Aymeric de Bélgica cumple el sueño de su padre y abuelo: el giro vital que reescribe su futuro lejos del ejército y la monarquía
El joven príncipe belga inicia su formación como piloto en la Academia M3M tras su salida del ejército y apunta a convertir su pasión por el motor en una carrera sólida dentro del automovilismo europeo
El príncipe Aymeric de Bélgica, en una imagen de archivo. (Gtres)
El rugido del motor sustituyó este fin de semana al toque de corneta. A sus 19 años, el príncipe Aymeric de Bélgica —uno de los mellizos de los príncipes Laurent y Claire— debutó al volante de un coche de carreras en el circuito de Mettet, cerca de Charleroi, marcando un antes y un después en su trayectoria personal.
Donde hace apenas un año vestía uniforme militar, ahora se enfunda el mono de piloto para iniciar una carrera en el automovilismo que parece destinada a ser algo más que un pasatiempo. Se ha convertido, quizá sin buscarlo, en el depositario de una pasión que sus antepasados no pudieron desarrollar plenamente debido a la carga institucional que llevaban sobre sus hombros.
La imagen fue reveladora. Laurent y Claire, discretos, pero emocionados, seguían desde el paddock las pruebas de su hijo menor, seleccionado para ingresar en la segunda promoción de la Academia de Resistencia M3M, uno de los programas de formación más sólidos para jóvenes pilotos en Bélgica. Durante dos días, veinte aspirantes de entre 14 y 24 años se midieron a los mandos de un Volkswagen Beetle transformado en coche de competición, la puerta de entrada habitual para quienes sueñan con carreras de resistencia.
El príncipe Aymeric, durante el entrenamiento. (Instagram)
Aymeric estuvo acompañado por su amigo Ugo de Wilde, piloto del equipo WRT Skechers, un apoyo clave en su primer contacto real con la pista. Pero no era un salto al vacío, pues este verano, durante las 24 horas de Spa-Francorchamps, ya había rodado con un GT3 junto a su hermano Nicolás como copiloto. Ya entonces comenzó a intuirse que lo suyo no era anecdótico.
La Academia M3M —inaugurada por Jean-Luc Dubois y Olivier de Wilde— prepara a sus alumnos con entrenamientos técnicos, preparación física y simulaciones de carrera adaptadas a cada talento. El 6 de febrero se presentará oficialmente la nueva promoción. Allí estará Aymeric, listo para construir una identidad propia en un terreno que mezcla emoción, riesgo y precisión matemática.
Precisamente él, que hace doce meses, abandonaba la escuela militar de Sint-Truiden tras encontrarse con una barrera académica inesperada. El príncipe Laurent desveló que la decisión no fue del joven, sino de la familia, preocupada por las dificultades que afrontaba con las 13 horas semanales de matemáticas —especialmente en geometría y trigonometría— que exige el plan militar.
Ugo de Wilde aconseja al príncipe Aymeric, durante la competición. (Instagram)
"No queríamos que se desmotivara", explicó. Con su marcha, se rompió la simetría con su mellizo Nicolás, que continúa su formación con entusiasmo.
El camino de Aymeric dará ahora un giro diferente. Vive de nuevo en Villa Clementine, en Tervuren, donde refuerza su formación para entrar en la universidad mientras se prepara para competir en resistencia. Ni el abandono militar ni los rumores que apuntaban a una mala adaptación al régimen interno han frenado su impulso por encontrar su lugar. Su horizonte está en el asfalto, en la velocidad, en ese espacio donde tres generaciones de su familia soñaron sin poder pisar a fondo.
Porque si algo late detrás de cada vuelta que da el hijo menor de Laurent no es solo ambición personal; es la herencia emocional de los reyes Leopoldo III, Balduino y Alberto II, todos ellos enamorados del mundo del motor. El entonces príncipe de Lieja llegó incluso a impulsar en los años ochenta el museo del automóvil hoy conocido como Autoworld.
También Laurent, en 1994, compitió en Spa-Francorchamps, aunque el compromiso institucional limitó hasta dónde podían llegar sus aspiraciones deportivas. Aymeric corre ahora con la libertad de quien no nació heredero y con la presión dulce de honrar una pasión familiar que por fin encuentra cauce.
El rugido del motor sustituyó este fin de semana al toque de corneta. A sus 19 años, el príncipe Aymeric de Bélgica —uno de los mellizos de los príncipes Laurent y Claire— debutó al volante de un coche de carreras en el circuito de Mettet, cerca de Charleroi, marcando un antes y un después en su trayectoria personal.