Los nuevos documentos judiciales vinculados al caso Jeffrey Epstein han vuelto a poner en jaque a las élites internacionales. También han servido para reabrir preguntas sobre los círculos de poder que rodearon al magnate estadounidense. Y, como era de esperar, en estos nuevos correos electrónicos, que han hecho correr ríos de tinta en la prensa internacional, han salpicado a algunas casas reales europeas. Algunos miembros de la realeza tan solo son nombrados, pero la mera mención de una figura institucional es suficiente para activar mecanismos de respuesta inmediata. Todo para intentar mermar el impacto reputacional que hay en todo lo que tiene que ver con el financiero.
En este escenario, la realeza belga se ha visto obligada a reaccionar tras la aparición del nombre de Paola de Bélgica en relación con un correo electrónico fechado en 2011. Según ese documento, se sugería que la monarca habría enviado "saludos" a Jeffrey Epstein desde Davos. Una afirmación que, rápidamente, ha sido rechazada por el Palacio. Así, han negado cualquier tipo de contacto entre la royal y el magnate estadounidense y han asegurado que la madre de Felipe de Bélgica nunca mantuvo relación alguna con él. Lo han desmentido a través de una declaración difundida a agencias y recogida por diversos medios internacionales.
Paola Ruffo -después, reina Paola de Bélgica- en 1960. (Cordon Press)
En el escrito deslizan que la reina Paola no se encontraba en Davos en esas fechas y que "nunca conoció personalmente a Jeffrey Epstein". Además, subrayan que las informaciones que se han publicado carecen de fundamento y que la monarca "no le envió saludos a través de Lawrence Kraus". Este comunicado no ha llegado de improviso. Normalmente, cuando surgen informaciones de este tipo, siguen estos cauces de comunicación institucional. Prueba de ello es que Mette-Marit de Noruega ha hecho lo mismo —aunque ella sí ha reconocido un vínculo puntual— para disipar las dudas y acallar los rumores.
El foco sobre la monarquía belga no se ha limitado a la reina Paola. En paralelo, el príncipe Laurent también se ha visto obligado a desmentir cualquier relación con Jeffrey Epstein después de que su nombre apareciera citado en el mismo contexto documental. Aunque el magnate, según sus palabras, sí le escribió con algunas propuestas —ninguna relacionada con el caso que le llevó a la cárcel—, el royal siempre las rechazó. En sí, el caso vuelve a demostrar hasta qué punto el apellido Epstein se ha convertido en un elemento tóxico para cualquier institución mencionada en los documentos judiciales. Incluso cuando no existe relación acreditada.
La presencia de la realeza en los correos electrónicos
La mención de la reina Paola se suma a una lista más amplia de nombres vinculados, directa o indirectamente, a los documentos judiciales del caso Epstein. Entre los más conocidos figuran el príncipe Andrés y Sarah Ferguson, cuya relación con el financiero ha sido ampliamente documentada. En otros casos, los correos electrónicos desclasificados incluyen referencias a miembros de distintas casas reales europeas, con alusiones a entornos vinculados a las monarquías sueca o danesa, sin que exista constancia de una relación personal acreditada.
Los nuevos documentos judiciales vinculados al caso Jeffrey Epstein han vuelto a poner en jaque a las élites internacionales. También han servido para reabrir preguntas sobre los círculos de poder que rodearon al magnate estadounidense. Y, como era de esperar, en estos nuevos correos electrónicos, que han hecho correr ríos de tinta en la prensa internacional, han salpicado a algunas casas reales europeas. Algunos miembros de la realeza tan solo son nombrados, pero la mera mención de una figura institucional es suficiente para activar mecanismos de respuesta inmediata. Todo para intentar mermar el impacto reputacional que hay en todo lo que tiene que ver con el financiero.