La princesa belga desaparecida que ha dado señales de vida a través de una carta 19 años después
Rompió todo vínculo con la Casa Real belga por voluntad propia, poniendo un océano de distancia. Ahora, se ha puesto en contacto con la publicación francesa 'Point de Vue' por carta
Es hermana del rey Alberto de Bélgica y de su hermano, el fallecido Balduino, al ser fruto del segundo matrimonio del rey Leopoldo III. Pero eligió el ostracismo y el anonimato, alejándose de su familia y casi renegando de sus orígenes. Ella es María Cristina, la princesa belga desaparecida que ha dado señales de vida 19 años después a través de una carta manuscrita. En ella, deja clara su intención de que siga siendo así: "Cuanto más pasa el tiempo, más me retiro de la vida social".
Son palabras que ha dirigido a la revista francesa 'Point de Vue', que no desvela la totalidad del contenido, solo unas pinceladas confirmando también que sigue viviendo en el pequeño pueblo del estado de Washington donde se instaló hace unos años. Un contacto que ha querido tener después de que la revista estuviera investigando su paradero, desconocido durante mucho tiempo.
La carta manuscrita que ha enviado a 'Point de Vue' es un mensaje claro de que sigue viva, en el anonimato y así quiere seguir. Aunque eso sí, tal y como cuenta el reportaje y podemos ver en una fotografía -que lamentablemente no podemos reproducir-, llegaba en un sobre con un membrete característico de un royal, con una corona sobre las iniciales del tratamiento Su Alteza Real en inglés y el título de princesa, a los que no ha querido renunciar a pesar de todo.
Como hija, hermana y tía de reyes, -también tía del gran duque Henri de Luxemburgo- le corresponden título y tratamientos. Otra cosa es que reniegue de ciertos miembros de su familia. La primera, su madre, Lilian de Réthy, a la que nunca se sintió unida. "Ya de niña me sentía poco querida, incluso odiada. Nunca era lo bastante buena para ella", escribió en un biografía, publicada en 2004, que supuso la ruptura total con la familia.
Las memorias narraban la violación que sufrió a manos de uno de sus primos, sin desvelar la identidad del culpable. Pero sí responsabiliza a los que, en su momento, silenciaron el delito y la trataron a ella como responsable. Es una de esas pinceladas que 'Point de Vue' sí que revela de la misiva manuscrita: "Con el caso Epstein y el movimiento #MeToo, me siento concernida. Las víctimas son tratadas como culpables", dice.
Su distanciamiento con la familia se materializa a principios de los 80, cuando sus padres la mandaron a Canadá, tras algunos años refugiándose en las fiestas y noches sin fin. Aunque ellos lo consideraban una especie de castigo, para ella fue una solución y la oportunidad de tener la vida que quería. A miles de kilómetros de palacio y de las obligaciones royal que se le suponían por ser hermana del entonces rey Balduino, empezó a disfrutar de la libertad.
Eso sí, la familia no se lo iba a poner tan fácil y amenazaron con retirarle el pasaporte para que no tuviera otra que volver a Bélgica. Su contraataque, casarse con un pianista viudo, homosexual y 13 años mayor que ella para poder obtener la ciudadanía y así permanecer legalmente en Toronto, donde vivía. Dejaba claro que no tenía ninguna intención de regresar a casa, no la sentía como suya.
De hecho, en estos más de 40 años, solo se tiene constancia de que ha vuelto a su país natal una vez. Fue en 1983, cuando falleció su padre, Leopoldo III, con el que sí tenía más vínculo. Lo hizo de forma precipitada y casi exprés, ya que ni siquiera se quedó al funeral. "Se sentía prisionera en Bélgica. Incluso desde lejos, temía que la policía la obligara a regresar", cuenta a la publicación francesa su amigo Franck Verhaeghe.
Del mismo modo, tampoco han sido muchas las apariciones públicas que ha hecho en las últimas décadas. Una de ellas, en 2001, confesando que lo hacía únicamente por motivos económicos. El siempre hecho de que ella o su marido cayeran enfermos le aterraba, ya que no tenían medios para ir al hospital, contó en ese momento.
Los hermanos de la princesa desaparecida, salvadores a pesar de la nula relación
Paradójicamente, fue su hermano mayor, el rey Alberto, el que solucionó esta situación, a pesar de que la relación entre ambos había sido prácticamente nula desde que ella tiene recuerdos. El entonces monarca no dudó en intervenir y obligar a Lilian a pasarle una asignación a su hija.
Años antes, su otro hermano mayor, el rey Balduino, también le había solucionado otra papeleta económica, al costearle el divorcio de su primer marido, lo que le permitió casarse con el francés Jean-Paul Gourgues, con quien sigue compartiendo su vida a los 75 años.
Pero la tranquilidad, económica -por una herencia que no fue precisamente pequeña- y emocional, llegó en 2002, cuando falleció su madre. No quiso falsear la situación y no asistió a un funeral en el que hubo prácticamente pleno de la familia real belga. Con Lilian de Réthy morían también los rumores que durante mucho tiempo la vincularon sentimentalmente a Balduino, su hijastro, ciertamente sórdidos y que nunca pudieron confirmarse.
"Por fin estaba tranquila", reconoció Maria Cristina en su libro de memorias, publicado dos años después. En 2007, concedió otra única entrevista para volver a ese ostracismo y anonimato elegido, a pesar de seguir siendo princesa. Fue también 'Point de Vue' el que en 2019 descubrió su paradero. Tras vivir en Toronto, residió en otras ciudades como Las Vegas y San Diego, para instalarse definitivamente en Sequim, un pequeño pueblo del estado de Washington.
Ahora, 19 años después de aquella última entrevista, la princesa desaparecida María Cristina de Bélgica ha vuelto a dar señales de vida, esta vez a través de una carta manuscrita en la que se desprende la serenidad con la que ahora vive, disfrutando de la libertad que le da no tener obligaciones royal y sin lujos, solo comodidades que se ajustan a su estatus económico.
Lo que no ha cambiado en este tiempo es que sigue sin querer saber mucho de su familia. 'Point de Vue' cuenta que el rey Alberto intentó ponerse en contacto con ella hace un año y medio, sin éxito. Más suerte parece tener su hermana María Esmeralda, otra de las hijas del rey Leopoldo, que sí conoce su vida actual y su paradero, pero siempre ha respetado su distancia y esa ruptura que quiso marcar con la familia real.
Es hermana del rey Alberto de Bélgica y de su hermano, el fallecido Balduino, al ser fruto del segundo matrimonio del rey Leopoldo III. Pero eligió el ostracismo y el anonimato, alejándose de su familia y casi renegando de sus orígenes. Ella es María Cristina, la princesa belga desaparecida que ha dado señales de vida 19 años después a través de una carta manuscrita. En ella, deja clara su intención de que siga siendo así: "Cuanto más pasa el tiempo, más me retiro de la vida social".