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la última diva de hollywood

Cinco años sin Elizabeth Taylor, los ojos violeta que visitaron España dos veces

Fallecida un 23 de marzo de 2011, la actriz tuvo una relación de afecto con España pese a que una vez fue abucheada por los periodistas por llegar tarde a la alfombra roja de San Sebastián

Foto: Elizabeth Taylor junto al príncipe Felipe
Elizabeth Taylor junto al príncipe Felipe

La eterna luz de unos ojos violeta que se apagaron hace un lustro. Aunque la sobreviviesen Maureen O'Hara u Olivia de Havilland (aún con nosotros a sus 99 años), la dueña de una de las miradas más famosas del mundo, Elizabeth Taylor, fue algo así como la última gran diva del Hollywood dorado. Fallecida un 23 de marzo de 2011, la niña prodigio que pasó de acariciar a la perra Lassie en las películas de la Metro de los 40 a ser la Cleopatra cinematográfica de los 60 en el mayor descalabro económico de un estudio de cine, tuvo una relación de afecto con España. Aunque su presencia en nuestro país nunca fue la de otras estrellas, como Errol Flynn o Ava Gardner, sus momentos en España dieron para varias anécdotas dignas de ser recordadas.

La primera vez que Liz pisó nuestro país ya no era la gran estrella de la década de los 50 y los 60. Habían pasado las glorias de 'Gigante' (1956) o 'La gata sobre el tejado de zinc' (1958) y la Taylor aterrizaba algo alicaída en San Sebastián para acudir a la 21 edición del festival, que tuvo lugar en 1973. La actriz acudía para presentar una cinta de bajo perfil, 'Una historia en la noche'. Su aspecto era tristón porque, además de que su carrera ya no era lo que una vez había sido, también acababa de finalizar su primer matrimonio (hubo dos) con Richard Burton, al que había conocido en el set de 'Cleopatra' y con el que vivió una relación de amor-odio digna de varias novelas 'rosas'. Liz perdió su equipaje al llegar al aeropuerto de Hondarribia, según contaba Luis Gasca, el secretario del festival cinematográfico en aquella época, y a partir de ahí todo fueron contratiempos. Para arreglarse y con su ropa aún perdida, la estrella pidió un espejo de tres cuerpos que no había en San Sebastián. Al recuperar su equipaje en el último momento llegó tarde a la proyección de la película.

Cuando puso un pie en la alfombra roja del teatro Victoria Eugenia, los abucheos de los fotógrafos y periodistas fueron generalizados. “Entiendo perfectamente lo que me gritan, pero lo que quedará para la posteridad será mi sonrisa”, dijo ella. Tras la proyección de la cinta, que no brillaba precisamente por su calidad, hubo aplausos para Taylor, que tardaría casi dos décadas en volver a España, cuando le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias en 1992. En aquellos momentos la estrella se había reinventado: ya no le importaba que hablasen de su rosario de matrimonios (llevaba cinco), de sus ostentosas joyas o de su amistad con Michael Jackson. El galardón le era concedido por ser la embajadora de la Fundación Americana para la investigación del sida.

Cinco años sin Elizabeth Taylor, los ojos violeta que visitaron España dos veces

Una reina del cine y un Príncipe de Asturias

Con esos peinados cardados que caracterizaron sus últimos años de vida, la Taylor apareció en el teatro Campoamor de Oviedo del brazo del mismísimo Nelson Mandela, que también era premiado aquella noche. Vestida con un riguroso negro durante la ceremonia, parecía algo nerviosa cuando comenzó su discurso, que hizo referencia al quinto centenario del descubrimiento de América, uno de los emblemas de aquel 1992 en nuestro país. “En este año en el que se conmemora la hazaña de un marino italiano que navegó bajo bandera española, el simbolismo de mi viaje a España no podría ser más hermoso (…) También yo llego hoy a España con el corazón lleno de esperanza y la ilusión de descubrir asimismo un mundo nuevo”, dijo ante las decenas de asistentes.

(Web del festival)
(Web del festival)

Al entonces jovencísimo príncipe Felipe le tocó acompañarla durante su recorrido por Oviedo. Los antojos de estrella de Liz se habían taimado. Que se sepa, ni un solo medio publicó nada sobre espejos de tres hojas o cualquier tipo de exigencia de la actriz en tierras asturianas. Su estancia fue breve y agradable. En su madurez, la reina de Hollywood seguía luciendo joyas, pero se había convertido en un adalid de la solidaridad y era mucho más sensible a cualquier tipo de desgracia. Todavía son recordadas sus emocionantes palabras y sus lágrimas cuando habló de la muerte de Diana de Gales en televisión. Frágil de salud, ya había sido operada de una traqueotomía durante el rodaje de 'Cleopatra'. Con los años, esos problemas se multiplicarían con un tumor cerebral operable y varios problemas de movilidad que hicieron demasiado frecuentes sus visitas al hospital.

Cuando murió a los 79 años, sus continuos desafíos a la muerte habían hecho que tuviese bien atado cómo iba a ser su funeral. La tumba, digna de cualquier monarca, fue elegida por ella misma y estaba hecha en madera de caoba y forrada de un llamativo terciopelo rojo. Pero lo más llamativo fue su petición expresa de que el funeral se retrasase quince minutos. Según comentaban los que la conocieron, pretendía llegar tarde a su propio entierro. Una muestra de que las verdaderas estrellas siempre lo son hasta el final.

 

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