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CINE Y TELEVISIÓN

Ingrid Bergman: 30 años sin la otra 'divina'

De las suecas que desembarcaron en Hollywood, solo la 'divina' Greta Garbo pudo hacerle sombra. Esta semana se cumplen 30 años de la muerte de Ingrid

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    De las suecas que desembarcaron en Hollywood, solo la 'divina' Greta Garbo pudo hacerle sombra. Esta semana se cumplen 30 años de la muerte de Ingrid Bergman, una sueca corpulenta y excesivamente alta según los cánones de la época que, sin embargo,  consiguió enamorar a varias generaciones de espectadores y ganó 3 Oscars.

    Nació el mismo día en el que moriría 67 años después, un29 de agosto, en Estocolmo,  y se apuntó a clases de arte dramático para vencer su timidez. Su padre, fotógrafo de profesión, se lo dejó todo a ella para que cumpliese su sueño de ser actriz. El sueño acabño materializándose y así es como acabaría llegando a Hollywood, a finales de los años 30, donde el productor David O'Selznick le hizo unas pruebas en Tecnicolor. De esas pruebas surgió Intermezzo, película producida por el inefable Leslie Howard, el timorato Ashley de Lo que el viento se llevó. Howard, aburrido de ser Ashley, solo aceptó ser el interés amoroso de Escarlata O'Hara a cambio de que Selznick le dejase producir 'Intermezzo' y estar al lado de la guapa sueca que acababa de deslumbrar a la meca del cine.

    A partir de ese momento llegaron las películas que la harían famosa. Mientras rodaba 'Casablanca' (1942) aseguró no saber muy bien cómo interpretar el personaje de Ilsa, no saber si tenía que mirar con más amor a Paul Henreid o a Humphrey Bogart, ya que el guión no dejaba de reescribirse y aún no estaba claro si su personaje cogería o no ese avión que la alejaba de Rick. '¿Por quién doblan las campanas? (1943) o Luz que agoniza (1944) la cinta de George Cukor que le proporcionaría su primera Oscar al interpretar a una mujer torturada por su marido en la Inglaterra victoriana, la convirtieron definitivamente en una estrella. Tanto, que hasta el mismísimo Hitchcock la quiso en dos de sus películas más recordadas: Recuerda, junto a Gregory Peck, y Encadenados, junto a Cary Grant.

    Pero de los laureles y las grandes películas, la Bergman pasó al escándalo. Su romance con el director italiano Roberto Rossellini, al que había escrito una carta de admiración que la llevó a protagonizar su Stromboli', puso en pie de guerra al sector más puritano de Estados Unidos. La actriz ya estaba casada con Petter Lindström cuando se quedó embarazada de Rosselini. La iglesia luterana la criticó y llegó a recibir cartas en las que aseguraban que moriría en la hoguera como Juana de Arco, personaje que había interpretado antes de conocer al italiano y cambiar de aires. Esos aires la condujeron hacia un cine muy distinto y una nueva vida en Italia. Y es que, además de convertirla en su esposa, Rosselini la convirtió en su musa en películas extraordinarias como 'Te querré siempre' (1952)

    Con los años, llegó el divorcio de Rossellini y también el regreso a Hollywood, que se produjo con la película Anastasia (1957) por la cual ganó su segundo Oscar. Parecía que Hollywood había perdonado su 'pecado'. Al contrario que otras actrices, condenadas a envejecer y a conseguir, por tanto, papeles grotescos en películas de serie B (ahí están Bette Davis y Joan Crawford para demostrarlo) Bergman ganó prestancia con la madurez. Y nadie supo retratarlo mejor que el otro Bergman del cine, Ingmar. En su Sonata de otoño,  realizada en 1978, Ingrid Bergman interpretó a una madre castradora y fría como el hielo, una pianista que ha torturado a su hija por el simple hecho de considerarla inferior a su genio artístico. Tal fue su genio que hasta Almodóvar homenajeó el personaje a través de Marisa Paredes en Tacones Lejanos

    Un día de finales de agosto de 1982, el cáncer se la llevó para siempre. En las tres décadas que han transcurrido, su talento como actriz sigue fresco en los rollos de película que lo captaron. Hasta el American Film Institute la eligió la cuarta estrella femenina más importante de la historia del cine, por encima de Audreys, Marilyns, y por encima de su compatriota, la 'divina' Garbo. Si Bogart dijo aquello de "Siempre nos quedará Paris" en Casablanca, hoy se podría decir que 'Siempre nos quedará Ingrid Bergman'.

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