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20 años sin la compañera de baile de fred astaire

Lela, la madre ‘lapa’ de Ginger Rogers

El binomio que formó junto a su progenitora, capaz de cuestionar sus matrimonios, controlar sus películas e incluso impulsar sus contratos, fue sonado en el Hollywood clásico

Foto: Lela y su hija al principio de su carrera
Lela y su hija al principio de su carrera

‘No sin mi madre’. Esa sería la frase que pronunciaría una y mil veces Ginger Rogers, la eterna compañera de baile de Fred Astaire, la actriz rubia hecha a sí misma de la que hace apenas unos días se cumplieron veinte años de su fallecimiento. El binomio que formó junto a su progenitora, capaz de cuestionar sus matrimonios, controlar sus películas e incluso impulsar sus contratos, fue sonado en un Hollywood que presumía de conservadurismo y valores morales pero que, sin embargo, solía cruzar la fina línea que separa lo familiar de Sodoma y Gomorra.

Más allá de la fama de su hija, Lela Leibrand fue todo un personaje por méritos propios. Mujer profundamente creyente y religiosa, plantó cara a su marido cuando se divorció en 1915 y se quedó con la custodia de Ginger. La crianza de su hija en solitario no le impidió formar parte del primer grupo de marines femeninos de la historia de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial. Los avatares de la vida la acabaron llevando a Hollywood para ejercer como guionista y fue entonces cuando Charles Kermer la contrató como asistente. Durante aquellos años, tuvo que dejar a su propia hija al cuidado de los abuelos, pero la Ginger adulta nunca pareció guardarle rencor por ello.

Ginger Rogers y Fred Astaire, una pareja mítica en 'Sigamos la flota' (Gtres)
Ginger Rogers y Fred Astaire, una pareja mítica en 'Sigamos la flota' (Gtres)

Consciente del talento de la joven como bailarina y actriz, no dudó en promover su contratación y, desde entonces, se convirtió en su ángel custodio, una guardiana vital y profesional que Ginger aceptaba sin titubeos. En una escena de El Aviador, de Martin Scorsese, una escena se convierte en el ejemplo perfecto de ese binomio madre hija cuando aparecen ambos personajes compartiendo mesa y filtreos con Howard Hughes, interpretado por un neurótico Leonardo DiCaprio.

Anticomunista y madre superprotectora

Ginger Rogers cantando 'We're in the money' en 'Vampiresas 1933' (Gtres)
Ginger Rogers cantando 'We're in the money' en 'Vampiresas 1933' (Gtres)

No había momento de la vida profesional y personal de Ginger Rogers que no fuese controlado por Lela. Ella fue la que la animó a librarse del sambenito de ser la compañera sexy de los bailes de Fred Astaire para que exigiese a la RKO papeles dramáticos de mayor enjundia. Como resultado del consejo, Ginger obtuvo un Oscar por su papel en Espejismo de Amor, rodada en 1940.Y aunque no pudo evitar que tuviese cinco maridos, sí que le echó un cable durante la controvertida Caza de Brujas del senador McCarthy, a finales de los años 40.

Con medio Hollywood delatando el comunismo del otro medio, Lela libró de cualquier sospecha a su hija cuando declaró que su ‘retoño’ había insistido en no pronunciar la frase: “Compartid y compartid, eso es democracia” que recitaba su personaje en la película Tender Comrade (1944). No sólo la sacó del apuro sino que confirmó su conservadurismo, ya que se dirigió a los comunistas con un expresivo: “Todos vosotros deberíais ir a la silla eléctrica”. El director Joseph Losey, uno de los directores que vivieron la maldición de ser incluidos en la lista negra, aseguró que Ginger Rogers era “una de las peores y más terroríficas reaccionarias de Hollywood” sin tener en cuenta que, probablemente, la influencia materna había sido la mayor responsable del proceder político de la actriz.

Muchos encuentran una explicación lógica en la relación posesiva de Lela con respecto a su hija: sólo se casó dos veces y la segunda, con John Logan Rogers, del que Ginger adoptaría el apellido, sólo duró hasta 1930. Haciendo números y teniendo en cuenta que murió en 1977, la mayor parte de su vida fue soltera y estuvo dedicada a los menesteres de una hija que siempre estuvo encantada con la situación.

Cuando Lela falleció, Ginger aseguró que recordaba aquellos tiempos en los que las dos viajaban por el país y no tenían “ni para comer”. Una frase que quizá contiene los matices y la gran verdad acerca de una relación que fue mucho más allá de la clásica entre madre y artista; que descolocó a un Hollywood en el que el escándalo era mucho más común que el amantísimo amor maternal.

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