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'vanitatis' celebra el día de difuntos

Hollywood fantasma: las estrellas que asustan desde el más allá

Cantaba Mecano que los muertos lo pasan muy bien entre “flores de colores”. La canción no tendría demasiado sentido en la meca del cine

Foto: Marilyn Monroe, Jean Harlow y Rodolfo Valentino
Marilyn Monroe, Jean Harlow y Rodolfo Valentino

Cantaba Mecano que los muertos lo pasan muy bien entre “flores de colores”. La canción, uno de los emblemas de la música pop de los 80, no tendría demasiado sentido en la meca del cine. Desde que se llamaba Hollywoodland, allá por los años 20, la ciudad del artificio siempre fue el escenario de múltiples tragedias. Tan sonadas y epatantes fueron algunas que, cuentan allí, todavía tienen eco en forma de apariciones y fenómenos sobrenaturales. En pleno fin de semana de Halloween recuperamos algunas de las historias que causan más pavor en Los Ángeles, esa moderna Sodoma y Gomorra (como la llamaron muchos) que ya da miedo por sí misma.

Marilyn Monroe en una imagen de 1962 (Gtres)
Marilyn Monroe en una imagen de 1962 (Gtres)

Marilyn Monroe y un espejo

La rubia inmortal del siglo XX acabó sus días en la tierra el 5 de agosto de 1962 a causa de una sobredosis de somníferos. Muchos dijeron que la estrella de La tentación vive arriba, que fue hallada muerta en su cama, boca abajo y al lado de un frasco de pastillas, había sido la víctima de un complot de los Kennedy para acabar con ella. Otros tantos se creyeron a pies juntillas la teoría más probable, la del suicidio. El caso es que su muerte sigue siendo motivo de debate, su rostro sigue protagonizando merchandising de dudoso gusto y hay gente que asegura que su alma sigue vagando por el famoso Hotel Roosevelt de Los Ángeles. El espejo de la habitación 229 es el lugar en el que muchos huéspedes dicen haber visto al mito más grande del cine.

El coche maldito de James Dean

James Dean en 'Rebelde sin Causa' (Gtres)
James Dean en 'Rebelde sin Causa' (Gtres)

Tras la muerte del protagonista de Rebelde sin causa, un restaurador llamado George Barris decidió comprar el porsche en el que se había estrellado contra un árbol un mes de septiembre de 1955. El precio, hoy irrisorio dada la estatura mítica de la estrella, fue de 2.500 dólares. A partir de la compra empezó a notar que el automóvil iba unido a una constatable mala suerte. Por ejemplo, un día, en pleno arreglo del mismo, las cuerdas que lo sujetaban cedieron y acabaron aplastando las piernas del operario que lo manejaba con una grúa. En otra ocasión, cuando estaba expuesto en un museo, el coche se cayó del expositor y le rompió la cadera a un visitante. Además, parece que la maldición era inherente a todas y cada una de sus piezas ya que, en otra ocasión, dos de sus neumáticos fueron a parar a un coche de competición. En plena carrera reventaron y el automóvil que los alojaba se estrelló dejando al piloto en coma. Cuando Dean perdió la vida con apenas 24 años, jamás habría imaginado que aquel coche se convertiría en un emblema de la mala suerte.

La misteriosa mujer que visita la tumba de Rodolfo Valentino:

Con apenas 31 años, el primer sex symbol que despertó pasiones entre las adolescentes, falleció a causa de una inesperada peritonitis. Aparte de provocar suicidios y estados de shock generalizados, la tumba del actor se llenó de visitantes anónimos. Una de ellas, vestida de negro y con un ramo de flores, llamó la atención de aquellos que paseaban por el cementerio en años sucesivos. Algunos aseguran que es Ditra Flame, una joven enferma a la que el propio Valentino había apoyado para que superase su enfermedad. Sin embargo, Flame pasó a mejor vida en 1984, por lo cual es bastante raro que varias personas sigan viendo a una señora vestida de luto llorando amargamente por el galán protagonista de El hijo del Caíd.

Una de las imágenes de Paul Bern y Jean Harlow
Una de las imágenes de Paul Bern y Jean Harlow

La casa en la que vivieron Jean Harlow y su marido suicida

Una de las muertes más trágicas de la meca del cine fue la del productor Paul Bern, marido de la actriz Jean Harlow, en 1932. La rubia platino más famosa antes de la llegada de Marilyn lloró amargamente el suicidio de su marido, envuelto en el misterio y las especulaciones, sobre todo después de que los magnates del cine como Louis B. Mayer y David O’Selznick acudiesen a la mansión que la pareja habitaba en Benedict Canyon antes que la propia policía para ver la nota de suicidio en la que Bern parecía asumir su impotencia sexual. Dicen las malas lenguas que lo hicieron para ocultar pruebas que podrían haber destruido a Harlow. Además, el asesinato  también se barajó, ya que la cocinera llegó a afirmar que había visto a una misteriosa mujer merodeando la casa justo en la tarde en la que todo ocurrió.

Quizá por eso, los vecinos del lugar afirman que su fantasma sigue vagando por la mansión, marcada por la desgracia. Desde la muerte del productor, dos personas murieron en la piscina del lugar. Además, cuando la casa fue propiedad de un estilista de estrellas en los años 60, una de sus invitadas, la emblemática Sharon Tate (que moriría poco después a manos de la secta de Charles Manson) aseguró ver a un ‘hombrecillo espeluznante” y, huyendo de él en plena noche, acabó contemplando otra figura aún más aterradora: la de otro señor atado a la barandilla de las escaleras con la garganta cortada. Los ecos de la tragedia que acabó con la vida de Bern fueron breves para Harlow ya que la protagonista de Cena a las ocho murió con apenas 26 años en 1937.

Mary Pickford y Douglas Fairbanks en la piscina de 'Pickfair'
Mary Pickford y Douglas Fairbanks en la piscina de 'Pickfair'

Las apariciones de Mary Pickford con un camisón blanco

Mary Pickford y Douglas Fairbanks fueron la pareja más famosa del cine mudo. Ella era la novia de América y él el ídolo matinée de multitud de cintas de aventuras. Como marido y mujer, eran la pareja más envidiada de Estados Unidos y su mansión, Pickfair, fue la primera residencia de famosos conocida en todo el mundo. Por su enorme piscina privada, de la que se llegaron a pintar cuadros al óleo, pasaron desde la aviadora Amelia Earhart a Scott Fitzgerald. La actriz reformó la casa en varias ocasiones y muchos de sus incontables invitados repararon en la bipolaridad y los extraños comportamientos de la dueña cada vez que la visitaban. Pickford murió de vieja en 1979 y, desde entonces, muchos de los que han tenido que pasar la noche en la enorme mansión, cuyo lujo sigue impresionando hoy día pese a haber cambiado sustancialmente, aseguran haber visto a una señora vestida de blanco por sus espaciosos pasillos. Una prueba más de que los mejores guiones de Hollywood se encuentran en su propia historia. 

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