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El plan que devolverá el esplendor a la corona de Eugenia de Montijo robada: los daños a la joya de 88 millones y su restauración por Cartier y más
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El robo del siglo

El plan que devolverá el esplendor a la corona de Eugenia de Montijo robada: los daños a la joya de 88 millones y su restauración por Cartier y más

Tras el “robo del siglo” del 19 de octubre de 2025, el museo activa un proceso de restauración inédito con expertos en patrimonio, mineralogía y las casas de la alta joyería francesa

Foto: La emperatriz Eugenia de Montijo en un retrato de Franz Xaver Winterhalter. (RMN-Grand Palais / Franck Raux)
La emperatriz Eugenia de Montijo en un retrato de Franz Xaver Winterhalter. (RMN-Grand Palais / Franck Raux)

La imagen dio la vuelta al mundo: la corona de la emperatriz Eugenia, aplastada y deformada, hallada a los pies de la Galería de Apolo tras el espectacular asalto al Museo del Louvre del 19 de octubre de 2025. El llamado "robo del siglo", ejecutado en apenas siete minutos por un grupo que accedió en montacargas hasta la primera planta, puso en jaque la seguridad del antiguo palacio real y golpeó uno de los símbolos más delicados del Segundo Imperio francés. Apenas unos meses después de su recuperación, el museo ha anunciado que la pieza podrá ser restaurada por completo.

Encontrada fuera de su vitrina, la corona presentaba un fuerte aplastamiento y una deformación evidente. Sin embargo, el primer informe de estado elaborado el 20 de octubre por el departamento de Objetos de Arte —dirigido por Olivier Gabet y con Anne Dion como responsable adjunta— y conocido ahora arrojó un dato esperanzador. Pese a la violencia sufrida, la integridad del conjunto se mantenía prácticamente intacta.

Una joya deformada, pero íntegra

La montura, flexible y ligera por diseño, cedió ante la tensión ejercida al extraerla por la estrecha abertura practicada con una amoladora en la vitrina. Esa presión provocó la separación de los arcos —uno de los cuales apareció desprendido en la propia galería— y, posteriormente, un golpe terminó por aplastar la estructura.

placeholder Corona de la emperatriz Eugenia, deformada durante el robo en la Galería Apolo el 19 de octubre de 2026. (Museo del Louvre / Thomas Clot)
Corona de la emperatriz Eugenia, deformada durante el robo en la Galería Apolo el 19 de octubre de 2026. (Museo del Louvre / Thomas Clot)

La corona estaba originalmente compuesta por ocho palmetas de diamantes y esmeraldas alternadas con ocho águilas de oro. Solo falta una de estas últimas. Las palmetas se han conservado, aunque cuatro quedaron desprendidas y algunas presentan deformaciones.

El globo superior, engastado con diamantes y esmeraldas, permanece unido a la armadura sin pérdidas. De las 56 esmeraldas originales no falta ninguna, y de los 1.354 diamantes apenas se han perdido una decena de tamaño muy pequeño; otros nueve se desprendieron, pero fueron recuperados.

placeholder Las piezas encontradas de la corona. (Museo del Louvre / Thomas Clot)
Las piezas encontradas de la corona. (Museo del Louvre / Thomas Clot)

El diagnóstico es claro. No será necesario reconstruir la corona ni añadir elementos nuevos, sino devolverle su forma original. El trabajo consistirá esencialmente en reconfigurar el armazón y recolocar las piezas desplazadas, respetando escrupulosamente su material histórico.

Un comité de expertos y las grandes casas de joyería

Por su carácter simbólico y técnico, la restauración no será una intervención ordinaria. Como exige el Código del Patrimonio francés, el encargo se adjudicará a un restaurador autorizado tras un proceso público de licitación. Además, el Louvre ha anunciado la creación de un comité consultivo de expertos que acompañará el proceso y asesorará sobre metodología y decisiones técnicas.

Presidido por Laurence des Cars, presidenta del museo, el comité reunirá a especialistas como la historiadora de joyería Michèle Heuzé, el mineralogista François Farges o conservadores del propio Louvre y del Museo de Orsay. A ellos se sumará un representante de cada una de las cinco grandes casas históricas de la joyería francesa —Mellerio, Chaumet, Cartier, Boucheron y Van Cleef & Arpels—, cuyos talleres mantienen un vínculo directo con la tradición de los diamantes de la Corona.

placeholder La corona de Eugenia de Montijo en su estado original. (Grand Palais / Musée du Louvre / S. Maréchalle)
La corona de Eugenia de Montijo en su estado original. (Grand Palais / Musée du Louvre / S. Maréchalle)

La restauración ha sido recibida con alivio también en círculos vinculados a la memoria napoleónica. La princesa Yasmine Murat, presidenta de la asociación Rayonnement français y madrina de la Fundación Eugenio Napoleón, ha celebrado la noticia con un mensaje de confianza. Considera que esta intervención es una oportunidad para demostrar "la excelencia y la vitalidad de la artesanía francesa" y reforzar la reputación internacional del saber hacer del país. Además, es descendiente viva de la familia a la que perteneció la joya.

Una historia que se remonta a hace dos siglos

Encargada en 1855 por Napoleón III al joyero oficial Alexandre Gabriel Lemonnier con motivo de la Exposición Universal, la corona fue concebida como una pieza más ligera y coqueta que la del emperador, aunque igualmente solemne. Tras la caída del Imperio y la liquidación de la Lista Civil, fue devuelta a Eugenia en 1875, un gesto que la salvó de la destrucción que sí sufrió la corona imperial años después. Legada en 1920 y adquirida por el Louvre en 1988, es hoy una de las escasas coronas soberanas conservadas en Francia.

Nunca llegó a utilizarse en una coronación —la emperatriz Eugenia no fue enaltecida—, pero su valor histórico y simbólico la sitúa junto a la corona de Luis XV y la llamada corona de Carlomagno como piezas únicas del patrimonio francés.

La imagen dio la vuelta al mundo: la corona de la emperatriz Eugenia, aplastada y deformada, hallada a los pies de la Galería de Apolo tras el espectacular asalto al Museo del Louvre del 19 de octubre de 2025. El llamado "robo del siglo", ejecutado en apenas siete minutos por un grupo que accedió en montacargas hasta la primera planta, puso en jaque la seguridad del antiguo palacio real y golpeó uno de los símbolos más delicados del Segundo Imperio francés. Apenas unos meses después de su recuperación, el museo ha anunciado que la pieza podrá ser restaurada por completo.

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