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La historia del diamante rosa de la última princesa otomana que se ha vendido en subasta por más de tres millones de euros
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UN RARO EJEMPLAR

La historia del diamante rosa de la última princesa otomana que se ha vendido en subasta por más de tres millones de euros

Fatma Neslişah fue princesa otomana por nacimiento y también princesa egipcia por matrimonio. Fallecida en 2012, poseía una de las colecciones de joyas más fascinantes del mundo

Foto: El anillo de diamante rosa vendido por tres millones de euros. (Sotheby's)
El anillo de diamante rosa vendido por tres millones de euros. (Sotheby's)

Esta semana ha dado para mucho en las casas de subastas. De cuando en cuando, algunas codiciadas piezas con valor histórico salen a la venta, desvelando el poderío de las colecciones de royals y nobles. Y un buen ejemplo es un extraño diamante rosa, propiedad de la última princesa otomana, que ha sido vendido por más de tres millones de euros. Nada más y nada menos.

La piedra es tan única como la historia de su propietaria, Fatma Neslişah, que falleció en 2012 y vivió dos exilios. El primero, en el antiguo imperio otomano, donde nació en 1921, siendo la nieta del califa y del sultán, que habían unido los dos principales poderes del Estado a través del matrimonio de sus hijos. Solo tenía tres años cuando se abolió la monarquía y se creó la república de Turquía, como más o menos la conocemos hoy en día.

La familia imperial se repartió por diferentes ciudades del mundo musulmán, pero sus padres la llevaron a Niza, donde vivió su infancia y primeros años de juventud hasta que se casó con el príncipe Muhammad Abdel Moneim, 22 años mayor que ella y con el que tuvo dos hijos. Tras el derrocamiento del rey Faruq, su marido -primo segundo del monarca-, se convirtió en príncipe regente y, por tanto, ella ejerció de primera dama durante unos meses.

placeholder La princesa Neslisah. (Imagen de dominio público)
La princesa Neslisah. (Imagen de dominio público)

Llegó un nuevo exilio para la princesa, esta vez al ser acusada, junto a su marido, de conspirar contra el que había sido elegido como presidente de la República, el general Gamal Abdel Nasser. Aunque en este caso, Fatma Neslisah y Muhammad Abdel Moneim tuvieron a su favor una ley turca que concedía la amnistía a los miembros de la familia imperial. Así, la princesa pudo volver unos años más tarde, en 1964, al país que la vio nacer y donde decidió pasar el resto de su vida.

Esta es a grandes rasgos la vida de la última princesa otomana, que reunió en vida una colección de joyas impresionante, muchas de ella por herencia de sus antepasados. Y una de ellas es un anillo de altísimo valor, tanto por su significado histórico como por su composición, especialmente por la cualidad única de su piedra principal, un diamante rosa extremadamente raro de encontrar.

Estamos hablando de una pieza que tiene más de tres siglos de historia, puesto que perteneció a Catalina I de Rusia. Llegó a las manos de Fatma Neslisah una semana antes de su boda con el príncipe egipcio, cuando la tía del novio, la princesa Khadija Hanim, le regaló un este anillo formando a su vez parte de un parure con un collar, pendientes y un broche.

placeholder Retrato de Catalina I de Rusia, primera propietaria del anillo de diamante rosa.
Retrato de Catalina I de Rusia, primera propietaria del anillo de diamante rosa.

Los diamantes con los que estaba creado habían sido regalados por la emperatriz Catalina I, viuda del zar Pedro el Grande, al sultán otomano Ahmed III durante las negociaciones del Tratado de Prut en 1711. Permanecieron en el tesoro otomano durante generaciones, hasta que el sultán Abdul Hamid II se los regaló a su prima, la princesa Emina Ilhamy, madre del jedive Abbas Hilmi II de Egipto. El regalo de bodas hacía que estas joyas volvieran al tesoro otomano, al que perteneció durante más de dos siglos.

Además de lucir el collar y el broche el mismo día de su boda, Neslisah presumió de este conjunto de diamantes de colores con frecuencia durante la regencia de su marido, muchas veces usando el collar como tiara, al tener esa particularidad convertible que comparten muchas diademas de las royals.

Y única es también la forma en que pudo salvarlas cuando el gobierno confiscó todas las propiedades de la familia real. Neslisah escondió sus joyas en su ropa y las entregó a una amiga de confianza con el pretexto de salir a montar a caballo, algo que hacía con frecuencia. No fue algo único, ya que también otros amigos de la familia salvaron algunas de sus posesiones más valiosas, devolviéndoselas en el exilio años más tarde y demostrando así su lealtad a la pareja.

Establecida en Suiza tras su segundo exilio y antes de volver a Turquía, llegó uno de los momentos más difíciles para la princesa. Las cuentas iban mermando y no tuvo otra que vender, muy a su pesar, el histórico conjunto de diamantes de colores. Lo sacó a subasta la sede londinense de Christie's en 1963. aunque no estaba completo, puesto que pudo conservar para su familia este anillo único.

placeholder El anillo de diamante rosa vendido por tres millones de euros. (Sotheby's)
El anillo de diamante rosa vendido por tres millones de euros. (Sotheby's)

La princesa Naslisah falleció en Estambul en 2012 y su funeral fue todo un acontecimiento en la ciudad, ya que durante las últimas décadas se convirtió en una figura muy querida en el país, como símbolo vivo de la antigua monarquía. Trece años después, sus descendientes han subastado este anillo con casi cuatro siglos de vida y de especial apariencia, al tener ese diamante rosa tan difícil de encontrar.

Las características del mismo han hecho que se haya vendido por más de diez veces del precio de salida. Sotheby's estimaba conseguir entre 240.000 y 400.000 francos suizos, pero el resultado ha superado todas las expectativas. Porque finalmente se ha vendido por 2.917.000 francos, lo que equivale a más de tres millones de euros.

Aunque, como nos explicó el joyero Iñaki Torres, muchas veces se ponen precios más bajos de lo previsto para enganchar a posibles compradores, consiguiendo así una expectación aún mayor que si la cantidad de inicio fuera mucho más elevada.

La pena es que, aunque se sepa cuánto se ha pagado por él, queda la incógnita del quién. Las casas de subastas guardan muy bien la identidad de sus ricos clientes, la mayor parte de las veces por cuestiones de seguridad, puesto que se deduce que son propietarios de inmensas fortunas.

Esta semana ha dado para mucho en las casas de subastas. De cuando en cuando, algunas codiciadas piezas con valor histórico salen a la venta, desvelando el poderío de las colecciones de royals y nobles. Y un buen ejemplo es un extraño diamante rosa, propiedad de la última princesa otomana, que ha sido vendido por más de tres millones de euros. Nada más y nada menos.

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