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Dos tiaras, un pendentif y collares de perlas: las joyas de la princesa Irene y su incierto futuro tras su muerte
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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Dos tiaras, un pendentif y collares de perlas: las joyas de la princesa Irene y su incierto futuro tras su muerte

Tiaras históricas, collares versátiles y piezas únicas forman parte de un legado que ha a Irene acompañado discretamente su trayectoria dentro de la realeza europea

Foto: La princesa Irene con el pendentiff. (Getty)
La princesa Irene con el pendentiff. (Getty)

La princesa Irene era nieta, hija y hermana de reyes. Si el referéndum de 1974 en Grecia hubiese tenido un resultado distinto y no se hubiese instaurado la república, hubiese sido tía de dos monarcas. Vinculada a dos casas reales —una por nacimiento, la griega, y otra por convivencia, la española— reside en el Palacio de la Zarzuela junto a su hermana, la reina Sofía, desde hace más de cuarenta años.

Hasta hace poco, la hija menor de los reyes Pablo y Federica de Grecia acompañaba a doña Sofía en diversos actos oficiales y personales, especialmente en aquellos relacionados con el ámbito artístico. Era bien conocida su afición por la música clásica, y domina el piano con solvencia. Pero mucho antes de ejercer como “dama de compañía”, vivió en una corte en la que tiaras y joyas eran parte del día a día. Durante su juventud fue testigo y protagonista del esplendor de la monarquía griega.

Esa cercanía al mundo real le permitió heredar numerosas joyas familiares y recibir otras como regalo. Entre ellas, destaca un conjunto significativo de tiaras, collares y broches. Algunos expertos en casas reales coinciden en que, dada su estrecha relación con España, no sería descabellado pensar que parte de ese legado acabe formando parte del joyero de los Borbón.

placeholder La princesa Irene con la tiara de círculos. (Redes)
La princesa Irene con la tiara de círculos. (Redes)

Apodada “tía Pecu” por sus sobrinos españoles —por su carácter peculiar—, debutó en el Palacio Real de Atenas con una tiara de brillantes diseñada en torno a un círculo central del que parten siete semicírculos decrecientes. Esta pieza data de 1889, cuando el rey Humberto I de Italia la regaló a la princesa Sofía de Prusia con motivo de su boda con Constantino I de Grecia.

La cuñada del rey Juan Carlos llegó a lucir la conocida tiara de círculos en España durante la gala del Teatro Real en 1966. Después no hay registros fotográficos de su uso hasta 1986, cuando la llevó en una cena ofrecida por los reyes de España durante su visita de Estado al Reino Unido. Siete años más tarde, en 1993, Irene cedió esta misma tiara a su sobrina la infanta Elena para asistir a la gala por la boda del duque Federico de Wurtemberg. Desde entonces, circula el rumor —o la esperanza— de que esta tiara pueda acabar en manos de alguna de las nietas de los Reyes eméritos, incluida Irene Urdangarin, que lleva su nombre.

También destacaba en el joyero de Irene una pieza multifuncional de brillantes y perlas que perteneció a la reina Federica. Está compuesto por bucles de diamantes que enmarcan una circunferencia mayor con perlas, y puede desmontarse para convertirse en broche o elevarse como tiara. Lo lució en su día la entonces princesa Sofía y se presume que pasó posteriormente a Irene. No se ha vuelto a ver en público desde los años setenta.

Uno de los últimos eventos en los que la princesa Irene pudo haber lucido alguna de estas joyas fue en 1998, durante la boda de la princesa Alejandra de Sayn-Wittgenstein-Berleburg, hija de la princesa Benedicta de Dinamarca. Por protocolo, fue acompañada por el actual rey de los Países Bajos. Aunque se condecoró con la Orden del Elefante —que le fue concedida en 1964—, tanto ella como la reina Sofía decidieron no llevar tiara, a diferencia de su sobrina, la infanta Cristina, que sí lució la tiara prusiana en ese acto.

Además de un par de collares de perlas, el joyero de la princesa Irene incluye unos exquisitos pendientes de perlas rodeadas de brillantes, un collar de diamantes que reproduce el diseño de la tiara de círculos, y una pieza muy especial: un pendentif con una gran gema en forma de pera, rodeada por dos hileras de diamantes. Esta fue una joya que llevó mucho durante su juventud y que también eligió para la gala previa a la boda del entonces príncipe Felipe en 2004, donde lo llevó colgado de un collar de perlas.

placeholder La princesa Irene con el pendentif. (Cordon Press)
La princesa Irene con el pendentif. (Cordon Press)

Dada su larga estancia y la estrecha relación que mantiene con la Familia Real Española —reside desde hace casi cuatro décadas en el Palacio de la Zarzuela—, han surgido especulaciones sobre el futuro de estas alhajas. Se cree que podrían quedar a disposición de los Borbón, quizá reservadas para la próxima generación: la princesa Leonor o la infanta Sofía.

La princesa Irene era nieta, hija y hermana de reyes. Si el referéndum de 1974 en Grecia hubiese tenido un resultado distinto y no se hubiese instaurado la república, hubiese sido tía de dos monarcas. Vinculada a dos casas reales —una por nacimiento, la griega, y otra por convivencia, la española— reside en el Palacio de la Zarzuela junto a su hermana, la reina Sofía, desde hace más de cuarenta años.

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