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uno de los grandes mitos de hollywood

Greta Garbo: 25 años sin la diva sueca que mejor huyó de los paparazzi

Con una melena larga y canosa y unas enormes gafas de sol, la actriz paseaba discretamente por la calle. Se retiró con 36 años y nunca dejó de pronunciar su famoso 'I want to be alone'

Foto: Greta Garbo posando para MGM
Greta Garbo posando para MGM

Quinta Avenida. Una tarde cualquiera de la década de los 80. Los paparazzi que trabajan en la ciudad preparan sus escondrijos para fotografiar a la leyenda del cine más esquiva: Greta Garbo. Con una melena larga y canosa y unas enormes gafas de sol, la actriz pasea discretamente por la calle. Nadie imagina que, tras esa imagen, se esconde una de las grandes divas de la historia del cine, la sueca que llegó regordeta y provinciana al Hollywood de 1925 y se retiró del cine a los 36 años, apenas dieciséis años más tarde, convertida en una diosa inmortal. Su celebérrimo "I want to be alone" nunca tuvo tanto sentido como entonces.

La vida de la Garbo, eternamente llamada la ‘esfinge sueca’, posterior a su carrera cinematográfica, estuvo caracterizada por un hermetismo que, paradójicamente, acabaría por reforzar su leyenda. Distante en pantalla pese al carácter apasionado de muchos de sus personajes románticos, trató con la misma frialdad a la prensa posteriormente, negándose a conceder entrevistas y huyendo lo más lejos posible de su propio mito. En 1954, por ejemplo, se negó a ir a recoger el Oscar honorífico que le concedió la Academia de Hollywood después de haberla nominado varias veces sin resultar premiada.

Greta Garbo en una foto publicitaria de MGM
Greta Garbo en una foto publicitaria de MGM

Cuando se cruzaba con los fotógrafos, a la carrera y en mitad de aeropuertos o ciudades europeas, las gafas de sol y el mutismo eran su única respuesta. Los paparazzi no descansaban ni a sol ni sombra con tal de captar imágenes de ella en su madurez,con tal de atrapar el envejecimiento de una de las caras más reconocibles de la historia; cual Mona Lisa cinematográfica. Greta, que había sido considerada la bella entre las bellas, con un rostro marcado por su perfección desde cualquier ángulo, era escrutada por la prensa mientras se disparaba la rumorología sobre su vida privada.

Por una parte estaban las habladurías de su amistad con la poetisa Mercedes de Acosta, una de las pocas que tuvo la suerte de conocerla a fondo siempre que ella se lo permitió. Se habían conocido en 1931, cuando Garbo acababa de finiquitar su relación con su partenaire de la pantalla, John Gilbert. La diva sueca mantuvo su contacto con ella en secreto y se veían en lugares recónditos y en vacaciones pactadas. El objetivo de tanto secretismo era que la prensa jamás tuviese la osadía de molestarlas.

Aunque es bien sabido que de Acosta le envió a la diva cartas de amor hasta mediados de los años 40, con el paso de los años se ha puesto en tela de juicio que ella correspondiese alguna vez esos sentimientos. Sin embargo, la prensa siempre dio por cierta la bisexualidad de la actriz.

Greta Garbo posando para el departamento publicitario de MGM
Greta Garbo posando para el departamento publicitario de MGM

Imposible de fotografiar

Enferma de diabetes, aficionada a navegar en el barco del mismísimo Onassis, siempre recluida en su apartamento de Nueva York, no era tarea fácil realizar fotografías a la que antaño fuese la Ana Karenina o la Reina Cristina de Suecia de la gran pantalla. Los que tenían la suerte de compartir su amistad aseguraban que jamás se vanagloriaba de sus días en Hollywood y mucho menos se arrepentía de haberse retirado a los 36, justo después de protagonizar La mujer de las dos caras, un fracaso en toda regla; la película que intentó quitarle su misticismo y ‘americanizarla’ con el fin de hacerla más accesible y más comercial para el norteamericano medio.

Fue difícil conocer romance alguno o detalle fidedigno de su periplo vital una vez que dejó el cine. En 1976 la revista People publicó imágenes suyas nadando desnuda. Habían sido captadas por teleobjetivo y le molestaron tanto como cuando el diseñador Cecil Beaton la mencionó en sus memorias y contó detalles de su amistad con ella. Le molestó tanto que nunca volvió a hablarle.

Una Greta Garbo anciana y perseguida por los paparazzi
Una Greta Garbo anciana y perseguida por los paparazzi

«Mi vida ha sido una travesía de escondites, puertas traseras, ascensores secretos, y todas las posibles maneras de pasar desapercibida para no ser molestada por nadie», llegó a decir en una ocasión.

La diabetes y una neumonía acabarían con su vida un 15 de abril de 1990. La muerte silenció para siempre a la ‘Divina’, que se fue de este mundo tal y como había pasado por él, siendo el mejor ejemplo de que la curiosidad de los demás siempre será mayor cuanto más te ocultes de ellos. Fue esa curiosidad, unida a su magnetismo, fotogenia y magníficas interpretaciones, la que la convirtió en una leyenda del siglo XX: la que rió a carcajadas gracias a Lubistch, la que puso 'cara de nada' al final de su Reina Cristina, la que habló en Anna Christie. El tiempo, juez imperecedero, ha demostrado que su mito  seguirá siendo el mismo en el XXI.

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