Las Navidades son, para las familias reales europeas, un delicado equilibrio entre tradición, simbolismo y circunstancias personales. Mientras algunos palacios se llenan de rituales que se repiten año tras año, otros afrontan estas fechas marcadas por preocupaciones familiares, problemas de salud o situaciones judiciales que ensombrecen el espíritu festivo.
Este año, más que nunca, las celebraciones navideñas reflejan el momento vital de cada Casa Real: desde la sobriedad nórdica hasta la calidez de las tradiciones más arraigadas, pasando por la discreción de quienes prefieren mantener en privado dónde y cómo pasarán estas fechas tan señaladas.
Con el juicio de Marius Borg en el horizonte, previsto para enero, y con la salud de Mette-Marit cada vez más delicada a causa de su fibrosis pulmonar crónica, la familia real noruega se enfrenta a una Navidad especialmente complicada. Unas fechas que, lejos de ser una excepción, mantienen la tónica de los últimos años en cuanto a organización familiar.
Si hay algo que caracteriza la Nochebuena de los reyes Harald y Sonia es que la celebran separados del príncipe Haakon y su esposa. Tal y como ha informado la propia Casa Real, este año volverá a ser así. Los reyes pasarán la velada en el palacio de Kongsseteren junto a la princesa Marta Luisa y su familia, mientras que los príncipes herederos y sus hijos se reunirán en la cabaña que poseen en la localidad de Uvdal.
La felicitación navideña de la realeza noruega. (Instagram / @detnorskekongehus)
La reunión familiar llegará el día 25 de diciembre, cuando los reyes y los príncipes herederos, junto a Ingrid Alexandra y Sverre Magnus, asistan a la tradicional misa de Navidad en Holmenkollen, una cita ineludible para la familia real noruega y una de las imágenes más esperadas de estas fechas.
En Suecia, el 24 de diciembre es uno de los días más importantes del año, y la familia real no es una excepción. Desde primera hora de la mañana comienzan los encuentros familiares y las tradiciones que se repiten con absoluta fidelidad, normalmente a partir de las doce del mediodía, la hora habitual de reunión.
Las celebraciones arrancan con el clásico risgrynsgröt, una especie de arroz con leche caliente que, al igual que nuestro roscón de reyes, puede esconder un fruto seco que augura buena suerte a quien lo encuentre. A las tres de la tarde llega uno de los momentos más esperados: la reunión frente al televisor para ver una película de Disney, una costumbre que se emite en la televisión sueca desde hace más de tres décadas.
La reina Silvia junto a sus nueve nietos recibiendo el árbol de Navidad. (Gtres)
La cena de Nochebuena de los Bernadotte suele ser tipo bufé e incluye platos típicos del país, muchos de ellos preparados con la colaboración del propio rey Carlos Gustavo. El salmón es imprescindible, al igual que el glögg, un vino caliente especiado que se sirve con pasas. El día 25 transcurre en la más estricta intimidad familiar, entre chimeneas, juegos y paseos por la nieve, y concluye, como cada año, con el tradicional discurso televisado del monarca para felicitar las fiestas a los suecos.
El Palacio de Federico VIII, en Amalienborg, será el epicentro de la Navidad de la familia real danesa. El rey, la reina y sus cuatro hijos celebrarán estas fechas junto a la reina Margarita, manteniendo así la tradición de reunirse en estas fechas tan señaladas.
El 24 de diciembre, la familia real asistirá al servicio de Nochebuena en la catedral de Nuestra Señora a las 16:30 horas, mientras que el día 25 participarán en la misa mayor en el mismo templo a las 10:00 de la mañana. Por su parte, la reina Margarita acudirá al servicio de Nochebuena en la iglesia del castillo de Fredensborg a las 14:00 horas y ya al día siguiente se reunirá con Federico y Mary en Copenhague.
Mientras tanto, el príncipe Joaquín y la princesa Marie celebrarán la Navidad junto a sus hijos en común, Henrik y Athena, en Washington D. C. La agenda navideña culminará la última noche del año, cuando el rey pronuncie su tradicional discurso de Año Nuevo desde el Palacio de Federico VIII, a las seis de la tarde.
A diferencia de otras casas reales, la familia real holandesa no suele informar de manera oficial sobre sus planes navideños. En años anteriores han optado por pasar las vacaciones en la finca La Angostura, propiedad de la familia de la reina Máxima en la Patagonia, y no se descarta que este año vuelvan a hacerlo.
Eso sí, tanto si están en Argentina como en Holanda, Guillermo y Máxima cumplen fielmente con las tradiciones navideñas de su país, que comienzan mucho antes que en la mayoría de Europa. En los Países Bajos, quien reparte los regalos es San Nicolás, Sinterklaas, el día 6 de diciembre, lo que hace que las ciudades se adornen desde principios de noviembre. La llegada de Sinterklaas al puerto de Ámsterdam, el día 5, es uno de los momentos más esperados, y la leyenda cuenta que procede de Alicante.
En la cena de Nochebuena no faltan platos típicos como el conejo con lombarda o el pavo relleno con puré de castañas, acompañados de pan con pasas, pan de jengibre —también conocido como el pan de los enamorados— o pasta de almendras. De postre, figuritas de azúcar, letras de chocolate, mazapán y los tradicionales oliebollen, unos dulces redondos de masa similar a la de los churros, que pueden llevar pasas, chocolate o espolvorearse con azúcar.
Las Navidades son, para las familias reales europeas, un delicado equilibrio entre tradición, simbolismo y circunstancias personales. Mientras algunos palacios se llenan de rituales que se repiten año tras año, otros afrontan estas fechas marcadas por preocupaciones familiares, problemas de salud o situaciones judiciales que ensombrecen el espíritu festivo.