La única charla (y por teléfono) del rey Juan Carlos y la princesa Leonor: "Me emocioné"
El rey padre, muy crítico con su hijo, cuenta que una de las pocas veces que Felipe VI le ha llamado le pasó el teléfono a la heredera. Acusa a Letizia de mostrar en público sus desacuerdos
La princesa Leonor con sus abuelos los reyes eméritos, y su padre. (EFE/Ballesteros)
“Las pocas llamadas de mi hijo me reconfortaron enormemente”, escribe Juan Carlos I en sus memorias. Una de esas veces, antes del verano de 2021, el entonces rey le pasó por teléfono a su hija Leonor. “Me emocioné cuando me pasó por teléfono a su hija mayor, Leonor, que quería anunciarme ella misma sus buenas notas y su próxima partida hacia Gales, a un colegio UWC.” El abuelo se emociona: “Me sentí encantado con esa elección porque, por petición de Lord Mountbatten, había sido presidente de honor de esa red de colegios en España”.
En esas líneas, el tono es de orgullo y ternura. Por un momento, el monarca vuelve a sentirse parte del futuro que lleva su apellido. Un equilibrio familiar que, como se ha dicho, considera que se rompe cuando llega a Letizia. “Como suele ocurrir, su nueva vida familiar lo apartó de sus amigos, de sus padres e incluso de sus hermanas".
La reina Letizia junto a don Juan Carlos. (Limited Pictures)
Asegura que nunca quiso interferir: "Mi hijo estaba seguro de la esposa que había elegido. Tenía 34 años y sabía lo que quería. Como mis hijas, por cierto, que se casaron con los hombres a los que amaban. No intenté influirles ni hacer de intermediario. O, si lo intenté, ¡no sirvió de nada! La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le repetí: ‘La puerta de mi despacho está siempre abierta’. Pero nunca vino. Nuestro desacuerdo personal no debía reflejarse en nuestra acción institucional. Hice todo lo posible por superar nuestras diferencias. Porque el éxito de la pareja principesca era una garantía para el futuro de la Corona”. Una frase sencilla que encierra toda una distancia emocional.
Su primera visita a España
Esa frialdad que envuelve a su hijo se haría visible más tarde, en el Palacio de la Zarzuela, durante su primera visita a España tras instalarse en Abu Dabi. Venía de participar en las regatas de Sanxenxo y, tras días de expectación, llegaba para reencontrarse con su familia. “Con el corazón pesado llegué para reunirme con mi hijo cara a cara. Los miembros del personal de la Casa Real me esperaban, pero no les permitieron saludarme y fueron enviados de nuevo a sus tareas. Me decepcionó no volver a ver sus sonrisas cálidas".
Después, el encuentro con Felipe. “El Gobierno me ha pedido que te diga que no vuelvas en junio para los campeonatos del mundo de vela”, recuerda que le dijo su hijo “con un tono frío”. “Me pregunté dónde habían quedado su ternura, su compasión. Ya no era el joven sonriente y amable de antes. El peso de la Corona lo había cambiado".
Seguidores de Juan Carlos I con banderas durante su llegada al Palacio de la Zarzuela. (EFE/R. Jiménez)
Hubo antes de la citada reunión una comida en la que don Juan Carlos tampoco estuvo cómodo y también hay reproche para la reina Sofía: “Sofi había regresado de Miami tras la Covid. Apenas la vi. El mes anterior le había propuesto reencontrarnos en Ginebra para celebrar nuestros 70 años de matrimonio. Mi invitación quedó sin respuesta. Imagino que consideró que ya no había nada que celebrar, lo cual me dolió. Su presencia a mi lado significaría mucho para mí, pero sé que no quiere complicar el reinado de su hijo”.
Muchos episodios de los que narra sirven para dejar caer alguna crítica. Como el funeral de su cuñado, el rey Constantino de Grecia, en el que extiende esa reflexión. “Por supuesto, estaban allí mis tres hijos y todos mis nietos, salvo las dos hijas de Felipe: Leonor, que estudiaba en el Reino Unido, y Sofía, en Madrid”. Y enseguida contrapone: “La hija menor de Cristina, Irene, en último curso de secundaria en Ginebra, se las arregló para venir sin faltar a clase, haciendo escala en Ámsterdam y llegando pasada la medianoche. ‘Para mí es importante venir al funeral de mi tío abuelo’, me dijo. Me conmovió profundamente. Y a mi esposa Sofi, aún más”.
Esa frase, sin decirlo directamente, es acusatoria: Irene viaja sola para estar con los suyos; las hijas del rey no. Y a partir de ahí, el tono se suaviza solo en apariencia: “Hacía mucho tiempo que no estábamos todos reunidos en familia. El ambiente fue cálido, pese a la tristeza”. Pero la última línea devuelve el vacío: “No tuve ocasión de mantener una conversación a solas con mi hijo o con mi esposa. No era el lugar ni el momento”.
Irene Urdangarin junto a sus hermanos, Juan y Pablo, en el funeral de su tíoabuelo Constantino de Grecia. (Getty)
A lo largo de todo el libro Juan Carlos I lanza mensajes a su hijo y señala con insistencia su necesidad de volver a Zarzuela. Lo hace porque dice que está justificado. Y para demostrarlo, señala un pasaje de su vida en el que se siente engañado, traicionado. Sucedió antes de viajar a España ese mayo de 2022., en marzo. El relato es el de una escena dura que describe el momento en el que selló su salida definitiva del palacio que sigue considerando su casa.
“‘¿Mi hijo desea que firme esta carta tal cual?’, le pregunté, manteniendo la calma. ‘Sí’, ‘Entonces firmo’. Con esas tres frases renunciaba oficialmente a dormir en la residencia familiar cuando regresara a España. El intermediario me había asegurado que en mi primer viaje a Madrid podría pasar la noche en casa. Y le creí”.
Y este es el comienzo de la carta que, como se informó en Vanitatis en su momento, él no había escrito:
En agosto de 2020, guiado por la convicción de prestar el mejor servicio a España y a todos los españoles, a sus instituciones y a ti como Rey, te comuniqué mi decisión de establecerme fuera de España para facilitar el ejercicio de tus funciones…”.
No es el final de 'Reconciliación', pero sí uno de los fragmentos más elocuentes. En esas páginas, Juan Carlos I no habla como jefe de Estado, sino como hombre desplazado por su propio hijo. Y ahí, entre la melancolía y el reproche, se dibuja el verdadero retrato de una familia rota.
“Las pocas llamadas de mi hijo me reconfortaron enormemente”, escribe Juan Carlos I en sus memorias. Una de esas veces, antes del verano de 2021, el entonces rey le pasó por teléfono a su hija Leonor. “Me emocioné cuando me pasó por teléfono a su hija mayor, Leonor, que quería anunciarme ella misma sus buenas notas y su próxima partida hacia Gales, a un colegio UWC.” El abuelo se emociona: “Me sentí encantado con esa elección porque, por petición de Lord Mountbatten, había sido presidente de honor de esa red de colegios en España”.