol.La pareja real tailandesa asistió al enlace en Atenas en 1964 del rey Constantino II de Grecia, con la princesa Ana María de Dinamarca, siendo la única boda real a la que asistieron en todo su reinado. Sirikit destacó por su extraordinaria belleza y elegancia.
En 1987, los reyes Juan Carlos I y Sofía acompañados de la infanta Doña Cristina, realizaron su primera visita de Estado a Bangkok, invitados por los reyes. El viaje coincidió con las celebraciones por el 60.º cumpleaños del monarca tailandés y se convirtió en un hito de la relación bilateral. Los actos oficiales incluyeron recepciones en el Gran Palacio, encuentros con autoridades políticas y la firma de acuerdos de cooperación cultural y económica.
Dos décadas más tarde, en febrero de 2006, los reyes de España regresaron a Tailandia en el marco de las conmemoraciones por el 60.º aniversario de la ascensión al trono de Rama IX. La visita, subrayó una vez más la amistad entre ambas casas reales y la continuidad de un diálogo diplomático sostenido en el tiempo. La reina doña Sofía regresó a Bangkok en junio del mismo año, para asistir a las fastuosas celebraciones de ese aniversario, al que asistieron todas las casas reales del mundo. Doña Sofía hizo entrega del Toisón de oro a Rama IX.A finales de octubre de 2017 Doña Sofía acudió también a las solemnes ceremonias de cremación de Bhumibol, fallecido el 13 de octubre de 2016.
"Fue la conciencia afectiva de la nación, y quizá la última en encarnar una monarquía unánimemente respetada", confiesa un académico de la Universidad de Chulalongkorn. Con ella se extingue la última gran figura del reinado de Rama IX, considerado como la edad de oro de la monarquía constitucional tailandesa. En un país en busca de equilibrio entre tradición y modernidad, su memoria podría convertirse en un referente. Ya lo es.
El anuncio fue realizado ayer por el Palacio Real: la reina madre Sirikit, viuda del venerado rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX) y madre del actual monarcaMaha Vajiralongkorn (Rama X), falleció el 24 de octubre de 2025, a los 93 años, en Bangkok, en el hospital Chulalongkorn (nombre originario de su bisabuelo Rama V), donde había sido ingresada hace tres años.